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En campaña electoral permanente

En campaña electoral permanente

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

 

Y yo, ¿por qué?”  Esta fue la respuesta que dio Vicente Fox cuando un actor de intereses en conflicto televisivo le demandó su intervención contra una acción de presunto despojo patrimonial.

La atolondrada reacción del guanajuatense se prestó a la guasa y hubo aquél que insinuó que hasta entonces no se había dado cuenta de que se había cruzado al pecho la banda tricolor y era el mero Presidente de México.

Es que, por aquellos días, Fox hacía campaña electoral interna en el PAN para que su esposa, “la señora Marta”, fuera nominada candidata a su sucesión en 2006.

En mérito de Felipe Calderón, que hace ahora lo mismo que Fox, promover la candidatura presidencial  de su esposa Margarita Zavala Gómez del Campo, el michoacano lo hace sin tener nominalmente alguna responsabilidad pública, salvo cobrar su pensión como ex mandatario. Como Fox.

Con tendenciosa malicia, los detractores de Enrique Peña Nieto sugieren que el mexiquense se ocupa más  en continua actividad electoral, que en la atención de su agenda como “Presidente de todos los mexicanos”.

Todo empezó en 1998

Tratando de documentar esa “insidia”, encontramos que, desde al menos 1998, Peña Nieto satisface su vocación como facilitador electoral en incesante galope partidista. Aquel año, fue el coordinador de la campaña para la gubernatura del Estado de México, de su tío Arturo Montiel Rojas.

Al llegar al palacio de Toluca en 1999, “el tío Arturo” nombró a su sobrino, secretario de Administración en su gabinete. Apenas calentó sillón pues, a la vista de las elecciones intermedias, abandonó el encargo para hacer campaña como diputado local.

Antes de terminar el periodo de la legislatura correspondiente, de la que fue coordinador, pidió licencia para acometer una nueva campaña electoral, ahora como candidato a la sucesión de Montiel Rojas.

Desde el mismo 2005, en que arrancó su sexenio, Peña Nieto puso proa hacia Los Pinos. Se convirtió en emblema de las campañas electorales estatales del PRI que, en cada triunfo de candidatos a gobernador, atribuyó el resultado al Efecto Peña Nieto.

De aquella temporada surgió la leyenda de la generación peñista de gobernadores priistas que terminaron sus mandatos entre 2015 y 2016.

Hacia finales 2010, contra la ofensiva interna del entonces senador Manlio Fabio Beltrones para alzarse con la candidatura presidencial de 2012, Peña Nieto fue ya perfilado  como “el hombre” del PRI para rescatar Los Pinos de manos del panista de Calderón.

Dos litigios en el Tribunal Federal electoral

El PAN paró antenas y le generó al mexiquense el primer conflicto en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Los abogados del PAN acusaron al gobernador del Estado de México, “ya candidato en firme” para la campaña presidencial de 2012, de gastar recursos públicos en “promoción política personal”, según argumentaron con base en la difusión en todo el territorio nacional, incluso en estados en campaña electoral, de su último informe de gobierno.

Los indulgentes magistrados electorales federales, a remolque de su par María Elena Alanís Figueroa, exoneraron a Peña Nieto, alegando en su favor que sólo hizo uso legítimo del “nuevo modelo de comunicación política”.

Durante su gestión presidencial, Peña Nieto ha expuesto su investidura, a manera de referéndum, en cada nueva campaña electoral del PRI. En 2016, sin los resultados deseados.

Por segunda ocasión, el caso Peña Nieto llegó en 2017 a instancias del poder electoral jurisdiccional: El TEPJF. Esta vez, por quejas de partidos de oposición por la injerencia del gobierno federal en la campaña priista para gobernador en el estado de México.

Nuevamente, los indulgentes magistrados federales dictaron sentencia (“definitiva e inatacable”) en favor del imputado, casi con los mismos argumentos de seis años antes, referidos ahora a que los subsidios sociales no pueden suspenderse en periodos de campaña.

Las cosas buenas hay que contarlas

Terminó “la veda electoral”, que impone el cese de la publicidad gubernamental en tiempos de campañas. Pero pasó el 4 de junio y los decibeles federales están a la máxima potencia con incesantes spots sobre las cosas buenas que hay que contar.

Es obvio que esas pautas se prolongarán en víspera y después del quinto informe presidencial del 1 de septiembre, mes en que el Instituto Nacional Electoral (INE) pone a caballo los preparativos de la sucesión presidencial de 2018.

Desde 1998. Sí, ya son muchos y continuados años de campaña electoral. Es cuanto.


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