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Marcela de Jesús Natalia

Marcela de Jesús Natalia

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

 

Vestía huipil tejido con amoroso encanto por indígenas amusgos. Conducía un escuchado programa para niños, tarea a la que dedicaba cuatro horas diarias.

Su emisión pasaba por una de las frecuencias del Sistema de Radio y Televisión de Guerrero, una institución oficial.

Ometepec, de la Costa Grande guerrerense, fue el escenario. Terminada la trasmisión, Marcela de Jesús Natalia fue atacada a balazos por al menos dos sujetos que la estuvieron cazando a la salida de la estación.

Dos tiros le asestaron. Uno entró por la boca y salió por una oreja. ¿Qué agravios podía inferir una joven comunicadora que dedicaba su tiempo profesional a los niños?

Obviamente, antes de que se secara la sangre derramada en la banqueta, el gobierno estaba anunciando que se dará con los culpables y se descargará sobre ellos todo el peso de la ley. ¿Dónde hemos escuchado palabras tan comprometidas?

Es absolutamente posible, que el expediente de la averiguación termine en el archivo muerto de la Fiscalía General del Estado, como muchos otros,  porque pronto se abrirán nuevas carpetas de decenas que todos los días se inician para seguir la estadística de crímenes impunes.

Víspera de 7 de junio, Día de la Libertad Prensa, qué pocos motivos de celebración nos quedan.

¿Protección? ¿Seguridad? De lengua me como un plato

Lo preguntamos  ayer al comentar un convenio entre la Secretaría de Gobernación y la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) para dar garantías al ejercicio periodístico:

¿Es posible poner la seguridad e integridad personal y profesional en manos de gobernadores como Miguel Ángel Yunes, Graco Ramírez, Eruviel Ávila Villegas o Quirino Ordaz Coppel?

Tampoco en manos de los gobernadores de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo o, ahora, el de Guerrero, Héctor Astudillo Flores. No importa si son del PRI, del PAN o del PRD. Todos están cortados por la misma tijera.

La impunidad se carcajea a mandíbula batiente. Esa es la marca de la casa, cuyo juez anda en tierras extranjeras dictando lecciones sobre democracia. A otro perro con ese hueso.


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