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En casa del jabonero, el que no cae, resbala

En casa del jabonero, el que no cae, resbala

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Por Mouris Salloum George (*)

El presente artículo se publicó en el número 364 de la Revista Voces del Periodista

EL BURÓ FEDERAL DE INVESTIGACIONES (FBI), cuyo predecesor fue creado en 1908 durante la presidencia de Theodore Roosevelt, es la corporación responsable de una estratégica área de la seguridad interior de los Estados Unidos. Su director, John Edgar Hoover, nombrado en 1924 y con once años de experiencia previa, le dio en 1935 una personalidad propia y su conformación definitiva, Hoover duró en el encargo 37 años; hasta su muerte.

CUENTA LA LEYENDA NEGRA que la supervivencia de Hoover en el puesto, sin que le afectara cambio de partido en la Casa Blanca, se debió a que poseía lo que se conoce como morgue; una bóveda cuyo contenido eran los expedientes de los políticos estadunidenses en activo desde los primeros troncos familiares fundacionales del país.

Corruptelas, tráfico de influencias, adicciones, preferencias sexuales, adulterios, vocaciones religiosas, conductas estudiantiles, etcétera; nada escapaba al instinto de sabueso del jefe policiaco. ¿Quién le podía negar la permanencia en el encargo?

No fueron los políticos los que pararon a Hoover: Empleando sus propias armas, la mafia se encargó de ponerlo en capilla. Fotografías reveladoras de sus apetitos carnales, tomadas en las propias instalaciones del FBI, lo acorralaron.

Voces del Director. Núm. 364

El espionaje como método de disuasión

En México, la opinión pública ignora dos cosas: 1) Cuántos ejecutados yacen en fosas y cementerios clandestinos, y 2) Cuántos esqueletos tienen en el closet los políticos que fueron y los que están en activo.

En el aciago periodo del viejo PRI, las corporaciones policiales y los órganos de inteligencia militar, disponían de su propio observatorio, sobre todo de radicales militantes de izquierda.

Tenían, además, en tenebrosos recintos alternos a los despachos de los comandantes y los agentes del ministerio público, voluminosos expedientes armados para inmediata consignación. Sólo les bastaba llenar las carátulas, nominarlas y enviar a prisión a los detenidos.

Ambas referencias nos sirven para explicar cómo durante casi siete décadas, el PRI pudo aparentar y blasonar estabilidad política. Aun los líderes de las más rabiosas oposiciones al régimen, de repente aparecían como mansos corderos y no pocos enchufados en la estructura de gobierno.

A una generación se le conoció como comunistas Pronasol. Alguno de derecha partidista fue el primer procurador General de la República.

Un político pobre, es un pobre político

Durante el mandato de Carlos Salinas de Gortari, un brillante hombre de negocios del sureste, alcanzó tal celebridad que se le consagró como el empresario joven del sexenio.

Sus detractores le imputaban la gestión financiera de la Iglesia Católica o de la familia De la Madrid, hasta de cárteles de la droga. Lavado de dinero, pues.

Su nominación como joven empresario del sexenio fue promovida por el entonces secretario de Agricultura, el mexiquense Carlos Hank González, a quien se le atribuye la máxima para los bronces: Un político pobre, es un pobre político.

Por esos secretos que tan bien se guarda el sistema, aquel laureado joven empresario cayó de la gracia del gobierno y fue objeto de una cacería internacional emprendida por la Secretaría de Hacienda. El empresario se mueve de nuevo como Pedro por su casa.

Gamboa: Desde donde amigo vengo…

Las primeras crónicas del suceso (otoño 1994) nombraron como presunto implicado al entonces secretario de Comunicaciones y Transportes, Emilio Gamboa Patrón.

Gamboa Patrón es por segunda ocasión senador del PRI: Presionado por la sociedad civil para que allanara la legislación a fin de poner en marcha el Sistema Nacional Anticorrupción, el pastor senatorial se puso a la defensiva: No legitimaremos una cacería de brujas. Es hora de que el Senado se resiste a nombrar Fiscal Anticorrupción.

El asunto viene a tema ahora que el subprocurador de la PGR, Alberto Elías Beltrán, en funciones de encargado del despacho, dictó fulminante cese del Fiscal Especializado en la Atención de Delitos Electorales, Santiago Nieto Castillo.

Se le imputó a Nieto Castillo falta a la secrecía en la indagatoria en el caso del corporativo brasileño Odebrecht, por presunto trasiego de dinero para financiar la campaña presidencial del PRI.

Del martirologio al ridículo

El funcionario convirtió su defenestración en un martirologio. El Senado escenificó una grotesca cena de negros entre los legisladores que condenaban el procedimiento y los que abogaban por el cesadito.

En medio del humo de chinampinas, el héroe se declaró impotente y fatigado: ¡Ahí muere! Renunció a su defensa al sólo aviso de que en su contra se abrieron seis averiguaciones previas. El hombre que se dijo “de leyes”, se rajó, según cabecearon algunos medios impresos.

¿Dónde quedó la razón legal? ¿De lado de Elías Beltrán? ¿Del lado del imputado, quien al final aceptó mansamente la afrenta? ¿Por qué la digirió? Algunos senadores dijeron tener bases jurídicas incluso para objetar al encargado del despacho de la PGR y exigir a la vez su remoción. ¿Dónde quedaron sus argumentos?

Después de una semana de forcejos, la remoción de Nieto Castillo fue sacada de la agenda parlamentaria y se anuncia el nombramiento de nuevo fiscal para delitos electorales.

¿Y la Litis que desencadenó el escándalo?

El árbol que da moras

El mero día de Santos Difuntos, Gamboa Patrón alardeó de que los senadores que abogan por Nieto Castillo le tuvieron miedo a su capacidad para construir mayoría, y expresamente sentenció: El asunto está muerto. (“Bien muerto” dice un comercial de la TV argentina que anuncia un plaguicida.)

Para un gobierno, con independencia se su origen partidista, son políticamente rentables las tácticas y procedimientos de John Edgar Hoover. No es ese el punto.

El punto es que haya políticos que tengan esqueletos escondidos en el closet. Son vulnerables cuando pretenden salirse del huacal. Suele ocurrir.

En un sistema corroído hasta el tuétano por la corrupción, sucede lo que en casa de jabonero: El que no cae, resbala.

Ya lo dijo el célebre priista Gonzalo N. Santos: “¿Moral? Árbol que da moras”.

Todos se apuntan para la zafra.

(*) Director General del Club de Periodistas de México.



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