Subversiva propuesta de la Coparmex de aumento a los mínimos

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Resulta cada vez más obvio, que eso del (mal) humor social no es mera percepción, según el escapismo tecnoburocrático que no quiere asumir la realidad del estado que guarda en estos días la sicología de las masas.

No es que la alta burocracia siga la agenda del cuarto centenario de El Quijote y haya dado con los molinos de viento, y los tome como coartada. El huracán del malestar colectivo sopla de veras por toda la rosa de los vientos.

Quiénes mejor que los agentes de las relaciones obrero-patronales para pulsar el estado de ánimo del infelizaje.

Pero no fueron las dirigencias charras del sindicalismo domesticado las que cambiaron la oración por pasiva y concluyeron que el vaso medio lleno ya se está derramando.

Fue su contraparte, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex, los empleadores, pues), la que se puso las pilas y, suponemos, hizo el diagnóstico de la realidad social con vistas a la sucesión presidencial de 2018; perspectiva en la que amenaza, según algunos timoratos facciosos, el arribo de un populista tropical.

Hoy, el presidente de la Coparmex, Gustavo de Hoyos Walther dio la nota y puso en la dimensión de desafío a la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CNSM) una iniciativa de incremento a los salarios mínimos de más de 20 por ciento para 2017.

Dicho en números absolutos: Elevar dichos salarios de 73.35 pesos diarios a 89.35. La acotación resultó casi en automático: No tomar ese aumento como referencia para los salarios contractuales.

El argumento de esa iniciativa no es samaritano. Se apoya en la proposición del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que establece los términos de la Canasta Básica de Bienestar para el hogar.

El problema no son los patrones; es el Banco de México

La cuestión, sin embargo, no queda a voluntad de quien emplea y asume el costo laboral. El problema es el Banco de México.

El Banco de México, en línea con el Fondo Monetario Internacional (FMI)- indujo desde el sexenio del usurpador Carlos Salinas de Gortari los topes salariales, so pretexto de mantener controlada la inflación.

Es el caso que la inflación -como abstracción de las matrices insumo producto– no se compagina con su comadre más rapaz: La carestía.

Contra la carestía no puede ni El buen fin. La carestía, en el bolsillo de las amas de casa, no se mide en números relativos, sino en peso sobre peso, contantes y sonantes.

Cada vez que el ama de casa sale de una tienda de autoservicio o de un tianguis, sale echando pestes por eso de la carestía. Esa es una de las expresiones del (mal) humor social, que para los “de arriba” es sólo percepción.

Si la Coparmex ya agarró la onda, a ver cómo le hace el gobierno para convencer a la representación sindical ante la CNSM de sumar dos votos contra uno de los empleadores, y “democráticamente” resolver que el incremento propuesto es improcedente. Es cuanto.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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