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Todas las horas hieren, la última es la que mata

Todas las horas hieren, la última es la que mata

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

 

De cumbre en cumbre -dijo una vez el difunto Hugo Chávez-, mientras nuestros pueblos andan de abismo en abismo.

El único provecho que podría sacarle Enrique Peña Nieto a su visita a Colombia -si tal fuera un propósito-, es informarse cómo le está haciendo el presidente Juan Manuel Santos para avanzar en la pacificación del país después de más de medio siglo de luchas intestinas dejaron un saldo de más de 250 mil muertos.

Se sospecha que lo primero que hizo Santos fue desembarazarse de la camisa de fuerza del Plan Colombia que al gobierno colombiano le impuso Washington y buscar un entendimiento, hasta ahora exitoso, con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), al que tentativamente se acercan otras facciones armadas remanentes.

Del Plan Colombia -con George W. Bush y Felipe Calderón-  el gobierno mexicano heredó la Iniciativa Mérida, en cuyo periodo de ejecución, en sólo diez años, el número de víctimas mortales del combate al narco en México casi supera el de muertos colombianos en más de  50 años.

En busca de la brújula extraviada

Viaja Peña Nieto a Colombia y se vale hacer votos porque en Cali encuentre la brújula extraviada en el turbulento océano de la globalización para  no andar a tientas en la necesaria reconstrucción de la política exterior, aunque no sea más que para seguir poniendo a México en el escaparate internacional, buscando postores en el remate del ya muy escaso patrimonio nacional.

A la  “cumbre” de Cali, convocada por la Alianza del Pacífico (AP), muy pocos gobernantes latinoamericanos escalan: Sólo los de Chile, Perú, Colombia y México que, en estricto rigor, se reúnen para rescatar, de lo perdido, lo que aparezca.

Según el secretario de Economía mexicano, Ildefonso Guajardo, en avanzada en Cali, se trata de hurgar en el cadáver del Tratado de Asociación Transpacífico (TPP), acribillado nonato por Donald Trump.

Dice Guajardo que “los cuatro” buscarán una salida volviendo los ojos hacia países de Asia, incluyendo a China, ninguneada por los diseñadores del fracasado TPP.

Esa aventura alterna tendría como objetivo proponer tratados de libre comercio con Nueva Zelanda, Australia, “probablemente” Canadá y Singapur, que se quedaron colgados de la brocha del PTT.

De cumbre en cumbre: Dentro de cuatro días, Peña Nieto, con escala previa en París para presentarse ante el presidente francés, Emmanuel Macron, viaja con destino a Hamburgo, Alemania, para participar en la cumbre del G-20.

(Poco entusiasmo anima el anuncio de ese viaje a los aficionados mexicanos al fútbol, cuando Alemania, a la hora que tecleamos estas notas, le está pegando una barrida a la selección mexicana en la Copa Confederaciones).

La impresión que difunde ese ciego ambulantaje, es que el gobierno mexicano pretende petatear  -como en el juego de naipes-, con cartas que indiquen a la Casa Blanca que no llega a las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con las manos vacías.

¿Qué pasa con el libre tránsito de mano de obra?

A propósito de la revisión del TLCAN, antes de que los negociadores oficiales acreditados se pongan de acuerdo en qué defenderán y en cuales aspectos cederán, el pretexto sirve para el turismo parlamentario en los Estados Unidos.

Los senadores, por supuesto, tienen una tenue vela en el entierro. De lo que finalmente resulte de esas negociaciones, serán los facultados para sancionar el nuevo texto. Pero los diputados se prenden de la ocasión para sus vacaciones veraniegas en algunas ciudades estadunidenses.

De un vuelo internacional a otro, los responsables de atender la agenda telecista no se han dado tiempo de consultar a los sectores productivos mexicanos afectados por más de 20 años de vigencia del TLCAN, para ver si tienen algo que decir sobre esa asignatura.

Ni siquiera -en el marco de los palos de ciego de la política migratoria de Trump, asestados a nuestros compatriotas- se han puesto a considerar esos negociadores si es llegada la hora de incluir en el TLCAN, el capítulo correspondiente al libre tránsito de mano de obra, como desde hace años opera en Europa.

El sistema métrico sexenal que marca el 30 de noviembre de 2018 como día límite, deja unos cuantos granos en el embudo del reloj de arena. Y no es ocioso recordar que, todas las horas hieren; la última es la que mata. Es cuanto.


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