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Los expertos le llaman publicidad subliminal

Los expertos le llaman publicidad subliminal

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

 

De acuerdo con la normatividad electoral vigente, en dos momentos de campaña deben aplicarse restricciones a los beligerantes: 1) La suspensión de la propaganda gubernamental que pretenda incidir en el proceso y en el ánimo del votante, y 2) “La veda electoral, que da por culminadas las tareas públicas de proselitismo; para el caso, el pasado miércoles.

De esas reglas son sujetos, teóricamente, los agentes del Estado, “las entidades de interés público”, en cuyo catálogo entran los partidos políticos, y  los candidatos mismos.

Particularmente en “la joya de la corona”, como se le llama al estado de México, nadie metería las manos al fuego asegurando que tales imperativos, que tienen que ver con la “equidad democrática”, se han respetado a carta cabal.

Digamos ahora que, en los cuatro estados con procesos electorales en 2017, los partidos de oposición han tomado como bandera propagandística lo que denuncian como desastre económico, profundizado en el actual sexenio.

Es obvio que ese es uno de los mensajes electorales que logra su efecto en el llano, donde habitan las mayorías votantes, que no necesitan que alguien les descubra su realidad socioeconómica.

Esa realidad ha sido visible desde 2015 en que la Secretaría de Hacienda, a raíz de la crisis de los precios petroleros y la baja de ingresos a la hacienda pública, empezó a hacer los primeros ajustes presupuestales que han calado, especialmente, en la actividad productiva y en la política social.

Las tendencias de la intención del voto, captadas y procesadas por las agencias de encuestas, dan cuenta del “humor electoral”.

Los ascensos del doctor Agustín Carstens

Ahora bien: El Banco de México es una entidad autónoma del Estado. ¿Es o debe ser sujeto de los ordenamientos de la autoridad electoral? La pregunta nos parece pertinente a partir de un hecho, a saber:

El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, ya es citado por el Banco Internacional de Pagos (BIS) como presidente de esta institución.

Ello es así, porque el doctor Carstens aceptó en diciembre pasado ese encargo y presentó su renuncia al Banco de México, para hacerla efectiva en junio de 2017. “Alguien” lo convenció de que permaneciera hasta el 30 de noviembre.

En los propios cenáculos bancarios se han preguntado si Carstens tiene la calidad de indispensable y por ello, desde diciembre de 2016, no se ha encontrado al sustituto idóneo.

Algunos padecen daltonismo

El punto es este: La “veda electoral” entró en vigor hace 48 horas: No más actos públicos ni propaganda disfrazada de los beligerantes.

Sin embargo, esta semana el Banco de México ha tomado los espacios de publicidad electorera y de la noche a la mañana empieza a pintar el horizonte sombrío, de color de rosa.

Todavía hace unas semanas, el Instituto Nacional de Geografía y Estadísticas (Inegi) dio a conocer un reporte en el que informa que en el primer trimestre de 2017 el crecimiento económico fue de apenas 0.7 por ciento. Incluso, algunos especialistas hablaron de desaceleración del PIB.

Súbitamente, el Banco de México revisa sus previsiones de 2017 y, desde una base de 1.3 a 2.3, las sube esta semana entre 1.5 a 2.5 por ciento. Cualquier milésima cambia el cuadro del diagnóstico.

Para mayo se dio por hecho que el indicador de inflación (dicho sin eufemismo, la carestía) estaba por superar el 6 por ciento. Repentinamente, el Banco de México avisa que para 2018 el indicador volverá a “converger” en un 3 por ciento; lo cual, dicho sea de paso, se repetía a fines de diciembre pasado para 2017.

Y, la sabrosa cereza en  el pastel: El Banco de México anuncia que el valor de las remesas que envían nuestros compatriotas transterrados a México logró en mayo otro máximo histórico. Las remesas ya superan el alicaído ingreso por petróleo.

Esos mensajes pretenden ser tranquilizantes para la  sociedad del llano. Los especialistas suelen utilizar para algunos efectos el concepto de publicidad subliminal.

Son, esos mensajes del Banco de México, ¿propaganda subliminal para más de 22 millones de mexicanos llamados a las urnas el 4 de junio?

Esa pregunta no puede responderla ni la Comisión de Fiscalización del Instituto Nacional Electoral (INE) que, por su lado, no ve “focos rojos” para el próximo domingo. Hay algunos que padecen daltonismo.  


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