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Rata de dos patas: ¡te estoy hablando a ti!

Foto amplificada de don Abraham García IbarraEl lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Es de sospecharse que los devastadores terremotos e inundaciones de 2017 han desencadenado el desastre perfecto para darle marco auspicioso al clásico Año de Hidalgo que se inscribe en nuestro sistema métrico sexenal.

Por supuesto, ese marco toma su cuadratura en los planes de reconstrucción.

Partamos de un revelador indicio: La dirigencia nacional del PRI y su colérico titular, Enrique Ochoa Reza, han levantado la bandera de la “donación” de los subsidios públicos asignados a los partidos políticos, tanto de la cuota del cuarto trimestre del año, como la cancelación total de las partidas correspondientes a 2018, según iniciativa en cartera.

El grotesco espectáculo de lavaderos montado hace unas horas en San Lázaro por las diputadas priistas -por equidad de género a ellas las mandó César Camacho Quiroz a armar el borlote-, confirma la señal que estamos tratando de descifrar.

Lo que los expedientes del sexenio nos informan

Pongamos algunas mojoneras a la ruta hacia el Año de Hidalgo.

Ya para mitad de sexenio, el dato no desmentido es que el gobierno disparó la deuda pública a un ritmo de dos mil millones de pesos diarios hasta acumular a la fecha más de nueve billones de pesos de débito. Y la nave sigue en picada.

Las gerencias de la banca comercial deben tener actualizados los estados de cuenta que informan quienes se han beneficiado con la inyección al mercado de dólares de la reserva de divisas, ordenada por el Banco de México  para tratar de evitar la especulación con el billete verde movido al alza por su apreciación frente al peso.

Aunque hubo sólo una ligera insinuación hace algunos meses, no se sabe a ciencia cierta si el gobierno ya le ha estado capando la cochi al crédito flexible que puso a su disposición desde hace años el Fondo Monetario Internacional (FMI) por más de 180 mil millones de dólares.

Las representaciones más activas del poder civil calculan que a nuestros días la corrupción tiene un costo cercano ya al billón de pesos.

Esos datos, sin embargo, son de la especialidad de los expertos en las variables fundamentales de la macroeconomía.

En el estremecido e inundado llano

Echemos un vuelo de pájaro sobre el llano.

Sólo para ilustrar el asunto, tomemos una referencia: Desde la semana pasada, se anunció que a la primera etapa de reconstrucción se destinarían  38 mil millones de pesos, especialmente al ramo de vivienda e infraestructura de servicios públicos.

Al corte del martes pasado, se reportó que ya se llevan aplicados a ese fin cuatro mil 79 millones de pesos.

Un aspecto nos faltaría por precisar en sus montos. Alguna información se refiere a las previsiones financieras del IMSS, el Issste; Infonavit y Fovissste para “la causa”.

El recordatorio obligado, es que el presupuesto anual  ordinario y las reservas de esas instituciones se forman con las cuotas que aportan trabajadores, empleados, burócratas y patrones, en cuyo caso un porcentaje lo suscribe el gobierno.

El régimen de Seguridad Social es una variante del sistema comercial de Seguros. Los titulares propietarios de esos fondos son, pues, los cotizantes; no el Estado. Es cosa de revisar la ley. ¡Cuidarse de hacer caravana con sombrero ajeno!

Planea sobre el llano el espectro del Plan Nuevo Guerrero

Ahora bien: Al darse a conocer que para la reconstrucción de Oaxaca y Chiapas se tienen previstos, de entrada, siete mil millones de pesos, se especificó que los que perdieron sus viviendas dispondrán de inmediato de 120 mil pesos.

Intentemos una pequeña y arbitraria ecuación: 120 000 X 2 000: Igual a 240 millones de pesos.

Operación menor, lo aclaramos,  sólo como un ejemplo: Si la colocamos a precios de entre 2014 y 2016, esa suma de 240 millones de pesos es la que está perdida en la oscura caverna del populismo en el atribulado estado de Guerrero que no logra exorcizar los impactos de los huracanes Ingrid y Manuel.

Es la que equivale al costo de dos mil viviendas que, según damnificados guerrerenses, no se han entregado a pesar de que al Plan Nuevo Guerrero se destinaron más de 78 mil millones de pesos, a decir de las Cuentas Públicas de la Federación.

Y todavía no tenemos Fiscal anticorrupción.

Pequeñas magnitudes, forman una gran magnitud, nos enseña la experiencia. ¿Qué garantiza, conociendo el paño, que en Oaxaca, Chiapas, otros cinco estados y la Ciudad de México, no vayan apareciendo esas pequeñas magnitudes?

Después de todo, entre los burócratas federales ahora responsabilizados de la gestión de recursos para la reconstrucción impuesta por los terremotos, aparecen los mismos que tuvieron vela en el Plan Nuevo Guerrero.

Uno desearía, frente a la tragedia nacional, hacer del lado las suspicacias, pero fue el secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña, quien nos puso en guardia al advertir que es de miserables pretender capitalizar el esfuerzo humanitario viendo la mano del gato electorero en tan elevada misión. Tiene más sentido esa advertencia cuando la hace un presidenciable.

Lo que pesa en la actual dolorosa circunstancia, es el rostro del Año de Hidalgo. Y todavía no se nombra al Fiscal anticorrupción. Es cuanto.



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