¿Necrofilia o necrofagia?

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

 

Según sabemos, el sicoterapeuta veracruzano Ernesto Lammoglia Ruiz estuvo cercano a Los Pinos en la década de los setenta. Si no estamos mal informados, por su diván habría pasado uno que otro miembro del gabinete presidencial.

La ética profesional impone el secreto, especialmente a los practicantes de la medicina. No nos atreveríamos por ello ni a intentar siquiera una consulta periodística sobre aquellos expedientes clínicos.

Nos tomamos la licencia editorial, sin embargo, para imaginar una entrevista con dicho galeno, pretendiendo lograr un diagnostico:

¿Qué pasa por la mente de alguien, encumbrado en el poder político, que, frente al espectáculo de más de 200 mil homicidios culposos o dolosos, cerca de 30 mil desapariciones y miles de desplazamientos involuntarios acumulados durante una década, le rinde culto a la muerte?

En el recuento de esos homicidios, hay aquellos en que sus perpetradores disolvieron los cadáveres en ácido, otros recurrieron al degüello de sus víctimas, terceros las descuartizaron. ¿Cuántos asesinados fueron refundidos en fosas clandestinas, quién sabe si aún vivos?

La historia de esa incesante matanza colectiva consta en los registros de diversas dependencias del gobierno federal, que saben que los depósitos en numerosas ciudades del país, donde se alojan fiambres no identificados, resultan ya insuficientes y su inventario se arroja a las fosas comunes.

Dolientes mujeres en búsqueda de sus familiares

Las notas del día a día nos reportan que cientos de madres, esposas o hermanas ambulan entre la pena y la  indignación por diversos territorios de México en búsqueda de sus parientes; lo hacen, en suplencia de la autoridad gubernamental, que no sólo no actúa, sino que somete esas dolientes mujeres  al escarnio o la amenaza.

No es, ese macabro fenómeno, tema para la chocarrería, de risa o de sonrisas. Algunas tipificaciones forenses hablan -desde los tiempos del criminalista Cesare Lombroso-, según el caso, de necrofilia o necrofagia.

En no pocas ocasiones, hemos recordado un texto de don Manuel Gómez Morín (fundador del PAN), referido a la deplorable situación de México en la década de los veinte del siglo pasado. Describe la “política” de aquellos años como escatología o teratología; rama ésta de la historia natural que estudia las anomalías y las monstruosidades del organismo. Aplica, suponemos, al organismo social y al cuerpo político.

De la conseja popular viene aquello de que, “en el bautizo quiere ser el niño, la novia en la boda y el muerto en el entierro”. Eso está bien para Perico de los palotes. No para quien desempeña graves funciones de Estado. Y, sin embargo… Es cuanto.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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