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La economía tamalera, ausente en el TLCAN

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

Si se hace a vuelo de pájaro un trabajo de campo en la zona metropolitana de la Ciudad de México, es fácil sorprenderse de que grupos o personas dedicadas al comercio minorista y talleres de manufacturas o de servicio, no expresen el menor interés en el tema de la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Esos medianos o pequeños emprendedores, la mayoría de asociación familiar, no sienten que los delegados mexicanos en las negociaciones del TLCAN aboguen por sus intereses.

Tampoco saben los consultados de qué se trata el rubro de las variables fundamentales de la macroeconomía, que sólo está en la agenda de los grandes empresarios, sobre todo los dedicados al Comercio Exterior. Esta categoría, sí está en el orden de prioridades de los representantes nacionales en las rondas de negociación del TLCAN.

Ese esquema selectivo-excluyente se documenta con este cuadro: Según encuestas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) existen en México unos cinco millones de unidades económicas.

A Washington viajó una delegación de no menos de 30 personas, escogidas entre los componentes de las cúpulas de hombres de negocios, seleccionados según el ramo de su actividad y su capacidad presión o de negociación con el gobierno. Son los llamados grupos de poder real.

Mueren millón y medio de miniempresas en cinco años

Socios, por ejemplo, de alguna cámara de medianos o pequeños industriales fueron dejados a ver los toros desde la barrera.

Ese fenómeno de exclusión tiene un marcado contrapunto: Los voceros gubernamentales se llenan la boca publicitando el apoyo subsidiario a nuevos emprendedores, pero hacen mutis a la hora de presentar resultados tangibles de esa política pública.

No pueden exhibir resultados satisfactorios. De acuerdo con la citada encuesta del Inegi, en el periodo de 2010 a 215, la mortandad de unidades económicas afectó a un millón 630 mil establecimientos.

Es cierto que aparecen signos de renuevo, encuadrados en el casillero de Pymes, pero una investigación académica reporta que en un lapso de cinco años, nacen y mueren un promedio de 95 por ciento de los nuevos proyectos empresariales que sucumben en el intento.

El otro lado oscuro de esa problemática tiene un origen más inquietante. De la gestión de Vicente Fox se hizo mofa de sus alardes de consolidar la cultura empresarial, pero todo el discurso alcanzó apenas para instituir lo que los detractores llamaron la economía de la tamalera.

Fue la iniciativa foxiana de chagarrizar México, según el lenguaje folclórico del guanajuatense. Los “changarros” devinieron narcotienditas, que hoy están en el centro de gravedad de los conflictos incluso armados por pugnas territoriales y de control de clientelas en el Valle de México.

En esa pintura en blanco y negro, está una síntesis que abona la visión de Fox cuando proclamó un gobierno de empresarios, por empresarios y para empresarios.

Es cierto que en el TLCAN están poquitos, pero el darwinismo social no se puede exorcizar por decreto. Como diría el aspirante a burgués: Todavía hay clases.


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