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De Los mártires de Chicago, ¿quién se acuerda?

De Los mártires de Chicago, ¿quién se acuerda?

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

 

¿Qué más se puede pedir? Sólo en el primer trimestre de 2017 se han creado cada día más de cuatro mil “nuevos” empleos (no ocupaciones) y el salario mínimo en el actual sexenio ha recuperado 13 por ciento de su poder adquisitivo. El más alto alcance respecto de los dos sexenios presidenciales anteriores, panistas.

Dos poderosas razones para que ayer, 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, los dirigentes del sindicalismo oficialista, encabezados por los próceres de la clase trabajadora, Carlos Aceves del Olmo (CTM), Víctor Flores, el inamovible del sindicato de ferrocarrileros; el también perpetuo del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps; el empedernido Joel Ayala, de la burocracia pública, etcétera, ni por error se compadecieran de Los mártires de Chicago, por cuyo sacrificio se instituyó el Día del Trabajo que, para los nombrados, es de permanente ocio, autocomplacencia  y rentabilidad.

Gracias al colaboracionismo de esos sedicentes dirigentes “de la clase obrera”, se les dijo en Los Pinos, “México es una nación fuerte y decidida que ha logrado hacer frente a sus desafíos”. (Aplausos). Había que ver los rostros sonrientes de los, ayer, huéspedes distinguidos de Los Pinos.

Sólo desentonó en el exclusivo evento intramuros, lejos del mundanal ruido callejero, el representante del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, Alejandro Ramírez, quien aseguró que todo estaría mejor si la mano de obra mexicana rindiera más productividad como reciprocidad a tanto “empleo” que se le ha creado (dos millones 700 mil plazas en lo que va del sexenio) y el remunerador poder adquisitivo del salario mínimo.

La anterior estampa,  fue la expresión  más acabada del pacto entre los hombres de negocios y los dirigentes “obreros”, suscrito en la década de los noventa, para instituir la Nueva cultura laboral.

Sólo los contumaces populistas no aceptan la realidad

La crisis del empleo y salarios precarizados sólo está en la mente de algunos populistas que ayer tomaron las calles y las plazas públicas de la Ciudad de México y las capitales de 14 estados de la República que, seguramente por móviles electorales con vistas al 18, se niegan a reconocer las nuevas conquistas de la clase trabajadora, que se agregan con creces a las “conquista históricas” durante el periodo posrevolucionarios.

Desde esa perspectiva, resulta un mito genial que más de once millones de mexicanos hayan huido de México hacia los Estados Unidos en las dos recientes décadas, muchos con todo y familia,  y hoy se encuentren bajo amenaza de deportación por el gobierno de Donald Trump, contra quien ayer también salieron a las calles de las principales ciudades de los Estados Unidos, evocando la memoria de Los mártires de Chicago.

Todo es según el color, dirían daltónicos, del cristal con que se mira. Es cuanto.


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