Espacios del Club de Periodistas

Un dulce olor a muerte

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

De los grandes estadistas, la Historia es gran maestra. Aprender de ella cuando los demonios se sueltan y toman por asalto la política.

Hablemos de cuatro personajes mexicanos, ligados por el sino de su cuna y de la muerte, en el siguiente orden cronológico: Francisco R. Serrano, Arnulfo R. Gómez, Luis Donaldo Colosio. Fueron asesinados en plena campaña presidencial. El cuarto cataliza la tragedia común de los años veinte: Álvaro Obregón.

Serrano fue masacrado con miembros comitiva electoral el 3 de octubre de 1927. Gómez fue fusilado un mes después. Obregón llegó así, “sin vara”, a su reelección: Fue ejecutado el 17 de julio de 1928.

Viejos compañeros de armas y derrotada su amistad por la pugna presidencial, Serrano y Obregón se encontraron en la ciudad de México. Serrano le propuso a su antiguo jefe militar: “Hagamos un pacto de caballeros”.

El Manco de Celaya le respondió: ¿Caballeros? En la política mexicana uno gana la presidencia; el otro el paredón.

El crimen contra Colosio lo asociamos por su condición de sonorense también y la forma violenta en que fue eliminado en 1994, siendo candidato presidencial del PRI.

Creemos posible que Enrique Peña Nieto tenga en mente nociones de esos crueles modos de hacer “política”. Su tesis para titularse de abogado versó sobre El presidencialismo mexicano y Álvaro Obregón.

Estando en Londres cuando tuvo noticias del asesinato de Serrano, diez años antes de fundar el PAN, don Manuel Gómez Morín escribió, palabras más, palabras menos: En México no se hace política, sino escatología y teratología; no lucha de seres humanos por fines nobles, sino de enfangamiento y corrupción.

¿Qué lecciones han aprendido los políticos mexicanos de aquellas desgarradoras experiencias de hace 90 años?

Algunos viejos priistas recuerdan que, después del asesinato de Obregón, Calles convocó a fundar el Partido Nacional Revolucionario (PNR) para superar la etapa de los caudillos y hacer de México “un país de instituciones y de leyes”.

Habla el poder armado y habla el Poder Judicial; habla la sociedad civil y hablan incluso responsables de los órganos electorales en la perspectiva de la sucesión presidencial de 2018. La preocupación compartida: Las instituciones  se encuentran en grave peligro.

Sólo la acerdada partidocracia no habla de los riesgos para la democracia y para el Estado mismo. Ha convertido los partidos y la vida pública en general en un pantano donde chapotea a sus anchas.

La ciega y sorda partidocracia, en su demencial pugna por el poder, no es capaz de aprender en cabeza ajena. Tan cerca que están los Estados Unidos, donde el régimen presidencial cruje y su titular en tesitura de ser defenestrado, pero aquí se hace de la lucha de los contrarios un ruin combate de canallas.

¿Está la partidocracia en espera de otro Colosio? El tiro le puede salir por la culata.

(*) Director general del Club de Periodistas de México, A.C.


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