Los bastardos de Voltaire

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Cuando en este mismo espacio hemos retomado descripciones del hombre económico puro, siempre desembocamos en el retrato de los nuevos Cresos y su estado de locura.

Tenemos a la vista un perfil diferente: El de un personaje que para nada se parece los Rockefeller.

Citamos el clásico apellido neoyorkino, porque nuestro protagonista de hoy también hizo fortuna en el negocio petrolero. Éste es canadiense.

Pero se negó a encerrarse en su cubículo a seguir el vaivén del Índice de Precios y Cotizaciones de las bolsas de valores.

Se dedicó otras cosas más vitales y gratificantes: La Literatura, por ejemplo. Para los riquillos, ricachos y  ricotes, “perdida de tiempo”. Y el tiempo, dicen los londinenses, es oro.    

Corte: Por esta vez, no fusilaremos a Claude Julien y su obra El suicidio de las democracias.

Julien se refirió al tema, poniendo el acento sobre todo en el criminal reparto de la riqueza en los países occidentales que blasonan de sus democracias.

Por dinero, la democracia se anula a si misma

Con el mismo sentido sobre las “democracias suicidas”, nuestro autor plantea que el dinero organiza las cosas en interés de los que lo tienen.

Por el dinero, asegura, la democracia se anula a si misma después de que el dinero ha anulado su espíritu.

Aplica el enfoque al grotesco espectáculo que ahora mismo estamos viendo en los Estados Unidos, con la compra de la Casa Blanca por los socios del republicano Donald Trump.

Pero del Presidente zanahorio ya estamos, literalmente, hasta el copete.

Corremos brevemente el telón sólo para presentar instantáneamente a nuestro protagonista, el exitoso petrolero canadiense: John Ralston Saul. Sobre “democracia” escribió el libro Los bastardos de Voltaire.

La duda existencial que nos abruma, es si alguna reflexión del autor podría adquirir vigencia en México, cuando la Sucesión presidencial de 2018 ha puesto a galope tendido a la manada acéfala.

El INE, al asalto de la Tesorería de la Federación

Hoy, por ejemplo, la pandilla de Lorenzo Córdova Vianello abrió el apetito cuando anunció que para 2018, el Instituto Nacional Electoral (INE) exige a la Cámara de Diputados  25 mil millones de pesos.

¿Será lo mismo que el Ejecutivo pedirá para la Cruzada Nacional contra el Hambre? Lo sabremos el próximo 8 de septiembre.

Está por saberse cuánto pedirá la Suprema Corte de Justicia de la Nación para los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

La “noticia” del INE tiene un contrapunto. Todavía no es “cosa juzgada” el despilfarro de dineral en los estados que el pasado 4 de junio tuvieron elección de gobernador, empezando por el estado de México.

De otro lado, desconocemos cuál es el nivel del fondo de reservas para contingencias del que dispone la Tesorería de Federación, sobre todo ahora que José Antonio Meade confirmó que en 2018 no habrá aumento de impuestos.

La bolsa que exige el INE no es bastante. Los gobiernos de los estados tienen que mocharse con su cuerno para pagar a sus correspondientes consejeros y magistrados, amén de lo que tienen que obsequiar a los partidos políticos.

¿Es necesario el descomunal derroche de los dineros públicos? La pregunta nos parece pertinente, porque en el verano de 2018 son sólo siete magistrados federales los que nombrarán Presidente de México, y recordarlo: Sus sentencias son definitivas e inatacable, además de unánimes.

Vale más que los ciudadanos mexicanos no se enteren que por ahí anda diciendo un ex petrolero canadiense que la democracia se anula a si misma, cuando el dinero anuló su espíritu. Es cuanto.   

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