Otro periodista asesinado en el Estado de México

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Se restaura el ¡Mátalos en caliente! de don Porfirio

Otra mancha más en la piel del leopardo; otra muesca en el cañón asesino: El pasado 18 de noviembre, fue ejecutado en Tezoyuca, Estado de México, el fotoperiodista Mario Delgadillo Ramos.

El sagaz comisario de la alcaldía priista de Tezoyuca, Esteban Bautista -quien no atendió la urgente llamada de Delgadillo Ramos cuando era agredido a balazos- tenía de antemano la justificación del crimen: La víctima y un acompañante estaban drogados.

Hoy, los colegas mexiquenses marchan por la escena del crimen clamando justicia. Quién sabe si el gobernador Eruviel Ávila Villegas tenga tiempo para hacerse eco de la denuncia, pues preparaba la gacetilla electrónica cotidiana para los medios de la Ciudad de México con aquello de Gente que trabaja y logra en grande.

La estadística del horror en México, agrega un guarismo más, en eso de la cacería de comunicadores incómodos.

Que el reporte de asesinatos de periodistas no sea ya noticia en el territorio nacional, es un asunto de pensar. Pero que el crimen ocurra en la patria nativa del presidente Enrique Peña Nieto abre una rendija al esperanza de que, por fin, el gobierno de la República tome cartas sobre el exterminio que amenaza incesantemente el ejercicio de la Libertad de Expresión y el Derecho a la Información.

Si la mortal agresión a Mario Delgadillo Ramos, según el anticipado peritaje dado por el comisario Bautista cuando la víctima era apenas trasladada a un hospital, se debió a que “se estaba drogando”, puede colegirse que ahí se da por “cosa juzgada” el atentado y no haya más indagatoria.

La cuestión no estriba en si Delgadillo Ramos era periodista y si tenía adicciones -cosa que sus compañeros de oficio desmienten categóricamente-, por las que  algún sicario se tomó la facultad de castigarlas.

El brazo alterno de la ley: El justiciero anónimo 

Lo grave del tema, es que el gobierno de la “Seguridad Ciudadana”, según reza una denominación del organigrama de la administración mexiquense, incapaz de frenar los altos índices de criminalidad en el estado, esté dando aliento mediático a la figura de El justiciero, que está tomando la ley en sus manos.

Desde hace poco más de dos semanas, se ha implantado en el Estado de México la imagen de El justiciero anónimo como fiscal y juez, autorizado de facto a aplicar sumariamente y a balazos la justicia.

Una forma postmoderna del ¡Mátalos en caliente! instituida por la dictadura porfirista hace más de un siglo.

Otra expresión impune de ese fenómeno ya institucionalizada en la tierra del Presidente, es la del linchamiento.

Si esos son los métodos para combatir la galopante delincuencia en el Estado de México, desde ya los candidatos a suceder a Eruviel Ávila Villegas en 2017 pueden incluir en sus plataformas electorales el ahorro a los contribuyentes por gasto público en mando policial único, en procuración y administración de la justicia. Es cuanto.

Redacción Voces del Periodista

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