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No poner la carreta delante de los bueyes

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

Tenemos en siquiatría lo que se diagnostica como evasión. En términos coloquiales, se le llama escapismo.

¿Cuáles son los desafíos de esta hora para México?

Desde el punto de vista internacional, está latente la exacerbación de la crisis del Medio Oriente, acelerada por Donald Trump, cuya demencia la está extendiendo a las riberas asiáticas en el absurdo mano a mano con el régimen de Corea del Norte.

En la aldea global, México no está exento, a partir de aquel cuadrante, de los riesgos de lo que puede desembocar en una Guerra Mundial Nuclear.

Se da, sin embargo, una combinación de factores en el sector externo y el interno.

El escenario lo ocupa, en primer término, la renegociación del TLCAN, en la que la delegación mexicana por fin reconoce el apremio de optar por un Plan B, de lo que se colige el inminente desenlace ya anunciado desde su campaña por Trump: Desintegrar la triple alianza económica, de la que México es el eslabón más débil.

No se pueden echar al mismo tiempo varios fierros a la lumbre. Violentando su tradición diplomática, México ha asumido un papel protagónico beligerante por designios de la Casa Blanca, dispuesta a derrocar el gobierno de Venezuela.

En casa, el gobierno no le encuentra aún, por un lado, la cuadratura al estrecho círculo de la crisis económica y, del otro, al de  la crisis de seguridad pública, vinculante con la de Seguridad Nacional, cuando está en la orden del día la sucesión presidencial de 2018.

Si resulta tremendista hablar de crisis de Estado, lo razonable en cambio sería esperar que el gobierno reformulara su orden de prioridades, enfrentando racionalmente los desafíos de aquí y ahora con agenda propia.

El propio Peña Nieto ha asegurado recientemente que la sucesión del 18 está aún lejana, y que el PRI “no pierde tiempo ante otros partidos”.

Sin embargo, el Presidente se asume partícipe en una enfermiza fascinación que marca el proceso sucesorio: El espectro de Andrés Manuel López Obrador.

Argumenta Peña Nieto que le preocupa que México, en vez de avanzar “como ha ocurrido en los últimos 25 años, se parezca a lo que hoy es Venezuela”.

Tal sería el peligro que encarnaría el presidente de Morena.

Si para la sucesión del 18, “falta mucho todavía”, ¿por qué poner la carreta delante de los bueyes?

En estricto rigor, a los mexicanos del llano les angustia el reto de sobrevivir su  adversa situación el día de mañana. No están en la dinámica de la pugna por el poder: “Primero comer, que ser cristiano”.

Si se trata de poner en orden las cosas, se requiere poner antes orden en la cabeza; poner la acción  sobre lo más importante por encima de lo urgente, que suele ser más que nada una percepción sicológica.

En política, recomendaban los viejos maestros, hay que actuar con “el corazón caliente, pero con la cabeza fría”. Un error de cálculo nos puede empujar a todos al abismo. Aquí no cabe el “sálvese quien  pueda”. La Patria es Primero.


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