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“Queremos pastel, pastel” ¡Mordida!¡Mordida!

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Al final del sexenio de José López Portillo, sus malquerientes etiquetaron su mandato como el de la frivolidad. Miguel de la Madrid se atrincheró en una austeridad que sus detractores tipificaron como grisedad.

Carlos Salinas de Gortari hizo derroche de exultación que contrastó con la severidad de su sucesor Ernesto Zedillo Ponce de León, quien llegó a postular la restauración “de la dignidad” de la investidura presidencial.

Con Vicente Fox –Y yo, ¿por qué?- se llegó a pensar que había llegado al límite del choteo la ocupación de la  “primera magistratura del México” (según título oficioso a cargo de los aduladores), que fue ejercida en condominio por la “pareja presidencial”.

Para decirlo pronto, Felipe Calderón gustaba de que algunos de sus eventos fueron amenizados con el corrido de El hijo desobediente.

Al asumir Enrique Peña Nieto su encargo en 2012, designó jefe de la Oficina de la Presidencia a Aurelio Nuño Mayer, uno de cuyos méritos en campaña fue coordinar la estrategia “de mercadotecnia”, según consta en su currículum.

A partir de entonces, se implantó el uso intensivo y exhaustivo de la agenda mediática para posicionar la imagen presidencial. Desde hace al menos dos años, las encuestas de opinión revelan que la estrategia no ha funcionado, como lo probaron los resultados electorales del 5 de junio.

El pasado lunes, en un rapto evidentemente bien calculado por sus publicistas, Peña Nieto recuperó puntos en su hándicap cuando pidió perdón a los mexicanos por el asunto de la Casa blanca. Flor de un día.

Ayer, la agenda presidencial tuvo como un acto principalísimo la presencia del jefe del Ejecutivo en un foro bajo el rubro Equidad para las víctimas en el debido proceso.

Rojo, como el color de la sangre

Se trataba de hacer un crítico balance sobre la aplicación y resultados de le Ley General de Víctimas. No es una cuestión de poca monta. Desde el sexenio de Calderón, el luto y el dolor han sido una pesada carga emocional para cientos de miles de familias mexicanas, cuya indignación fue condensada en su oportunidad por el poeta Javier Sicilia: ¡Estamos hasta la madre!

De la gravedad del tema -no hubiera estado fuera de lugar el Réquiem-, habla la participación en el acto de los representantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Poder Legislativo federal.

Ahí se reconocieron las deficiencias e insuficiencias de origen de la ley que dio pie a la convocatoria del evento, y se denunciaron omisiones de los gobernadores y los tropiezos que en su ejecución han tenido las propias autoridades federales de procuración de justicia.

Hasta ahí, todo iba bien. Pero todo terminó en un espectáculo de chorcha cuando la solemnidad fue rota con Las mañanitas y el pastelazo de rigor.

El “Señor Presidente” cumpliría 50 años de vida. A la filopanista señora Isabel Miranda de Wallace, presidenta de la organización Alto al secuestro, le pareció que tan memorable fasto debiera ser celebrado con anticipación.

Se incitó, pues, al cumpleañero a que partiera el pastel, y el festejado -cuchillo en mano- accedió gustoso. El pastel fue pintado de rojo, “el color favorito” del mandatario.

“Mordida, mordida”, inició el alegre coro el panista presidente del Senado, Roberto Gil Zuarth. Crónica roja para los bronces. Es cuanto.


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