Espacios del Club de Periodistas

Corrupción: ¿Qué es una Constitución entre amigos?

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Como acomoda esa perversa cuestión, cuando aquí los tres Poderes de la Unión no se dan reposo en el festejo del centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

El título de esta entrega, sin embargo, lo tomamos del ensayo ¿Remedios contra la corrupción?/ Cohecho, cruzadas y reformas, del jurista estadunidense W. Michael Reisman.

El autor cuenta que, en cierta ocasión, el decano de los políticos norteamericanos, George Washington Plunkitt,   introdujo en El Capitolio una iniciativa de ley “flagrantemente inconstitucional”.

Uno de sus pares opositor le señaló al postulante esa deliberada transgresión. Plunkitt le replico: ¿Qué es una Constitución entre amigos?

Reisman ilustra de esa manera cómo personas autorizadas para ejercer funciones de control, llegan a aceptar como lícitos, procedimientos que se desvían del sistema mítico del orden establecido.

Una piedra al tejado de algunos “modelos” periodísticos. Dice Reisman que, durante periodos de cruzadas contra la corrupción, los medios de información se van al otro extremo. “Parecen alimentarse de las patologías sociales, como los buitres de carroña”.

La otra piedra azota los techos de los hombres de poder: “la gente virtuosa rara vez se siente obligada a proclamar su propia virtud. El hecho mismo de que una disciplina se sienta obligada a anunciar una y otra vez su incansable búsqueda de ‘la verdad, toda la verdad y nada más que la verdaddespierta la sospecha de que algo muy diferente está haciendo…”.

Destacamos otro aspecto del ensayo comentado. Afirma Reisman que, cuando el tema de la corrupción alcanza su más elevada curva en la opinión pública, el legislador trata de sacudirse las presiones sociales firmando a granel y sobre las rodillas lo que caracteriza como lex simulata; aquella que se redacta y promulga sin el menor ánimo de ejecutarla.

Parece nuestro autor estar haciendo un retrato hablado de la subcultura legislativa en México. Verbigracia: La cascada de palabras vacías de contenido sobre el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) que, a como va, no se pondrá en vigor en lo que resta del actual sexenio presidencial.

El sentido de la cita de aquella alertadora obra, lo subrayamos porque en México la editó el Fondo de Cultura Económica, empresa de gestión estatal, con especial dedicatoria a los jóvenes mexicanos.

Data esa edición en español de 1981. ¡Que ironía! Es el periodo en el que, en México, empezó a hablarse de la generación perdida. La actual, sobre todo la actuante en la política, llegó a los límites de la desfachatez.

Ya entrados en gastos, nos remitimos a otro ensayo; éste de los académicos e investigadores argentinos, José M. Simmoneti y Julio E.S. Virgolini. Este se titula Del delito de cuello blanco a la economía criminal.

Para abreviar la exposición, sólo destacamos la observación de los autores que encuentran en los países latinoamericanos la proliferación y constelación emergente de una amplia gama de hechos y procesos criminales, a saber: El narcotráfico, los tráficos ilícitos sobre joyas, otros bienes suntuarios, divisas, armamentos; delitos de cuello blanco y otros que se realizan aprovechando las posibilidades creadas por el intervencionismo estatal en la economía.

“Núcleos y redes criminales entrelazan y combinan aparatos, recursos humanos, capitales, tráficos, protecciones, conexiones socioeconómicas y políticas; crecen y avanzan en sus diferentes aspectos y niveles; se retroalimentan y refuerzan mutuamente”, diagnostican los investigadores.

La fotografía de esa hidra también parece reproducir el estado de cosas en México.

La acotación pertinente la abordamos porque aquel ensayo fue reproducido en nuestro país por el Instituto Nacional de Ciencias Penales/ PGR al arrancar la década de los noventa, época en que se inició la era neoliberal comandada por la generación que se autodenominó Del cambio, club exclusivo de los tecnócratas que tomaron por asalto el poder del Estado mexicano.

Entre los apartados de esa obra se analizan la Fuga de capitales, la socialización del perjuicio (II) consistente en la transformación de la deuda externa privada en deuda pública, etcétera.

Para efectos mexicanos, podría aplicarse ese enfoque al proceso por el cual la tecnocracia urdió, primero, el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), que en 1998 transformó Ernesto Zedillo en Instituto para la Protección del Ahorro Bancario (IPAB)

La operada por el Fobaproa era catalogada como deuda contingente. El Congreso de la Unión, al lanzar el IPAB, la convirtió en deuda pública con cargo a los contribuyentes. La socialización de las pérdidas.

En  el tránsito de un engendro legislativo a otro, los plutócratas privados encontraron en ambos depósitos de tripas podridas la manera de desembarazarse de cuantiosos pasivos generados en la quiebra maquinada de entes estatales que les habían sido cedidos, a cambio en muchos casos de papeles chatarra.

¿A dónde mando estos saldos insolutos? A fondo perdido

Rescates bancarios, rescates carreteros, rescates de aeropuertos y puertos y un cúmulo de felonías, han sido financiados y se siguen financiando con subsidios públicos autorizados año con año por la Cámara de Diputados, sin que se logre llenar ese barril sin fondo.

Es posible que, al término de 2017, los pasivos del IPAB alcancen el billón de esos. Dada la cachaza de legisladores y deudores privados, es probable que todo termine por transferirse a la institución más socorrida por los bellacos: A fondo perdido.

Desde el inició de la reprivatización del sistema de banca y crédito en 1990, todo pasó por la Constitución, por la que han pasado también las desnacionalización del petróleo y el despojo de la tierra que fue de propiedad social.

Constitución. ¿Que es una Constitución entre amigos? Nada, sobre todo si es una vieja centenaria que ni en los museos cabe. Es cuanto.


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