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Entre narcopolíticos y políticos narco

Entre narcopolíticos y políticos narco

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

 

El último director general del Banco de México (Banxico), y primer gobernador cuando se otorgó la autonomía al banco central, fue Miguel Mancera Aguayo. El actual gobernador de Banxico, es el doctor Agustín Carstens Carstens. Ya dimitió para hacerse cargo de la gerencia del Banco Internacional de Pagos, pero fue retenido aquí hasta diciembre de 2017.

La extracción académica de ambos banqueros públicos tiene como alma mater el Instituto Tecnológico Autónomo de México (Itam).

El doctor Carstens registra en su currículum tareas en áreas especializadas del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Hemos tenido contacto con dos egresados del Itam, economistas ambos -un sinaloense y un oaxaqueño- dedicados a la política. Han pasado por la administración pública y la actividad legislativa.

Abusando de cierto grado de confianza, consultamos a esos itamitas sobre en qué casillero, columna o concepto de la Balanza de Pagos se registran los dólares generados  por el narcotráfico; toda vez que, entre las funciones que tiene el Banco de México, está la de captar y esterilizar esos dólares que, a fin de cuentas, pasan a formar la reserva de divisas internacionales.

Por discreción, o por real desconocimiento de esos procesos, los amigos economistas, sorprendidos, no nos pudieron aclarar la cuestión.

Se concretaron a informarnos lo obvio: Que la gestión de la Balanza de Pagos corresponde por ley a la banca central; “la autoridad monetaria”.

La mayoría de los bancos centrales de todo el mundo administra la Balanza de Pagos, conforme un manual del FMI. Los rubros rectores son las cuentas Corriente, de Capital y Financiera.

La Cuenta Financiera es la más sugerente. Maneja flujos de ida y vuelta, pero en el renglón de inversiones atiende la adquisición de valores negociables: Para el caso, bonos y acciones que ordinariamente se trasiegan en el mercado especulativo; esto es, las bolsas de valores.

De los morrales a la ingeniería financiera

Vuelta la página para un ejercicio memorioso. En tiempos idos de los gomeros y los mariguaneros, de Sinaloa por ejemplo, los campesinos de las zonas serranas hacían sus transacciones en líquido.

Periódicamente bajaban a centros urbanos de los valles. Solían acudir a comercializadoras de tractores y refacciones agrícolas. Para pagar las facturas, ipso facto extraían de sus morrales las pacas de dólares que habían atesorado en sus ranchos.

Los que pensaron en un “retiro apacible y digno” lejos de la sierra, confiaron finalmente en las instituciones bancarias. Con escasa escolaridad, eran asesorados por ejecutivos de cuenta o los mismos gerentes de la banca comercial, para que prescindieran de sus desgastadas libretas escolares donde registraban sus movimientos.

Era común ver los  funcionarios bancarios atender a esos clientes en escritorios en los que invariablemente había una gaveta abierta, donde el acreditado depositaba sigilosamente lo que ahora se conoce como moche o diezmo.

Entre los años 70 y 80, al incrementarse el volumen dinerario proveniente de las operaciones con la droga, los propios gerentes de los bancos regionales ampliaron su asistencia para administrar esos flujos mediante ingeniería financiera.

Puesta de moda esa figura, pronto aparecieron directivos de las asociaciones y cámaras empresariales, ofreciendo a los jefes del narco “planes de inversión” en sectores de alta potencialidad y rentabilidad. Surgía la industria alterna: El lavado de dinero. Aquellas bandas rurales entraron a la nueva categoría: La del cártel.

La Asociación de Banqueros de México

La Operación Cóndor de aquellos años, sobre El triángulo dorado Sinaloa-Durango-Chihuahua, provocó la migración de los más pesados hacia ciudades fronterizas del noroeste y, en otro itinerario hacia Guadalajara. Aquí se refugiaron los sinaloenses Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero y Ernesto Don Neto Fonseca Carrillo.

A manera de ilustración, citemos un caso: En Guadalajara, con Caro Quintero hicieron contacto los hermanos Cordero Staofert, dedicados al comercio la automotriz. Hay registros judiciales que informan que cada año Caro Quintero compraba por adelantado los modelos del año siguiente, de preferencia el muy demandado Gran Marquis. Serían obsequios para funcionarios de gobierno y jefes policiacos.

El auge y las ganancias incitaron a esos empresarios y otras firmas jaliscienses a extender su radio de acción a sectores con rentables expectativas: Las franquicias hoteleras internacionales, los desarrollos residenciales y turísticos de clase mundial, etcétera. Una extensión territorial desde la capital tapatía, fue Colima. Al tiempo, Nayarit.

Ahí entra en acción el heredero de un modesto banco regional de corte familiar: El Ganadero y Agrícola de Sonora (el tiempo absorbido por Banpacífico), Arcadio Valenzuela Valenzuela, quien a finales de los setenta escaló hasta la presidencia nacional de la Asociación de Banqueros de México (ABM).

La causa judicial contra los hermanos Cordero dio con el nombre de ese ex presidente de los banqueros,  Valenzuela Valenzuela, como socio en por lo menos cuatro corporativos privados.

Nuevos tipos de banca paralela

Capturados los jefes del Cártel de Sinaloa -los ya nombrados-, la poda condujo a algunos supervivientes especialmente a Chihuahua, Nuevo León, Aguascalientes y Puebla. En Nuevo León, La Sultana del Norte emergió como el más solicitado y eficaz centro de lavado de dinero. El Grupo Monterrey venía a la baja.

En otra vertiente, cuando el sistema de banca y crédito fue sucesivamente nacionalizado y reprivatizado, empezaron a surgir como hongos, especialmente en las plazas fronterizas, las casas de cambio, después identificadas por agencias de inteligencia financiera como las más requeridas lavanderías.

En ciudades del centro, en el Bajío y en la misma Ciudad de México, la modalidad fue una suerte de comercializadoras que aplicaron el sistema de escaleras, pirámides, rosas de la abundancia, etcétera, cuyo atractivo fue el pago de intereses hasta el doble y triple sobre las tasas de la banca comercial.    

Un punto de inflexión en la economía mexicana puede localizarse entre el crack de la Bolsa Mexicana de Valores en 1987 y el inicio de la reprivatización bancaria en 1990.

El clima financiero se enrareció aún más con el maquinado Error de diciembre de 1994 que, so capa de compensar a los más poderosos empresarios mexicanos las pérdidas cambiarias por la devaluación del peso, abrió el cauce a la conversión del Fondo Bancario de Protección Bancario (Fobaproa) en Instituto para la  Protección del Ahorro Bancario (IPAB, actualmente con pasivos por casi un billón de pesos, asumido ya como deuda pública).

No pocos usufructuarios de las estrategias de rescate fueron firmas (algunas casas de bolsa), que adquirieron los bancos reprivatizados con papeles chatarra.

Ese proceso se inserta en el periodo en que, durante el sexenio de Miguel de la Madrid, el crecimiento de la economía mexicana tocó fondo a menos cero en algún ejercicio fiscal.

Paralelamente, el mercado bursátil se fue levantando de la lona en que quedó en 1987. Ahora, el reporte diario del Índice de Precios y Valores viene dando cuenta de nuevos máximos históricos, lo que indica un giro de 180 grados de la economía productiva a la economía especulativa.

TLCAN y las advertencias en El Capitolio

Volviendo a la materia de esta entrega: Cuando en El Capitolio de Washington se desarrollaron audiencias  sobre el Tratado de Libre Comercio, ahora de América del Norte (TLACAN), algunas comisiones legislativas quisieron consultar a agentes privados, algunos académicos y funcionarios de gobierno.

En esas audiencias surgió una advertencia específica: La liberación comercial de la frontera México-Estados Unidos se prestaría como oportunidad a los cárteles de la droga. Se puso en el tapete el Corredor Torreón-Ciudad Juárez (entre Coahuila y Chihuahua). Pronto aparecería el Cártel de Juárez.

Las exorbitantes ganancias del narco

La referencia tiene otra cita: Entonces se dijo en El Capitolio que el negocio de la droga transfería de los Estados Unidos a México unos 17 mil millones de dólares. Hablamos de un dato de 1993.

Démosle marco al tema: Después del segundo espejismo petrolero y su despilfarro que se dio entre finales del sexenio de Vicente Fox y el inicio del de Enrique Peña Nieto, La gallina de los huevos de oro “se fue secando”.

En sentido contrario, se dio otro hallazgo: Ya para 2012, el Centro de estudios Sociales y Opinión Pública de la Cámara de Diputados y otras fuentes especializadas internacionales, multinacionales o privadas, reportaban las siguientes cuentas. Resumimos:

Para entonces, las ganancias  que en los Estados Unidos  deja  el narco, suman unos 196 mil millones de dólares. (1.36 del PIB). El ingreso de ese origen en México, según la Cámara de Representantes norteamericana, sería hasta 29 mil millones de dólares. Otra fuente habla recientemente de 60 mil millones de dólares. (Un equivalente al 5 por ciento del PIB mexicano).

Según esos estudios, los excedentes del narco financian en México otros tráficos: El de armas y personas. Y más: Acaso un 30 por ciento de esos recursos se recicla en la economía formal, una vez aplicado el detergente.

Ya que queda en las penumbras del Banco de México la columna de la Balanza de Pagos en que se registran y esterilizan los dólares del narco, acudimos a otros emisores que reflejan la dependencia externa de la economía nacional.

Narco y remesas como soporte de la economía

Con ilusorio entusiasmo, los hacendistas mexicanos, con datos de 2016, se gratifican con el reporte de que las remesas que envían al país los compatriotas tranterrados en los Estados Unidos, llegan  a los 23 mil millones de dólares por año. Dicen esos hacendistas que las remesas superan ya el ingreso petrolero. Y se quedan tan campantes.

Si el caudal de remesas se suma a las ganancias del narco, estamos hablando de más de 80 mil millones de dólares: Poco menos de la mitad de la reserva de divisas internacionales de la que informa el Banco de México.

El tema del narco empezó por ser un tópico de barandilla policiaca; pasó a ser, expresada en los que estudian sociológicamente los corridos, parte de la cultura en las regiones narcas. Después de previsiones desde los años ochenta, algunas dictadas por la ONU, hasta ahora se reconoce el asunto, como un problema de Seguridad Nacional.

Es problema de Seguridad Nacional, en efecto, porque del capital y los excedentes del narco depende sustancialmente el sistema económico mexicano.

La delgada línea que separa a narcos de políticos

Salvo en ocasiones en que se cuentan los racimos de cadáveres en choques armados de exterminio, con sus correspondientes daños colaterales,  los “líderes de opinión” metropolitanos tocan coyunturalmente la tragedia: Son pugnas internas del crimen organizado por el control de territorios o la suplencia de grandes jefes capturados.

Los periodistas de provincia, que se aplican cotidianamente al trabajo de campo in situ, conocen los entresijos del negocio en cada plaza y distinguen bien quienes son los delincuentes de cuello percudido y los delincuentes de cuello blanco. Por eso los exterminan, al no aceptar la sentencia: Plata o plomo.

En Colombia, donde lo cárteles plantaron su ley, se terminó hablando de los “narcos que se metamorfosearon en políticos y de los políticos en narcos”.  

En ocasión de una premiación en Nueva York, el periodista sinaloense Javier Valdez Cárdenas dijo en su discurso que es muy delgada la línea que separa a los hombres del narco de los hombres del gobierno. Ya no repetirá su denuncia, pero ésta quedó grabada.

Si se extingue el narco, ¿qué será de la economía?

El gobierno de la República todavía no quiere ponerse las pilas. Al menos once gobernadores de los últimos 30 años han sido implicados en relaciones con los jefes de los cárteles. Por decir lo menos. Altos mandos del Ejército también. Empresarios privados, sólo por excepción. Es “el sistema”.

En ocasión del encuentro de los presidentes Miguel de la Madrid y Ronald Reagan, en Mexicali, Baja California, conversamos con un agente de la estadunidense Agencia Antinarcóticos (DEA). “Si el problema y sus responsables”, preguntamos,  “son conocidos por todos, ¿qué explica su permanencia? Y si los liquidamos, fue la respuesta, ¿de qué vamos a vivir?

Si se ataca en serio y se extingue en México la gran empresa del narco, ¿cómo subsistirá la economía nacional? El neoliberalismo no tiene Plan  B. Es cuanto.


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