Los guardianes de la libertad

Los guardianes de la libertad

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

 

La  mejor prueba de que México no vale para ningún propósito (al interés imperial), es el hecho de que no hemos anexado parte de ese país desde el tratado…”. (El Tratado de Guadalupe Hidalgo, de 1848, por el que los gringos se agandallaron de la mitad del territorio mexicano en la conocida guerra de despojo.) Los paréntesis son nuestros.

Esas despectivas líneas son parte de un editorial publicado en 1898 por The New York Times a propósito de un diferendo diplomático provocado por una crítica de ciudadano estadunidense residente en México contra Porfirio Díaz, quien ordenó proceder contra dicho periodista.

Stephen Grover Cleveland exigió al dictador mexicano garantía de protección a los intereses de sus connacionales. El sucesor de Cleveland, William Mc Kiney, apagó la chinampina e incluso otorgó a México el reconocimiento de la primera Embajada latinoamericana en Washington.

En enero de 2015, fue noticia que el magnate mexicano Carlos Slim Helú se había convertido en el mayor accionista de The New York Times. Lo mismo da: Su hostilidad editorial contra México es la misma que la de hace 119 años.

El Maine y la inauguración de la diplomacia de las cañoneras

El anterior es sólo un entremés de nuestra entrega de hoy. Retornamos 1898. Por aquellos meses, Washington envío a La Habana, Cuba, uno de sus primeros buques de guerra: El USS Maine ACR-1, unidad que duró casi diez años en construcción. Para cuando fue botado, se le consideraba técnicamente obsoleto.

La nave, fondeada en el puerto cubano, estalló. Hasta la fecha, todavía no es esclarecida la hipótesis de que el incendio pudo haber sido maquinado por la propia tripulación estadunidense.

No terminaba de controlarse el incendio naval, cuando la Casa Blanca declaró la guerra contra España, a cuyos connacionales radicados en La Habana se culpó del atentado.

Empezaba a hablarse entonces de La diplomacia de las cañoneras de Washington. Determinados medios norteamericanos desencadenaron una ola de patrioterismo para tratar de justificar ese tipo de diplomacia.

Memoria de El ciudadano Kane

Uno de los empresarios editoriales de esa época, de los que pusieron en boga el periodismo amarillista, fue William Randolph Hearst.

El magnate norteamericano llegó a ser el latifundista extranjero número 1 en Chihuahua. Después de haberse serenado relativamente la relación bilateral México-Estados Unidos por la ocupación armada del puerto de Veracruz por tropas navales el 21 de abril de 1914, Hearts porfió en la guerra contra nuestro país hacia los años veinte.

Orson Wells inmortalizó a ese cínico personaje en El Ciudadano Kane.

No son meras alegorías ociosas este ejercicio periodístico. El referente es el incendio del Maine como coartada de Washington para desatar la guerra contra Estados extranjeros.

El entramado que “defiende” la Libertad de Prensa

En algunas charlas con estudiantes de Comunicación que suelen visitarnos, recomendamos como opción de consulta obligada para su formación profesional y ética,  la obra de Noam Chomsky y Edward S. Herman, Los Guardianes de la Libertad/ Propaganda, desinformación y consenso en los medios de comunicación de masas.

Producto de una prolongada, acuciosa y crítica investigación, en esa obra sus autores destejen el denso y oscuro entramado de intereses financieros, políticos, militares y académicos que ejerce el control de los principales corporativos norteamericanos, que blasonan su inquebrantable defensa de la Libertad de Prensa.

Desde su presentación, el núcleo del trabajo precisa el objeto de su estudio: La forma de operar de esos corporativos para movilizar el apoyo en favor de los “intereses especiales” que dominan la actividad estatal y privada en los Estados Unidos.

Según el postulado democrático, dicen los autores, los medios de comunicación son independientes y tienen la obligación de descubrir la verdad e informar de ella, y no reflejar pura y simplemente la percepción del mundo que desearían los grupos de poder.

(En ese segundo sentido, se concluye que la misión de los medios norteamericanos se reduce a “la fabricación” de consensos. La descripción es puntual: Sistema de mercado dirigido).

Colosal y sugerente es el volumen de documentación que sustenta la obra, desde la crisis estadunidense en Vietnam. A lo que siguen temas como “El complot de la KGB y Bulgaria para asesinar al papa”, “Las guerras de Indochina: Laos y Camboya”, etcétera.

El mito genial de los MIGS   

Para efectos del tema, extraemos sólo algunos expedientes que confirman la sistemática hostilidad de Washington contra regímenes latinoamericanos y con especial énfasis, los centroamericanos.

A modo del Maine, conviene la siguiente ilustración en el caso de Nicaragua sandinista y el proceso electoral de 1984. A menos tres medios norteamericanos, entre ellos The New York Times, desencadenaron la llamada Crisis de los MIG, un borrego con el que se pretendió desviar la atención del éxito electoral y dar elementos justificatorios a la intervención gringa en la patria de Rubén Darío.

Conviene subrayar por nuestra parte,  que el mito de los MIG en la Era Reagan desembocó más tarde en la Operación Irán-Contra, que dio estatuto legal al tráfico de drogas para emplear sus excedentes en la dotación de armamento a bandas opositoras a las que el propio inquilino de la Casa Blanca proclamó como “combatientes por la libertad”.

No es menor el dato de que por esa operación fueron solapados y legitimados los cárteles de colombianos de Medellín y Cali, proveedores de cocaína para financiar las armas a La contra.

Segundo mito-coartada: Las armas de destrucción masiva

Ese “modelo” -para obviar nuestra recapitulación-, fue el mismo que Washington aplicó en la volada de “las armas de destrucción masiva”, especiosa para la invasión de Irak y el derrocamiento de Sadam Hussein.

Por esa sórdida ruta llegamos a estas aciagas horas: A principios de semana, no desde cualquier sitio, sino desde Londres, se soltó la versión de un ataque aéreo en el noroeste de Siria, en el que se habrían empleado armas químicas contra la población civil indefensa:

Fuente emisora: El “insospechable” Observatorio “Sirio” de Derechos Humanos, operante en la capital británica. Segundo acto: Israel acusa al gobierno sirio de “la masacre”. Tercer acto: Se convoca al Consejo de Seguridad para que tome cartas en el asunto.

Cuarto acto: En Washington,  Donald Trump, acusa al presidente sirio Bashar al Assad de “actos de odio”. Quinto acto: El gobierno de Theresa May secunda la acusación.

Sexto acto: Trump ordena a El Pentágono desencadenar indiscriminados bombardeos sobre territorio sirio.

Entre la especie lanzada desde Londres y la orden ejecutiva de la Casa Blanca, apenas trascurrieron 48 horas, sin que se generara un peritaje científico que pruebe la procedencia y la composición de dichos químicos.

En el demencial torrente especulativo, se olvidó dónde andan “los rebeldes” del “Estado Islámico”. Estos postulantes del Califato andaban en día de campo en Tikrit, al norte de Bagdad, sembrando cadáveres a granel: 31 en un primer recuento, más 42 heridos.

Desde noviembre de 2016, Tikrit es escenario incesante de los yihadistas suicidas. Las víctimas de estas masacres, ¿son menos humanas que sus pares sirias?

El “Nuevo Hitler” que se quedó en la placenta

Desde la campaña presidencial en los Estados Unidos, los medios domésticos alineados con el Partido Demócrata activaron sus troneras contra el republicano Trump. Lo describieron incluso como un Nuevo Hitler y lo consideraron potencial detonante de la Tercera Guerra Mundial: La nuclear.

En México, la mayoría de los medios, sobre todo los electrónicos, convertidos en cajas de resonancia acríticas y dóciles, tomó a título de fe todas las imputaciones, epítetos y aun las bromas de mal gusto asestadas al magnate republicano por sus malquerientes corporativos de la comunicación.

En incesantes tropiezos para estructurar, estabilizar y acreditar su mandato en su propio país, ¡Hete ahí! que, súbitamente, Trump es elevado al rango de nuevo ídolo de las “democracias” occidentales. Los fonógrafos mexicanos van en la misma línea.

Propaganda, desinformación, “fabricación” de consensos, sistema de mercado dirigido. De esto hablan con acento de denuncia Noam Chomsky y Edward S. Herman. Y se llaman los corporativos gringos Guardianes de la Libertad. A otro perro con ese hueso. Es cuanto.


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