Una gran tentación: 260 mil millones de dólares

Una gran tentación: 260 mil millones de dólares

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

En su paseíllo de despedida de año y de encargo por pisos televisivos y cabinas de radio, el dimitente gobernador del Banco de México, Agustín Carstens Cartens está incitando a criminales tentaciones a los actuales detentadores del poder político.

Con su jocosa redondez y su jocundo temperamento bien nutrido, el gobernador monetario anda por ahí haciendo una aclaración no pedida: Que no se va porque  tenga broncas con el macizo, lo cual es bueno; y que no hay reales motivos de pánico respecto de las variables fundamentales de le economía; que son, por supuesto, las macroeconómicas, lo cual está mejor… ¡Feliz Navidad! compatriotas.

Es el segundo punto, el que debe ponernos a temblar. Dice el doctor de reincidente apellido que la economía mexicana está blindada contra la galopante volatilidad: Entre la reserva de divisas extranjeras y el crédito “flexible” con el que amenaza a los mexicanos el Fondo Monetario Internacional (FMI), se tiene un cochinito de unos 260 mil millones de dólares.

Hace unos días, un bien informado columnista de asuntos económicos se planteó la pregunta, ¿y dónde está el oro comprado por el Banco de México en los últimos años? Lo que siguen son corchetes suspensivos.

No forzaremos el teclado para convertir aquellos dólares en pesos. Suman una cifra descomunal.

Tesorerías de los estados, desfondadas

¿A qué viene lo que advertimos en el primer párrafo como tentación criminal?

Pongámoslo a tamaño escala: Hasta el 31 de diciembre en que terminan de consumarse los cambios en doce estados de la República, el saldo de la deuda pública en su conjunto es de casi 600 mil millones de pesos.

Cualquier estudio actuarial puede confirmar que los gobernadores entrantes en 2016 encuentran sus tesorerías en plena insolvencia.

La deuda acumulada por los mandatarios de variopinta extracción partidista, contra la capacidad fiscal propia de sus estados, no resiste ya un zarpazo más a las participaciones federales, en algunos casos hipotecadas para las próximas dos décadas.

Digamos que la  mitad de los gobernadores de los estados es  priista. En una primera fase, en 2017, los oficios electorales de los gobernadores tricolores serán requeridos en los estados de México, Coahuila y Nayarit, para conservar a su partido en el poder en estas entidades con vistas a la sucesión presidencial de 2018.

Si en estos días en las arcas estatales no existen fondos ni para pagar los aguinaldos, ¿a qué opción podrían echar mano los gobernadores tricolores para promover el voto en favor de los candidatos de su partido el año que viene?

Las calificadoras extranjeras de deuda de los estados tienen en negativa la evaluación de la capacidad de algunos de ellos para contratar nuevos débitos. La banca comercial, que no es una samaritana, ya encendió focos rojos frente a ese aviso.

Hemos consultado a algún especialista en la materia, gestor de participaciones federales a los estados: Con cierta mentalidad aldeana, algunos de esos gobernadores creen que el gobierno central, que tiene gente ducha en ingeniería financiera, dispone aún, así sean estrechos, de márgenes de maniobra para cambiar la oración por pasiva si, como dice el doctor Carstens, existe una bolsa intocada de unos 260 mil millones de dólares.

Cualquier gente cuerda pensaría que eso es un absurdo. Los siquiatras tendrían otro diagnóstico: En un país gobernado por Kafka, todo puede suceder. Es cuanto.

Redacción Voces del Periodista

Redacción Voces del Periodista


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