Un nuevo campeón de la Libertad de Expresión

Un nuevo campeón de la Libertad de Expresión

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Cuando -a los 62 años de ejercicio- uno va de retirada del oficio periodístico, que en sólo una década ha cobrado en México 102 víctimas mortales, siempre es estimulante ver que, a pesar de los graves riegos contra su vida y las de sus familias, surjan nuevos campeones de la Libertad de Expresión.

Más aún, si esos nuevos adalides tienen una estructura moral impermeable a las tentaciones que los oficios y las profesiones liberales encuentran en cada esquina.

No es valor de poca monta, en defensa del Derecho a la Información, acometer la responsabilidad periodística jurando al menos tres compromisos:

  • Ceñiré mi conducta pública y privada de modo tal que mis acciones sean honestas y dignas de credibilidad…
  • Actuaré siempre en forma objetiva e imparcial sin conceder preferencias o privilegios a persona alguna…
  • Nunca usaré mi cargo… para ganancia personal, ni aceptaré prestación o compensación de ninguna persona u organización que me pueda llevar a actuar con falta de ética en mis responsabilidades y obligaciones”.

Si todos, no sólo los periodistas, asumiéramos esa declaración de principios, seguramente México no estaría inmerso en ese deprimente debate que tiene en su centro de gravedad la corrupción.

No pocos de los periodistas asesinados en México y muchos de los que sobreviven al exterminio, murieron o son amenazados de muerte por ser congruentes con al menos uno de los postulados trascritos.

De los colegas muertos, nos consta que sus familias viven expuestas a la insidia de quienes siembran dudas sobre las causas de los crímenes de que fueron víctimas, y hay viudas y huérfanos que subsisten en el desamparo económico.

La situación de penuria que padecen esas familias, es consecuencia de que, quien fue su sostén, no empleó su oficio o profesión para su enriquecimiento indebido.

El privilegio de mandar

En razón de lo que llevamos escrito, sería obligado saludar con beneplácito a los nuevos combatientes por la Libertad de Expresión, si no fuera porque… “no todo lo que brilla, es oro”. Ni a cobre llega.

El firmante de los tres juramentos éticos antes citados ha irrumpido recientemente en medios televisivos y se siente con autoridad bastante, ora para dar consejos al Presidente de la República, ora para denostar a algún candidato presidencial por su conducta y lenguaje soeces, etcétera.

Pero ese reciclado “gran comunicador”, para empezar, disfruta una pensión vitalicia de más de dos millones 500 mil pesos al año, tiene una legión de escoltas militares y civiles que velan por su seguridad personal y la de su familia. Ésta, en caso de fallecer esposo y padre, tiene garantizado el pago de un seguro de vida por unos 35 millones de pesos.

Todos esos inmorales privilegios, con cargo a los contribuyentes mexicanos que no reciben, a cambio de sus impuestos, alguna contraprestación similar que garantice ya no el futuro de sus familias, sino el presente.

El nuevo periodista-pensador-filósofo-analista de la política y la economía nacional y global, se llama Vicente Fox Quesada.

De su Código de Ética, sólo rescataremos un compromiso más, el onzavo: “Respetaré sin excepción alguna la dignidad de la persona humana, los derechos y las libertades que le son inherentes, siempre con trato amable y tolerancia para todos y todas las mexicanas”.

A las mexicanas, Fox las tipificaba como lavadoras de dos patas. A su esposa, la apodaba La sota… por  “sotaca” (enana). Con eso está dicho todo. Es cuanto.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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