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¡Mordaza de sangre!

¡Mordaza de sangre!

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

 

¿Por qué se sabe a ciencia cierta, que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) lanzaron sus ávidas mandíbulas sobre México en la década de los setenta del siglo XX?

A estas alturas del partido, la respuesta no puede ser más  obvia: Porque México era un bocado bastante apetecible.  

En el sexenio de Adolfo López Mateos (1958-1964), el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) fue de 47.81 por ciento. En el sexenio de José López Portillo (1976-1982) el crecimiento de la economía fue de 45.98 por ciento. Promedió 6.51 por ciento anual.

Lo más importante, sin embargo, es que en ese periodo de 24 años, el producto per cápita (el reparto del ingreso nacional por cabeza), creció al ritmo del PIB, lo que garantizaba un mercado interno sólido.

Después de que Luis Echeverría cedió a la presión del FMI, que lo hizo firmar la primera Carta de Intención, al gobierno neoliberal de Miguel de la Madrid se le obligó a adoptar la doctrina del schock para arrancar las “reformas estructurales”.

Las expectativas decrecientes de la economía mexicana

Primer resultado sexenal del “ajuste estructural”: El crecimiento del PIB se desplomó a 1.08 por ciento: 0.18 por ciento anual en el sexenio de Miguel de la Madrid

Ya para La docena trágica de los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón (2000-2012), en dos sexenios  se logró apenas un crecimiento del PIB acumulado de 27.31 por ciento (20 puntos porcentuales menos que el logrado en el sexenio de López Mateos). El promedio de crecimiento  económico en esos doce años, fue de 2.03 por ciento anual.

Al correr la era tecnocrático-neoliberal, en el llano se popularizó la figura de  Robin Hood al revés: El que roba a los pobres para darle a los ricos.

El  signo más acusado de las presidencias panista, fue el saqueo de la renta petrolera.

Viviendo entre dos polos

Quiénes nacimos en 1939, crecimos y sobrevivimos, lo hicimos en un primer polo: Lázaro Cárdenas rindió la rebelión armada del general Saturnino Cedillo contra la Expropiación Petrolera decretada un año antes. Ese levantamiento fue sonsacado por los intereses petroleros de los Estados Unidos, apoyados en el interior por algunos segmentos de la clase empresarial.

Llegamos al segundo polo: En 1982, López Portillo decretó la Expropiación Bancaria. En la transición presidencial 1982-1983, la clase empresarial orquestada montó la campaña México en la libertad. Logró que en diciembre de 1982 mismo, De la Madrid hiciera los primeros intentos de revertir la expropiación del sistema de banca y crédito.

El nuevo frente de guerra: Contra el populismo

Entre ambos polos, se da el siguiente fenómeno socio-político: Contra Cárdenas, se levantó la resistencia derechista, acusando a su régimen de comunista. Los sociólogos codifican ahora ese periodo como populista, en los términos en que la Ciencia Política lo analiza y lo define.     

Contra López Portillo se sublevó la plutocracia,  catalogando  su gestión como comunistoide, totalitaria.

El primer gobierno tecnocrático, abiertamente neoliberal; el de Carlos Salinas de Gortari, se dio como primera misión reprivatizar la banca, que en su fase última ha sido extranjerizada. Barrió, además, con los entes públicos.

La autodenominada Generación del cambio -tratando de acreditar el depredador modelo neoliberal-, le dio como soporte a su discurso público el combate al populismo.

En Salinas de Gortari se dio algo como obsesión: Para la campaña sucesoria de 1994, insistió tercamente sobre el candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, con la consigna de que, en su línea oratoria, aplastara al cardenismo; para efectos electorales, encarnado por el hijo de El gran expropiador, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien en 1988 puso en entredicho el triunfo presidencial del ex secretario de Programación y Presupuesto.

Cambio de página para lo que parecería una digresión del tema.

Gobernar con la política de la negación

El salinismo y su Grupo compacto llevaron su arrogancia a un grado de infalibilidad. Al no admitir disidencia, se inclinaron por implantar en México el pensamiento único: El de la omnipresencia y la omnipotencia presidencial.  

En aquella temporada, tanto en el gobierno como en la oposición de derechas, se tomó a título de fe una frase del escritor entonces todavía peruano, Mario Vargas Llosa, que tipificó el régimen mexicano como el de la dictadura perfecta.

Nosotros -perdón si volvemos a conjugar así el verbo, pero pretendemos estas notas como testimonio personal-, nos iniciamos en el oficio periodístico en 1954. Estaba ya instituida, ocho años antes, la Presidencia civilista, inaugurada por Miguel Alemán.

En un primer periodo, recorrimos el tramo hasta las presidencias tecnocrático-neoliberales.

Pues bien: Durante la dictadura perfecta, vivimos una época de relativo respeto a lo que entonces se codificaba como Libertad de Prensa. No es que, desde el poder político o desde los poderes fácticos, no hubiera hostilidad contra los periodistas incómodos, pero las agresiones eran la excepción.  

Recordamos una ácida broma de Renato Leduc: Cuando apareció la radio en México, los locutores se convirtieron en la vanguardia intelectual del periodismo. Veremos más adelante el sentido de esta cita.

Una columna periodística que terminó en epitafio

Estamos colocados en la inauguración del neoliberalismo y frente a la resistencia a escuchar voces discordantes sobre la gestión del Estado neoliberal.

El 28 mayo de 1984 (dentro de diez días se van a cumplir ya 33 años), el diario Excélsior, bajo el rubro Red Privada, publicó un texto con la cabeza: ¿País en venta?

De sus contenidos rescatamos algunas líneas: “Un grupo de empresarios… ha dicho que está dispuesto a comprar ´todas las empresas que opera el Estado´. El gobierno (de De la Madrid) se dice interesado, en principio. De hecho han comenzado las negociaciones.  

Se habla incluso de documentos. Por ejemplo, éste (la base del tema) habría sido leído en presencia de un miembro del gabinete”.

 La revelación informa que esos empresarios formaron una empresa, ya legalmente constituida y se denomina LESA de C.V. (Libre Empresa, S. A, de C.V.)… El Estado podrá participar con el porcentaje conveniente que haga posible la realización de este objetivo.

“… a la reunión con ese secretario de Estado -4 de mayo-, asistieron los señores Emilio Azcárraga Milmo, Alejandro Sada Olivares, Valentín Molina Piñeiro, Emilio Díez Morodo, Abel Vázquez Raña, Guillermo Briones, Juan Diego Gutiérrez Cortina, José Luis Ballesteros, Juan Luis Prieto, Oscar Ortiz Sahagún, Víctor Gavito, Antonio Ariza Alducín, Adolfo del Valle Ruiz, Fernando Senderos, Nicolás Carrancedo, Oscar Uribe, José Miguel Nader, Carlos Laviada, Antonio Macero Bracho, Carlos Autrey Maza, Antonio del Valle Ruiz, Carlos Slim Melo y Félix Cantú Ayala.

Según la minuta de esta reunión, ‘el señor licenciado comunicó que está enterado del memorándum y que la decisión política del gobierno era aceptar la propuesta del grupo de empresarios”.

El 7 de mayo, el grupo debió haber entregado en aquella secretaría ‘una lista de las empresas que consideramos que el Estado podría poner a disposición’…”.

Filtración exclusiva, el mismo 28 de mayo se convirtió en una noticia-bomba que estremeció el universo empresarial y el mundo político: Sería un viraje a la orientación histórica del Estado revolucionario.

El 15 de mayo de aquel año, ocho días antes de la publicación de la columna comentada, habíamos estado en el despacho del autor. Nos comentó que preparaba otro tema referido al tráfico ilegal de armas desde los Estados Unidos, usando la flota de Petróleos Mexicanos, operación en que estarían implicadas corporaciones federales.

El autor de la revelación trascrita, fue el maestro Manuel Buendía Tellezgirón. Dos días después, el 30 de mayo de 1984, fue asesinado.

Parteaguas en la relación Estado-Medios

Don Manuel Buendía se reconocía hasta su muerte como un reportero más, aun cuando había pasado ya por la dirección de algunos medios impresos y había auspiciado sus propias publicaciones.

Ese terrible suceso marcó un parteaguas en las relación Estado-Medios de comunicación. En lo sucesivo, ya nada fue como antes.

La pretendida supremacía de los medios electrónicos sobre los medios impresos, dio paso a una nueva categoría: Los autodenominados “líderes de opinión”, devenidos en cajas de resonancia o bocas de ganso del régimen y de los poderes fácticos

Después de la ejecución del maestro Buendía, se han sucedido en cadena atentados contra la Libertad de Expresión y el Derecho a la Información; lo mismo contra practicantes individuales, que contra instalaciones de empresas editoriales. Se ha acuñado una expresión macabra: La mordaza de sangre.

Por la naturaleza de nuestro oficio, desde 1984 hemos dado seguimiento a la estadística de esos crímenes, hasta los seis perpetrados en 2017.

Los blancos seleccionados para el exterminio

México -sostienen instituciones internacionales especializadas que monitorean el estado que guarda la “libertad de Prensa”-, se ha convertido en uno de los países más peligrosos del mundo para el ejercicio periodístico.

En la revisión de nuestras gráficas, entre las víctimas identificamos a una mayoría de colegas que ejercen su misión en los medios impresos. No las hay de la categoría de los “líderes de opinión”. Es, ésta, sólo una observación metodológica.

En algún texto editorial de los años setenta, del maestro Manuel Buendía Tellezgirón, respecto de los crímenes contra periodistas, denunciaba la indefensión en que se encontraban, desde entonces, los compañeros de provincia, vis a vis con los que cumplen su trabajo en la Ciudad de México.

Los seis asesinatos de los que llevamos cuenta en 2017, y otros atentados contra bienes físicos de empresas editoriales, todos han ocurrido en plazas de los estados mexicanos.

Los primeros párrafos de esta entrega, documentan la evolución del desarrollo económico mexicano hasta que el grupo dominante adoptó tardíamente el modelo neoliberal y porfía en el mismo, no obstante el fracaso de la doctrina del shock y los “ajustes estructurales”.

Aquí sólo hay que contar verdades históricas

¿Qué móvil inspira el exterminio del periodismo libre? La tentación de implantar el pensamiento único, tan común en los regímenes totalitarios.

Se trata, en última lectura, de que el proceso de comunicación social acepte sin chistar verdades históricas que, ni los que las fabrican, se las creen. Es que no entienden que no entienden. Es cuanto.


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