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Verdades tamaño catedral no se ocultan

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Para llegar a la estremecida y asustada Ciudad de México, no hay atajo seguro. Hay que trazar la hoja de ruta conforme las mojoneras que previamente han fijado los viejos peregrinos.

El primer macabro bache que encontramos en el itinerario del México en paz está marcado por las siguientes cifras: De 2013 a diciembre de 2016 se perpetraron casi 88 mil homicidios. Un recuento preliminar para el primer semestre de 2017 nos da el dato de más de 12 mil. El más alto porcentaje de la suma, con armas de fuego.

En la clasificación de esa pandemia entran los atentados atribuidos al crimen organizado y a la delincuencia común. Para algunos analistas de la materia, hay configuraciones de crímenes de lesa humanidad y signos de genocidio.

Abramos un arco: La primera tentativa de instituir el Sistema Nacional de Seguridad Pública se dio durante el sexenio de Ernesto Zedillo. Hace, pues, dos décadas. En ese tramo, la criminalidad a galope ya se inscribió en el rango de Seguridad Nacional.

Veinte años “de aprendizaje”, ¿no han sido suficientes para encontrarle la cuadratura al círculo? Parece que no.

Todo lo que usted debe saber sobre el Estado criminógeno

El ejercicio memorioso obliga: A finales del sexenio de Zedillo, el jefe de estación de FBI adscrito a la Embajada de los Estados Unidos, era el tejano Jimmy García. Nos constan los contactos que ese investigador estableció con los responsables de los aparatos de Inteligencia civiles y militares, y con comisionados en el área de Seguridad Pública mexicanos.

Sospechamos que algunas sugerencias de García fueron tomadas en cuenta para reformar las instituciones policiales y reorientar la estrategia contra los malosos; tareas que culminaron con la creación de la secretaría federal de Seguridad Pública en el tránsito de Zedillo a Vicente Fox.

Paralelamente, la Procuraduría General de la Republica (PGR) creó una  división que en el organigrama de identificó como Agencia Nacional de Investigación (ANI/ al estilo de FBI).

Previamente, operaba la Policía Federal Preventiva (PFP), dependiente de la Secretaría de Gobernación. Ya con Santiago Creel Miranda en la titularidad de la Segob, agencias como el Centro Nacional de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) fueron ninguneadas al grado de recortarle el presupuesto a esta corporación.

A la PFP nos remitimos. En su área de Inteligencia tuvimos la oportunidad de conocer algunos sus productos, que se sustanciaron en diversos análisis y gráficas. La acotación es precisa: Esa corporación no estaba facultada para la investigación; sólo para actuar en flagrancia. Cuestión de incongruencias.

Los contenidos de esos materiales englobaban todo el universo de delitos codificados en el rango del fuero federal; sobre todo los de alto impacto.

Las gráficas estaban compuestas, según cada tipificación: Narcotráfico, tráfico de armas y personas, secuestros, etcétera.

Lo asombroso, según lo vemos ahora: Las gráficas digitalizadas contenían retratos de los más afamados criminales, sus zonas de operación e incluso sus conexiones internacionales. No es menor el dato de que el catálogo ponía atención a los grupos guerrilleros entonces aún activos.

Ya durante el sexenio de Fox, se colocó en cartelera El capo del sexenio, para referirse al fugitivo entonces Joaquín El chapo Guzmán Loera; ahora biografiado en programación televisiva.

Con el retorno del PRI a Los Pinos, el titular de la Secretaría de Gobernación, el hidalguense Miguel Ángel Osorio Chong fue habilitado como coordinador del Gabinete de Seguridad Nacional.

Se le dio de nuevo su lugar al Cisen, pero, ¿qué se hizo de aquel documentado y rico acervo, indispensable para diseñar la estrategia anticrimen?

Desde que el panista Felipe Calderón acometió en 2006 su guerra loca contra el narco, especialistas en Fuerzas Armadas y Seguridad Nacional pusieron el dedo en la llaga: Si no se hicieron tareas de Inteligencia previas, ¿cómo hablar de estrategia?

¿Qué hizo el señor procurador del Distrito Federal?

Dejamos la mojonera de ese tamaño, para poner la mira una anterior y aquí vadeamos la Ciudad de México. El jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera llegó a este puesto después de haber pasado por la titularidad de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.

Antes y después de los violentos sucesos en Tláhuac, repite Mancera ante quienes quieren escucharlo que la metrópoli está a salvo del crimen organizado; de los cárteles. Sólo se trata, asegura tercamente, de “grupos” o “bandas” delincuenciales, como las narcomenudistas, en pugna por territorios de operación.

Sobre el Corredor San Jerónimo-Atizapán

Corre video: Un gobernador de Sinaloa fijó su residencia alterna en el antes exclusivo barrio de San Jerónimo, delegación Álvaro Obregón. Al concluir su mandato fue invitado por el gobernador del Estado de México, Carlos Hank González, para confiarle una comisión estatal de Desarrollo Agropecuario. El mismo encargo le asignó cuando se vino como regente del Distrito Federal (1976-1982).

En 1975-1976 se emprendió la militarizada Operación Cóndor en El Triángulo dorado de la droga Sinaloa-Durango-Chihuahua. Se inició el éxodo de los grandes capos sinaloenses. Los más pesados se refugiaron en Guadalajara. Otros fueron acogidos en Atizapán, Estado de México. Recordamos una batida que les asestó el entonces procurador general de la República, Pedro Ojea Paullada.

A 35 mil pesos el metro cuadrado… hay quien los pague

De aquellos años data la hipótesis del Corredor San Jerónimo-Atizapán. Sólo para ilustrar el tema: Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, en un restaurante marisquero de la Colonia Florida (Delegación Coyoacán), se perpetró un atentado contra el capo sinaloense Amado El señor de los cielos Carrillo Fuentes (ahora otra celebridad televisiva).

El capo logró escapar de esa carraca pero la Procuraduría General de la República le aseguró una lujosa residencia en los pedregales de San Ángel, donde se incautaron abultadas pacas de dólares de alta denominación y buenos kilos de droga.

Fue el periodo en que tomaron auge los desarrollos residenciales en las delegaciones Benito Juárez, Coyoacán, Álvaro Obregón y el destino cumbre: Santa Fe.

Paralelamente, en las inmediaciones de Atizapán florecieron los exclusivos fraccionamientos residenciales Condado de Sayavedra, Puerta de Hierro, Valle dorado, etcétera. Luego le seguiría el esplendor de Huixqulican, del mismo estado de México, conurbado con la Ciudad de México.

Hay muchas operaciones inusuales, dice Hacienda

¿De dónde provinieron los financiamientos de esos megaproyectos, en algunos de los cuales el metro cuadrado se cotiza hasta en más de 35 mil pesos? ¿Y el capital, por ejemplo, de casas de cambio y fraudulentas “casas comercializadoras” que tuvieron y tienen su apogeo en la Ciudad de México?

¿Quiénes hacen operaciones inusuales en los bancos metropolitanos, según las detecta la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda? Narcotienditas no son.

Si el ex procurador general de Justicia del Distrito Federal y ahora jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, no lo sabe, ¿Cómo lo vamos a saber nosotros? Es cuanto.


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