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PEMEX: Todo está consumado

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Muchos -económica y socialmente disolventes- son los agravios infligidos a México por el neoliberalismo tecnocrático.

En el arranque neoliberal, a finales del mandato de Miguel de la Madrid, perturbadas voces emitidas desde el Zócalo de la Ciudad de México propusieron dinamitar la estatua de El Gran Expropiador Lázaro Cárdenas del Río, erigida a la vera del Eje Central del mismo nombre por el laureado escultor yucateco Humberto Peraza Ojeda.

La visceral iniciativa fue motivada por cierta insolencia del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), opuesto a la reprivatización de la industria petrolera, que advirtió a De la Madrid: Si se hunde Pemex, se hunde México, se hunde usted, señor Presidente.

Esa fue una de las sinrazones: La otra fue que el hijo de El Divisionario de Jiquilpan, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, entonces gobernador de Michoacán, se sublevaba contra el PRI y, en la perspectiva de la sucesión presidencial de 1988 demandaba, con otros conspicuos militantes tricolores, la apertura en la selección de candidato.

Para los años noventa, el usurpador Carlos Salinas de Gortari negociaba el Tratado de Libre Comercio (TLC) e introducía secretamente la cláusula petrolera, según consta en archivos de la biblioteca de El Capitolio en Washington.

Ernesto Zedillo Ponce de León, en garantía de pago por el rescate político-financiero de la Casa Blanca después del maquinado Error de diciembre de 1994, embargó la factura petrolera y casi a finales de su mandato cedía a un nuevo Tratado de Límites y Aguas México-Estados Unidos, básicamente en el Golfo de México con potenciales yacimientos petroleros vírgenes.

Vicente Fox, en plena campaña presidencial, ofreció a los petroleros tejanos la revisión del régimen constitucional de la industria petrolera mexicana, pero fue Felipe Calderón Hinojosa quien se doblegó ante la secretaria de Estado (USA), Hillary Clinton, quien lo hizo firmar un acuerdo para la Exploración y Explotación de Yacimientos de Hidrocarburos Transfronterizos. La parte del león para el Coloso.

Las expropiadas están de regreso

Calderón mismo había promovido ante el Congreso de la Unión su Reforma Energética, cuestionada por algunos enclaves del PRI, entonces en la oposición, porque convertiría a Pemex en simple “administradora de contratos”.

Con el fáctico Pacto por México (PRI-PVEM-PAN-PRD), Enrique Peña Nieto consumó la hazaña desnacionalizadora de la industria insignia de México.

Esta semana, el logo de Pemex en estaciones gasolineras de la Ciudad de México fue derribado y en su lugar han aparecido los de las nuevas franquicias privadas, cuyos usufructuarios esta misma semana han demandado aumento de precios para los derivados del petróleo.

Pero esa es mera alegoría escénica. Hacia finales de mayo pasado, a incitación de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), cuatro trasnacionales (algunas de las cuales explotaron el petróleo mexicano antes de la expropiación de sus instalaciones en 1938) entraron a la fase de precalificación para participar en la subasta de licencias en aguas profundas, con duración hasta de medio siglo.

La británica BP, la angloholandesa Shell y las estadunidenses Chevron y ExxoMobil están de regreso. Les da la bienvenida Enrique Peña Nieto.


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