SME: Un modelo de resistencia proletaria

SME: Un modelo de resistencia proletaria

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Cuando la negra noche tendió su manto, sigilosamente comandos del Ejército y de la policía se desplazaron con precisión cronométrica sobre instalaciones que habían sido marcadas con rojo en el mapa de la operación.

¡Paren las prensas! Fue la orden desde Los Pinos: Y las prensas sólo se reactivaron para imprimir en la madrugada una edición especial del Diario Oficial de la Federación. Se cumplía lo que empezó a percibirse unos días antes. El 28 de septiembre, aniversario de la mexicanización de la industria eléctrica ordenada por el presidente Adolfo López Mateos.

El dipsómano Felipe Calderón Hinojosa dictó el decreto por el que dispuso la extinción de Luz y Fuerza del Centro. Pero el objetivo era no sólo extinguir la histórica LyFC: Era exterminar también al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).

Eso ocurrió la segunda semana de octubre de 2009. La negra noche correspondía a la intención de asestar un clásico sabadazo.

Escrupuloso del respeto a la ley, el abogado egresado de la Escuela Libre de Derecho dispuso que se aplicara en sus términos la Ley Federal para la Administración y Enajenación de Bienes del Sector Público y, no falta más, la Ley Federal del Trabajo.

A partir de aquella fecha, las cajas de resonancia del calderonismo iniciaron una ofensiva mediática en contra del SME y con particular saña contra su líder Martín Esparza Flores, como nunca la aplicaron, por ejemplo, a Víctor El macaco Flores, el dirigente charro que aceptó la privatización  de los Ferrocarriles Nacionales, dejando en la indefensión a miles de trabajadores.

Durante los siete años transcurridos, el SME nunca bajó la guardia, a pesar de que muchos de sus asociados doblaron las corvas.

Política mata autoritarismo

Piano piano, el SME se mantuvo en su lucha de resistencia cuando la administración de LyFC pasó a la Comisión Federal de Electricidad.

Apoyado en la acción unitaria de los trabajadores que se mantuvieron leales a su sindicato, la SME fue operando con éxito alternativas de supervivencia.

Hace unos meses, el SME logró el registro legal de cooperativas de trabajadores para continuar en actividades del ramo.

Finalmente, hace unos días el SME, mediante un Memorándum de Entendimiento,  logró un acuerdo concertado en la Secretaría de Gobernación para que se cumpla  el pago de indemnizaciones de ley a 14 mil 500 trabajadores que se mantuvieron en heroica resistencia. Arreglo con el cual se da por concluido el prolongado conflicto.

Aunque parezca un caso excepcional, y lo es, demuestra que  política mata autoritarismo. El amable componedor de entuertos, hay que nombrarlo, fue el subsecretario de Gobernación Luis Enrique Miranda.

Ante a ese garbanzo de a libra, se agiganta la actitud de intolerancia asumida por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social para añejos conflictos que Alfonso Navarrete Prida pretende se pudran, y del titular de la Secretaría de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer.

En esos días julianos, los mariachis callaron. Como dice la conseja popular, se les fue vida la paloma. Las cajas de resonancia del gobierno no lograron las cabezas del SME y su líder Martín Esparza Flores.

¿Existe o no lucha de clases? Es cuanto.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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