TLCAN: Los Estados Unidos no tienen amigos; tienen intereses

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Cuando un Estado soberano firma con otro (s) un instrumento internacional -para el caso un Tratado-, cuyos gestores, por quedarse con la parte de león, lo declaran irrevisable o irreversible, el jefe de aquel Estado, que aparece como el eslabón más débil, ¿toma en cuenta la eventualidad de que el representante de su contraparte no esté del todo cuerdo?

Coloquémonos, a modo de ilustración, en el siguiente escenario: El anciano presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, tenía fama pública de que, cuando convocaba a sus secretarios a  acuerdo en la Casa Blanca, les pedía: Ya que agoten la orden del día “me despiertan”.

George W. Bush es conocido como El renacido después de haber pasado por tratamientos de desintoxicación por su adicción al alcohol y las drogas. Hubo ocasión en que, en Tokio, vomitó sobre el dignatario anfitrión, presuntamente por la ingesta de bebidas espirituosas.

Bush fue titular de la contraparte en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) del primer ministro de Canadá y del presidente de México.

Estando como contraparte mexicana en el TLCAN Vicente Fox (al que la Sacra Rota Romana le diagnosticó perturbaciones mentales como narcisismo), Bush lo presionó para que México se adhiriera a la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte.

No sólo: Bush tomó a Fox como operador oficioso para el resto del continente, a fin de implantar el Acuerdo Comercial de las Américas (ALCA), como extensión hemisférica del TLCAN.

Con Bush-Fox se iniciaron las primeras negociaciones para reproducir en México el Plan Colombia bajo la denominación de Iniciativa Mérida, huevo de la serpiente de la guerra narca declarada por Felipe Calderón Hinojosa quien, por su parte, tiene fama de dipsómano.

El TLCAN entró en vigor en enero de 1994 a contrapelo de la resistencia del sector industrial mexicano, que advirtió que su operación fracturaría las cadenas de valor nacionales.

En el tiempo transcurrido de vigencia del TLCAN, sobre todo organizaciones de productores del campo, clamaron por su revisión.

Todavía, en octubre de 2015, puesto a caballo el Acuerdo Transpacífico de Asociación Comercial (ATP), dos Premios Nobel de Economía estadunidenses, advirtieron al gobierno mexicano que la incorporación de nuestro país a esa iniciativa, profundizaría la depredación provocada por el TLCAN.

Hasta entonces, los voceros del gobierno mexicano, sobre todo el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, quien participo en el equipo salinista de negociación del TLCAN, se aferró tercamente a la tesis de que este tratado era intocable.

Volvamos a la interrogante inicial sobre las facultades psíquicas de la contraparte estadunidense en el TLCAN, que a partir del 20 de enero de 2017 será Donald Trump.

Desde su inscripción en las primarias del Partido Republicano (PR), hace más de 500 días, el magnate norteamericano tuvo como bandera de su campaña la renegociación o ruptura del TLCAN. Los representantes mexicanos siguieron montados en su macho.

Se desató aquí la ofensiva mediática rigurosamente orquestada contra el republicano, tachándolo de loco nazi y comparándolo con Adolfo Hitler.

Trump se convirtió en candidato oficial del PR. Los del gabinete económico de Enrique Peña Nieto: Del TLCAN, ni con el pétalo de una coma se tocará el clausulado del tratado.

Trump ganó las elecciones y no quitó ni ha quitado el dedo del renglón: Nomás TLCAN.

¿No que no sonabas, pistolita?

Súbitamente, el 15 de noviembre -ayer pues- los funcionarios telecistas cambiaron presurosamente de carril: “Desde ya”, México está preparado para renegociar cualquier tratado de libre comercio que haya firmado: Se cuenta con un grupo de estrategas experimentados en la materia desde 1992. Hace un buen rato.

La subsecretaria de Competitividad y Normatividad de la Secretaría de Economía (SE), María del Rocío Ruiz Chávez, descubrió de repente que México tiene un gran equipo de negociadores no sólo en la SE, sino en las secretaría de Relaciones Exteriores (cuya titular, Claudia Ruiz Massieu Salinas se declaraba irreductible al respecto) y de Hacienda.

¿No que no sonabas, pistolita? No hay borracho que coma lumbre.

Y a todo esto, ¿qué agenda tienen esos brillantes estrategas para defender los intereses, no únicamente  de los mexicanos que identifican como beneficiarios del TLCAN, sino, sobre todo, de los que han resultado perjudicados durante más de dos décadas?

Salvo que esa agenda sea secreto de Estado, es válido sospechar que el “gran equipo” bailará al son que le toque el arrebatado Presidente electo del imperio, que no parece dispuesto a dar tregua ni concesiones, bajo la óptica de un clásico estadunidense (John Foster Dulles):  Los Estados Unidos no tienen amigos, tienen intereses.

Por lo pronto, hace unos días el gobierno de Canadá anunció que, en cuanto al TLCAN, está dispuesto a negociar bilateralmente con Donald Trump. Que la voluntad del señor se haga en los bueyes de mi compadre.

Sin embargo, un rayito de luz filtra sobre el espeso y contaminado cielo de la sede de los Poderes de la Unión.

La contraparte mexicana en el TLCAN, Enrique Peña Nieto declaró ayer mismo que, frente al nuevo escenario, se abrirá un diálogo con base en tres principios: La defensa de la soberanía nacional; el interés nacional y la protección de los connacionales que residen en el vecino país.

Uno hubiera querido escuchar que esos imperativos se asumirán patrióticamente, pero nuestro jefe de Estado y de  gobierno dijo que “pragmáticamente”. No se le pueden pedir peras al olmo, pero algo es algo. Es cuanto.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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