Espacios del Club de Periodistas

El papel como vehículo de cultura

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Por mera conservación de la salud mental, siempre resulta recomendable escapar de la deprimente rutina que nos imponen la barbarie y la conflictividad política sin solución de continuidad, y encontrar en la temática de todos los días un aliento cultural.

Quienes nos iniciamos en el oficio periodístico en el denominado “sistema caliente” y construimos una trayectoria en el empleo del papel y la tinta, somos rehenes de la pregunta sobre si habrá vida después de la era digital.

La coactiva e incesante publicidad de las corporaciones trasnacionales dedicadas a la producción de ingenios electrónicos nos anuncia como destino manifiesto que el periodismo impreso ha concluido su largo e influyente ciclo, y quien no domine la cibernética está condenado a ser parte del inventario del parque jurásico.

En efecto, históricas instituciones que -sobre todo en los Estados Unidos- dominaron el mercado periodístico, deciden su desaparición, por incosteabilidad, o buscan su supervivencia en la Internet.

La causa más recurrente de ese fenómeno, sin embargo, se explica por la pérdida de anunciantes que se traduce en la reducción de la facturación contra costos fiscales y laborales crecientes.

De ello se colige que esas empresas asumen la retirada o el ajuste financiero y técnico por motivaciones estrictamente mercantiles. Las que entienden el periodismo como un compromiso con la sociedad, buscan y encuentran opciones de sobrevivencia en algunos casos heroicas.

Libro impreso supera ofertas electrónicas

El tema nos lo inspira la noticia de que, precisamente en los Estados Unidos, el papel está volviendo por sus fueros, que se creían caducados, y vuelve a la competencia, con creces, sobre la producción electrónica.

Es el caso de la industria editorial especializada en el libro. En 2014 el formato de libro en papel se sobrepuso al electrónico y conservó la tendencia en 2015.

En ese periodo, la producción anual de libros impresos en papel alcanzó la suma de 557 millones de ejemplares de tapa blanda vendidos, generando ingresos a sus editores y distribuidores por 27 mil 700 millones de dólares.

Los estimulantes datos que aporta en su balance la Asociación de Editores Estadunidenses (AAP, por sus siglas en inglés) indica que uno de los soportes  del mercado radica básicamente en el sector de la población adulta, que incluso hacer valer su preferencia por los libros para colorear.

Ese indicador nos confirma que el lector que necesita y gusta de leer-leer encuentra en el papel el material más apropiado a sus requerimientos, por encima de la oferta electrónica fundada en el supuesto de que el hombre moderno dispone cada vez de un tiempo más limitado para aplicarse a la lectura particularmente de los diarios, cuya dinámica noticiosa se cree desplazada por medios alternativos que ofrecen sucesos e información “en tiempo real”.

Alienta ese tipo de procesos por el valor que tiene el libro como una de las expresiones más libres y arraigadas del desarrollo cultural, cualesquiera que sean las materias que se ofrezcan al lector.

La asociación de ideas que tiene en su centro de gravedad la función del papel, nos anima a esperar que periódicos y revistas impresos en México sigan gozando de cabal salud en un ambiente en que los demonios que conspiran contra el Derecho a la Información y la Libertad de Expresión, exacerban sus instintos contra los oficiantes del oficio periodístico que, sin embargo, se crecen al castigo y resisten la amenaza. Es cuanto.


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