¿Qué horas son? “Las que usted guste, Señor Presidente”

¿Qué horas son? “Las que usted guste, Señor Presidente”

Era estimulante, excitante dicho con más propiedad, escuchar a un líder -¡líder!, repetimos- del PRI, animar a los militantes a ir delante del gobierno y no a remolque. En tiempos de calenturas electorales, advertía: “Primero el programa, después el hombre”.

Ese líder priista, fue don Jesús Reyes Heroles, cuya independencia intelectual -fundada en una vasta y profunda cultura- le hizo hombre sin par en la política mexicana.

El PRI no se perdía en las agrestes coyunturas del momento ni se sumergía en tentaciones eclécticas. Operaba sobre razonamientos estructurales -experiencias y atalaya de lato alcance- que analizaba y sustanciaba el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (IEPES).

Desde su campaña, el candidato presidencial confiaba en el IEPES la construcción  de la plataforma de gobierno para el sexenio venidero. Tributarias de esas tareas, eran las secretarías de Acción Política y de Divulgación Ideológica. Así ganaba el PRI.

En su discurso de toma de posesión, el Presidente ofrecía el diseño de sus políticas públicas con base en los documentos fundamentales del partido: Declaración de Principios y Programa de Acción. La rendición de cuentas cada 1 de septiembre seguía la misma carta de navegación, cuyo puerto de partida y arribo era la Constitución del 17.

Para decirlo pronto: Hasta 1982 el Producto Interno Bruto (PIB) de México llegó a crecer a tasas anuales hasta de ocho por ciento. El producto per cápita algo más.

Colosio: Un México con hambre y sed de justicia

Las cosas cambiaron cuando la tecnocracia neoliberal tomó por asalto el poder político. Para 1994, Luis Donaldo Colosio, en su discurso en que dijo ver un México con hambre y se de justicia, propuso devolver el poder presidencial a su cauce constitucional. Fue asesinado en marzo.

Un último intento de hacer del PRI locomotora y no cabuz del gobierno, fue cuando en 1996, bajo la dirección de Santiago Oñate Laborde y el sindicalista Juan Sigfrido Millán Lizárraga, se acometió la agenda de la XVII Asamblea Nacional, que se quiso como un proceso de refundación del Partido de la Revolución.

Cuatro años después, abandonada la ruta histórica por la que transitó el priismo, la institución presidencial fue obsequiada a la contrarrevolución.

En lo sucesivo, el PRI se enzarzó en la pugna interna por el control de la tesorería tricolor. Fuera de Los Pinos, en 2003 un cambio de guardia en la dirección nacional fue tipificado por la ex presidenta María de los Ángeles Moreno como una operación de delincuencia organizada.

En 2102 se entonaron los fastos por un PRI renacido. Por Insurgentes Norte 59 de la Ciudad de México, en un corto verano se han  instalado al menos cinco directivos nacionales. El pasado 5 de junio, el priismo tuvo la más afrentosa derrota de los últimos 15 años.

Llegó el flotillero taxista a la sede nacional del partido. Enrique Ochoa Reza tuvo su primer rapto trepidante. Pidió a su agente en el Senado, Emilio Gamboa Patrón exija a la Suprema Corte de Justicia de la Nación dar prioridad a acciones de inconstitucionalidad promovidas por el Señor Presidente de la República, al través de la PGR, en contra de los congresos de tres estados que, en uso de su soberanía, aprobaron leyes anticorrupción.

¿Y cuándo el PRI procederá, de acuerdo con su régimen interno, contra sus gobernadores implicados en sospechas de corrupción?

Ah… pues hasta que la Corte dicte su fallo.

Preguntaba el dictador: ¿Qué horas son? Las que usted guste, Señor Presidente. Es cuanto.

Redacción Voces del Periodista

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