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Los chicos de la Ibero

Los chicos de la Ibero

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Una línea de investigación que no ha seguido la Policía Internacional (Interpol) en el caso del esférico veracruzano prófugo Javier Duarte de Ochoa, es la siguiente:

¿Qué tal si -como lo hizo el bíblico Noé-, avistando el diluvio, Duarte de Ochoa construyó una replica de las carabelas de Cristóbal Colón y sobre ella habita, salvo que haya engullido la nave El Triángulo de las Bermudas?

Lo sugerimos, porque Duarte de Ochoa al parecer tiene vocación hispánica.

Ilustremos esa sospecha: Por la Universidad de Madrid (conocida coloquialmente como Complutense) pasaron genios humanistas como Antonio Machado, Federico García Lorca, Manuel Azaña, Miguel de Unamuno, José Ortega Gasset, etcétera.

Por los corredores de tan prestigiado plantel, paseó Duarte de Ochoa. Pero todo indica que no le gustaron los anteriores dignos prototipos.

Según confesó Duarte de Ochoa en 2010, en Veracruz, a punto de ser gobernador, su ídolo es El generalísimo Francisco Franco Bahamonde, el golpista que en 1936 se pronunció contra la Republica Española y sobre sus ruinas levantó una feroz dictadura, que se prolongó hasta su muerte en 1975: “Era un hombre recio, de una sola pieza”.

Casó Franco con María del Carmen Polo y Martínez-Valdés, quien se hizo llamar La Grande de España. En el llano y aún en el Palacio de El Pardo se le conoció más bien como La collares, por su adicción a las joyas y  alhajas.

Cuenta la leyenda que las damas invitadas a los eventos palaciegos temían llevar esas lujosas prendas, para no despertar el apetito de doña María del Carmen.

Por la Universidad Complutense pasó también Karine Macías Tubilla. Es la esposa de Javier Duarte de Ochoa. Recientemente, se difundió su diario en el que escribió que nació predestinada a la abundancia. Como La Grande de España. Dios las hace y ellas se juntan.

Al principio fue La Santidad

El siguiente acto de esta trama nos remite de nuevo a Francisco Franco. Durante su dictadura, alcanzó su más elevada curva el auge del Opus Dei (Obra de Dios). Su fundador -2 de octubre no se olvida, pero de 1928- fue Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás. En su guía, El camino, postulaba la virtud universal de La santidad.

A finales de la década de los cuarenta, Escrivá de Balaguer lanzó  al Opus Dei a la conquista de América. En su primera visita a América, en México sentó las bases de la Universidad Panamericana (UP), de la que es egresado Enrique Peña Nieto.

El Opus Dei extendió su división educativa en México con la creación del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (Ipade). Por este establecimiento Javier Duarte de Ochoa recibió constancia de diplomado. Un ex gobernador del Estado de México y aspirante presidencial en 1987 –El hermano que nunca tuve-, también se diplomó en ese instituto.

La antípoda Opus Dei-Compañía de Jesús

Antes de sus posgrados, sin embargo, Javier Duarte de Ochoa acreditó su licenciatura en Derecho por la Universidad Iberoamericana (UIA), de gestión académica y administrativa a cargo de la Compañía de Jesús.

La Compañía de Jesús estuvo largo periodo bajo el mando del sacerdote español Pedro Arrupe, bautizado por sus detractores como El Papa Negro.

Durante el papado de Juan Pablo II, en la Santa Sede se desarrolló una encarnizada pugna por los favores pontificios entre el Opus Dei y la Compañía de Jesús. Al morir Arrupe en 1991, Escrivá de Balaguer impuso su predominio. Éste, que había logrado títulos nobiliarios de Francisco Franco, terminó canonizado.

El punto es este: ¿Cómo se concilian en  Javier Duarte de Ochoa dos doctrinas tan violentamente opuestas, la opusdeista y la jesuítica en un Estado laico? Ni en el diván del siquiatra. De ahí las consecuencias.

Los “compañeros de banca” de banca de Duarte de Ochoa

El tercer acto de esta trama tiene conexión con la contraposición Opus Dei-Compañía de Jesús.

Con independencia de la carrera escogida, semestres más, semestres menos, en las aulas de la Universidad Iberoamericana coincidieron Javier Duarte de Ochoa y al menos ahora tres colaboradores prominentes en la Oficina de la Presidencia, cuyo jefe es Peña Nieto, egresado de la Universidad Panamericana.

Uno de aquellos condiscípulos en el campus iberoamericano que estarían cercanos a  Duarte de Ochoa, fue el ahora secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, no por accidente jefe de la Oficina de Presidencia al arrancar el sexenio.

Dicho sea de paso, por La Ibero resultó destripado Vicente Fox. Pero esta es otra historia.

El uso del monopolio legítimo de la fuerza del Estado

El hilo conductor de esta narrativa nos remite a este hecho: El estudiante de La Ibero  Javier Duarte de Ochoa, con los tres conspicuos inquilinos de Los Pinos, fueron conocidos por su inclinación a la defensa de la tesis sobre el uso del “legítimo monopolio de la Fuerza del Estado”.

Evidentemente, Javier Duarte de Ochoa fue un adelantado en la aplicación de dicha tesis. Lo demostró durante su aciago sexenio, en el que uno de sus blancos favoritos fueron los periodistas incómodos.

Los caminos de Dios son inescrutables

Desde lo alto, Duarte de Ochoa fue consagrado como uno de los orgullos del nuevo priismo.

Será por eso que -blindado por la virtud de santidad legada por Josemaría Escrivá de Balaguer-, Duarte de Ochoa pudo recorrer impune su sexenio, hasta que el 12 de octubre, Día de la raza, pidió licencia a la gubernatura para embarcarse en la réplica de una de las carabelas de Cristóbal Colón (¿la Santa María?), de cuyo paradero  hasta la fecha la Interpol no tiene noticias.

El camino, es la obra doctrinal cumbre del fundador del Opus Dei. Los caminos de Dios son inescrutables. No cualquier sabueso policiaco puede descifrarlos,  transitarlos y dar con la presa. Es cuanto.


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