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Los itamitas en su laberinto

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Hacia 1996, bajo los auspicios de la Secretaría de Educación Obrera de la Confederación de Trabajadores de México (SEO/ CTM), se elaboró un estudio que calculaba en más de 260 mil millones de dólares las pérdidas de la clase trabajadora en las dos décadas anteriores.

El análisis consideraba como factores de esas pérdidas los rubros de desempleo y subempleo, topes salariales y su efecto en las cotizaciones a la Seguridad Social, restricción de la política de vivienda de interés social, inflación, impuestos sobre el producto del trabajo, etcétera. En este etcétera se incluyó la extinción del Banco Obrero.

Faltaba todavía que Ernesto Zedillo decretara (lo hizo al año siguiente) la privatización de los fondos de retiro de los trabajadores administrados por el viejo Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR), a fin de entregar su gestión a las Afore mediante cuentas individuales.

Entonces, Moisés Calleja García, del secretariado de la CTM, al ser interrogado sobre destino del saldo del SAR, declaró que a aquellos fondos, se los llevó el diablo. Será por eso que Calleja prefirió refugiarse en la Secretaría General del IMSS, cargo en el que hace unas semanas murió a los 102 años de edad.

Lo bueno vino después: Ya en manos de las Afore el sistema pensionario, las nuevas reformas autorizaron el lanzamiento de aquellos cuantiosos recursos a la especulación al través de las Sociedades de Inversión Especializadas en Fondos de Retiro (Siefore) Y empezó el gran banquete.

Para decirlo pronto: En 2015, más del 50 por ciento del total acumulado por las Afore se trasegaba en el mercado bursátil. El principal deudor es el gobierno federal. En el corte de 2015, la mano visible del gobierno ya se había agandallado de más de un billón 300 mil millones de pesos, equivalente al 28 por ciento de la deuda interna.

Las empresas privadas, cotizantes en  la Bolsa Mexicana de Valores dispusieron de una buena rebanada. Un resto se fue a acciones de empresas extranjeras. El saqueo perfecto.

La rapacidad de la cleptocracia, insaciable

Pero la rapacidad de la cleptocracia es insaciable. Desde el año pasado, sonsacadas de la Comisión Nacional de Sistemas de Ahorro para el Retiro (Consar), Afore, Siefore y otros “coyotes de la misma loma” iniciaron una ofensiva para que el Congreso de la Unión reforme la ley del ramo en su capítulo del Régimen de Jubilaciones y Pensiones para aumentar las cuotas a los ahorradores obligados.

Al mismo son, las finanzas del gobierno, privadas de la mina de oro negro, el petróleo, empezaron a entrar en insolvencia. Flotan con las remesas que mandan a sus familias nuestros transterrados en los Estados Unidos y con dólares excedentes del narcotráfico. No son suficientes.

El pasado miércoles, el secretario de Hacienda, Luis Videragay, se abrió de capa: Urge aumentar el porcentaje de las cotizaciones, “en un futuro no lejano”. El futuro ya está aquí. El incremento puede ser hasta 6 por ciento.

Nadie se sorprenda si antes del 15 de septiembre, los Criterios de Política Económica para 2017 incluyen ese zarpazo a los fondos para el retiro de los trabajadores.

Los tecnócratas itamitas son una esponja para absorber todo lo que proponga la iniciativa privada. Pero esta semana, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) propuso que el gasto corriente federal, en el que medra la casta dorada burocrática, se reduzca entre 200 mil y 300 mil millones de pesos. Ahí no baila míja con el señor. Es cuanto.


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