Espacios del Club de Periodistas

Hasta las sillas de ruedas crujen

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Con persistente frecuencia, agudos ingenios del humorismo mexicano caricaturizan a los decrépitos dirigentes charros del sindicalismo domesticado, tratando de escapar de sus tumbas.

No es para tanto. Son más neutras, pero eficaces, las lentes de los fotógrafos y camarógrafos de la televisión,  que en cada ocasión de la agenda presidencial o de lo que queda del priismo, retratan a esos personajes montados a hombros de sus guaruras para encaramarse con todo y silla de ruedas a las tribunas respectivas sólo para dejar constancias de que aún respiran.

Esas almas viejas parecen atrapadas en el remordimiento de clase y hace algunos días quedito -como para que no se escuche en Los Pinos- manifestaron su preocupación por la inmovilidad salarial que desde hace tres décadas tiene en cueros a la clase trabajadora.

No se sabe si por los devastadores resultados de las elecciones del pasado 5 de junio que dejaron en la lona al PRI o porque el líder de la burocracia federal, Joel Ayala cuenta el dinero delante de los infelices, anunciando periódicamente nuevos incrementos salariales para su rebaño, pero la CTM reveló que negocia con al menos dos secretarios encargados de despacho la revisión de los salarios contractuales de los obreros, independientemente de los irrisorios aumentos anuales a los mínimos.

Discreta esa gestión, el plazo para obtener esa prestación, si se lograra, sería de mediano a largo.

Lo que en el trasfondo de ese anuncio se percibe, es que en el renglón de remuneraciones al trabajo, la Reforma Laboral tan bien aceptada y aplaudida por las centrales oficialistas, está quedando a deber. Y ya viene una segunda generación de reformas, según iniciativas peñistas enviadas al Congreso de la Unión.

Los evaluadores se sublevan

Reforma laboral, como la Reforma Educativa. De repente, el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) encuentra que la metodología para ese proceso aplicada por el secretario Aurelio Nuño Mayer deja mucho que desear y demanda su revisión “para perfeccionarla”. Y ya son dos.

La última carcajada de la cumbancha la percutió el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que expresó públicamente su reprobación al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) por haber cambiado arbitrariamente la metodología para medir las condiciones socioeconómicas de los mexicanos.

Al margen de los brillosos afeites dados al reciente reporte sobre el reparto del ingreso en México, lo que Coneval cuestiona es que el Inegi pisoteó  la Ley General de Desarrollo Social que le asigna (al Coneval) las facultades para establecer los criterios de ponderación de la distribución del ingreso nacional.

El 26 de julio; esto es dentro de ocho días, Coneval presentará su propio reporte, de donde se sabrá si los dos millones de nuevos miserables generados por el actual gobierno se hicieron menos o se hicieron más. De lo que se podrá deducir también el éxito o el fracaso de la Cruzada Nacional contra el Hambre.

Como que la dirección de la orquesta está desafinando y la armonía del concierto mediático está trastornando el coro de ángeles. Suele ocurrir.


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