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Si no pueden ¡Renuncien!

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Agosto de 2008. Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública (CNSP). Preside Felipe Calderón. En  uso de la palabra, Alejandro Martí, padre de Fernando, secuestrado.

La voz es pausada, pero grave y doliente: Si la vara es muy alta; si no pueden ¡renuncien! pero que no sigan ocupando oficinas de gobierno, que no sigan recibiendo un sueldo por no hacer nada. ¡Eso también es corrupción!

El secretario federal de Seguridad Pública era entonces Genaro García Luna. Por supuesto, no renunció.

Era, aquel año, de inicio de la curva más alta de la barbarie desencadenada por la guerra declarada por Calderón contra el crimen organizado.

Vamos ganando la guerra… aunque no lo parezca

El comandante supremo de las Fuerzas Armadas solía autogratificarse afirmando, vamos ganando la guerra, aunque no lo parezca.

Con esa convicción, el michoacano afirmaba que, lo que resta por hacer, es reconstruir el tejido social.

Era el reconocimiento de que el tejido social se había roto.

El Consejo Nacional de Seguridad Pública llegó ayer a su XL sesión.  Escenario: Palacio Nacional. Preside Enrique Peña Nieto.

Nueve años después de aquel episodio consignado, el Comandante Supremo de las Fuerzas Armada declara: El combate al crimen organizado ha tenido resultados positivos…

El tejido social no ha sido ni siquiera remendado

Pero… si acertamos en la lectura del mensaje presidencial de ayer, el tejido social no ha sido reconstruido.

Aventuramos esa hipótesis a tenor con las palabras presidenciales: En el ámbito local han surgido nuevos retos, como se manifiesta en que parte de los homicidios recientes corresponden al fuero común… 50 por ciento de los homicidios son por fenómenos delictivos locales, por robo, secuestro, pandillerismo, violencia intrafamiliar o contra las mujeres.

Grave asunto. Por lo dicho, existe un empate técnico entre los delitos del fuero común y los del fuero federal; éstos, imputables al crimen organizado, pesar de los “resultados positivos” de su combate.

Cuadrar a modo las estadísticas de la destructiva acción de la criminalidad en México, ¿es suficiente para tranquilizar a la sociedad?

Omisión de la Conferencia Nacional de Gobernadores

Un monitoreo cotidiano de las barras noticiosas de la televisión metropolitana, nos permite calcular que entre 40 y 60 por ciento de tiempo y  contenidos se refieren a reportes de víctimas de la violencia criminal (se incrementan los homicidios con arma de fuego), ya no sólo en los estados sino en la misma sede de los poderes federales: La Ciudad de México.

En la CDMX, el gobierno sigue aferrado a su tesis de que en esta entidad no opera el crimen organizado; se trata de bandas delincuenciales focalizadas en algunas delegaciones, que estamos desarticulando.

Frente al monstruoso drama colectivo, no se vale adoptar la posición del avestruz. La piedra va al tejado de la Conferencia Nacional de Gobernadores, de la que, en la sesión de ayer, estuvieron 30.

Rebasados por “desafíos del siglo XXI”

A fin de cuentas, el propio Peña Nieto admite que, si bien el combate a la delincuencia y el crimen, ha sido de la mayor prioridad, hay que reconocer que el diseño institucional vigente de descentralización de las labores de seguridad, ha sido rebasado por los desafíos del siglo XXI.

¿Del siglo XXI? Por lo que nos consta, desde el sexenio de Miguel de la Madrid, la Secretaría de Gobernación tomó conciencia del problema y un área especializada de esta dependencia empezó a contactar a los gobernadores como primer paso para instituir el Sistema Nacional de Seguridad Pública.

A ese efecto, se hizo la reforma al artículo 21 de la Constitución federal.

Para la segunda mitad de la década de los noventa, se publicaron en México resultados de investigaciones, algunas de expertos extranjeros, que concluían con la advertencia sobre los riesgos de incorporar a corporaciones militares al combate al tráfico de drogas; exponiendo a esas instituciones a los actos de corrupción.

De lo que no quiso enterarse Felipe Calderón

Citamos particularmente ese periodo, porque entonces presidía el Partido Acción Nacional (PAN) Felipe Calderón y aquí subrayamos el hecho de que publicaciones oficiales de este partido dieron cabida a algunos de aquellos ensayos.

Es obvio que Calderón, o no leyó aquellos macizos y alertadores trabajos, o los desestimó como Presidente a la hora de lanzarse a la guerra contra el crimen organizado, cuyas consecuencias hasta la fecha no logran ni siquiera atemperarse; todo lo contrario: Se han exacerbado.

Lo más trágico del balance a 2017, es que el 1 de diciembre de 2012, en el programa de gobierno, se apuntó como primera prioridad, un México en paz.

Resulta absurdo que, en vez de actuar como estadistas, los operadores del Sistema Nacional de Seguridad Publica, extendido al imperativo de Seguridad Nacional, sigan haciendo discursos de campaña electoral. Es cuanto.


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