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Paralelismo de la Revolución Científica y la Revolución Social

EL LECHO DE PROCUSTO Por: Abraham García Ibarra

Abramos fuego con una paráfrasis: Lo que el spot no te da, la honradez no te otorga. Honradez: “Proceder con rectitud e integridad”.

Testimonio personal: Desde hace seis años, nuestra humanidad transita a lomo de cuatro puentes (baipás, dicen los mochos). Esa obra de ingeniería cardiovascular nos la obsequiaron hábiles y profesionalmente responsables cirujanos del Hospital de Cardiología del Centro Médico Nacional Siglo XXI del Centro Médico Nacional del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Podría decirse que ese centro es el motor de una Ciudad Médica, de cuyo complejo forman parte el Hospital General y el Hospital Infantil, en la Colonia Doctores de la delegación Cuauhtémoc, Ciudad de México. Todos, al servicio de una sociedad que no puede pagar los impunes abusos de los hospitales privados, ni con tarjeta de “servicios médicos mayores”.

Viejo símbolo que condensa la política de Seguridad Social tutelada por el Estado, la obra fue emprendida en 1951 por Miguel Alemán Valdés. La entregó al pueblo diez años después el mexiquense Presidente Adolfo El joven López Mateos. Funciona aún, con una potencia multiplicada.

Durante nuestra convalecencia, por la naturaleza de la intervención, se nos recomendó no estar echados. Ocupábamos nuestros días en conocer las unidades de medicina especializada. ¡Qué fascinación!

La atmósfera no puede ser más estimulante y reconstituyente: Puede uno contemplar los murales de Francisco Zúñiga y Luis Nishizawa. Pero hay uno cuyo título sobrecoge: Paralelismo de la Revolución Científica y la Revolución Social. Su autoría es del muralista varias veces preso “por comunista”, David Alfaro Siqueiros.

La primera colonia socialista de América

Primer cambio de página. En nuestras mocedades reporteriles, en 1961 vivimos un momento emocionante: Vimos en carne y hueso al Presidente mexiquense López Mateos.

El mexiquense patriota arribó a Sinaloa descendiendo de la Sierra Tarahumara. Lo había hecho a bordo de un tren del Ferrocarril Chihuahua-Pacífico.

Ese proyecto lo había concebido en la segunda mitad del siglo XIX el utopista estadunidense Albert Kinsey Owen. Sólo diremos que, de sus sueños, quedó la memoria de la Primera Colonia Socialista de América, ahora convertida en el próspero Valle de El Fuerte, en Sinaloa.

El Ferrocarril Chihuahua-Pacífico, conocido por la raza como Chepe, fue privatizado por Ernesto Zedillo Ponce de León. Casi se lo regaló a Ferromex. Pero ahí está: Ofreciendo a los viajeros el bello paisaje de La barranca del cobre y otros alucinantes escenarios.

La conquista del Valle del Fuerte

Ya que andamos por rumbos sinaloenses, nos tocó vivir en 1966, ya con Gustavo Díaz Ordaz, la espectacular y líquida inauguración de la presa de El Mahone, sobre el Río Fuerte, que desciende de la Sierra de Chihuahua. Con sus torrentes que activan una poderosa hidroeléctrica y fecundan el Valle de El Fuerte, se dio impulso al gran desarrollo regional. Ahí está esa gran infraestructura, funcionando con el nombre de Miguel Hidalgo y Costilla.

En 1970 cruzamos desde Campeche hacia Chiapas. Lo hicimos sobre el embalse de la Presa Malpaso, que doma los caudales del Río Grijalva. Se llama en realidad Nezahualcóyolt (nuestro gran poeta indígena). Sigue siendo el soporte del desarrollo del sureste y su producción eléctrica sirve incluso al Valle de México. Hoy aquella región incita el apetito de los buitres petroleros.

A partir de 1974 hemos variado nuestra morada en la Delegación Benito Juárez/ CDMX. Ahí nos asombramos a la vista de la Torre SCOP, sede de la antigua Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.

Los terremotos de 1985 hirieron la estructura arquitectónica de la torre, pero los murales de Juan O’Gorman, Jorge Best y Arturo Estrada siguen iluminando la vista y el espíritu de los transeúntes.

Nomás de los transeúntes, porque los que ocupan dicha torre no tienen ni sensibilidad artística ni mística social. Son los de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), que obedecen al mando de Gerardo Ruiz Esparza.

¿Por qué sobreviven, productivas, las monumentales obras de infraestructura que hemos listado? Porque su proyección, desde el Estado, fue concebida por presidentes populistas que, sin embargo, monitorearon el seguimiento de su construcción y puesta en servicio al través de honrados supervisores con autoridad profesional y ética, so pena de ser cesados.

La Autopista del Sol, de Emilio Gamboa Patrón

Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, ocupó la titularidad de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes el yucateco Emilio Gamboa Patrón.

Gamboa Patrón hizo un mediático festín con la inauguración de la Autopista del Sol México-Acapulco. Un cuarto de siglo después, es hora que esa vía no acaba de satisfacer a sus usuarios que se ven emproblemados un mes sí y otro mes también.

Sobre ese trazo, la SCT licitó a privados la construcción de un paso exprés, a un costo de más de dos mil millones de pesos, que Enrique Peña Nieto y Gerardo Ruiz Esparza inauguraron a bombo y platillo en abril pasado.

Antes, durante la construcción y todavía a principios de julio los lugareños y autoridades menores estuvieron advirtiendo sobre los riesgos de esa obra. La callada por respuesta.

Hace unas horas, ese paso a desnivel devoró un vehículo. Perecieron sus dos ocupantes. “Vamos a investigar y fincar responsabilidades, caiga quien caiga. ¿Y quién devolverá la vida a las víctimas de la falta de supervisión, de la indolencia y la corrupción?

La Autopista Durango-Mazatlán de Felipe Calderón

Desde su sexenio, a Vicente Fox le dio por inaugurar tramitos carreteros y libramientos. En uno de esos actos, en San Luis Potosí, los cronistas dieron fe de un suceso: El asfalto de uno de esos tramitos se fue entre las llantas del convoy presidencial.

A Felipe Calderón Hinojosa, en la perspectiva de la sucesión presidencial de 2012, le dio también por ese tipo de eventos, inaugurando obras inconclusas. Está el caso de la autopista Mazatlán-Durango-Matamoros. Es hora de que los transportistas no pueden llegar a tiempo a su destino por los continuos deslaves que obstruyen el tránsito. ¡Vaya! Ni siquiera se ha pagado la indemnización a campesinos despojados de sus tierras de labor.

En las semanas previas a las elecciones de gobernador en tres estados, Gerardo Ruiz Esparza atosigó a la indefensa audiencia con cientos de miles de spots sobre las maravillosas obras contratadas por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; sobre todo en el estado de México.

Por lo del paso exprés colapsado hace unas horas, se ve a Gerardo Ruiz Esparza con el maquillaje corrido, buscando chivos expiatorios.

No, pues sí, nos quedamos con los Presidentes populistas. Por sus obras los conoceréis. Es cuanto.


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