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TLCAN: El destino ya nos alcanzó

Foto amplificada de don Abraham García IbarraEl lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Ayer, el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) de la Bolsa Mexicana de Valores perdió su piso de 50 mil puntos y el peso se enrumbó sobre los 19 frente al dólar. Ya de la cotización del crudo, no hay nada que esperar.

Las agencias calificadoras internacionales pusieron el semáforo mexicano a parpadear. La incertidumbre es el signo.

Lo que ocurre con los gobernantes de México es que son de reflejos retardados: Del arribo al capitalismo tardío brincaron tardíamente a la globalización comercial. Ésta ya estaba en proceso de ajustes.

Fatal: La cláusula de terminación automática del Acuerdo

En el primer sexenio neoliberal se proclamó el lanzamiento de México a las Ligas Mayores. La caja de bateo fue el todavía entonces codificado como Acuerdo Trilateral de Libre Comercio, hoy aclimatado como Tratado (TLCAN).

Ayer mismo, los medios estadunidenses especializados en economía y finanzas, revelaron que Washington había introducido en la cuarta ronda de renegociación del TLCAN, la cláusula de terminación automática “del acuerdo” en cinco años.

De hecho, desde hace más de un mes, el secretario de Comercio del gobierno de los Estados Unidos, Wilbur Ross había enviado la primera señal sobre esa intención.

Para entonces, el gabinete económico de Enrique Peña Nieto todavía confesaba, exultante, que no era necesario un Plan B ante las amenazas que, desde su campaña, lanzó Donald Trump.

Meade bien puede nadar de muertito

El miércoles pasado, el canciller Luis Videgaray salió con la baladronada de que México es más grande que el TLCAN.

Ayer, el secretario de Hacienda José Antonio Meade se apropió de esa máxima, pero ya tenía las maletas listas para ir a pedir audiencia al Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

La deducción oficiosa de los medios aquí, fue que el titular de Hacienda viajó de urgencia a consultar a los perros guardianes  sobre la inminente crisis que profundizará el derrumbe del TLCAN.

Pero el súbito viaje tiene en el trasfondo otra implicación política: Meade es el gallo del FMI para hacerse cargo de la gobernación del Banco de México, cuando todavía el PRI deshoja la margarita sobre la nominación de su candidato presidencial.

México, dicen los del gabinete económico peñista, “es más grande que el TLCAN”. Las bases de ese dicho son, objetivamente, precarias.

Muchas firmas y pocos resultados

Serían sólidas, si tuvieran como soporte el medio centenar de tratados de libre comercio que México ha suscrito con otros tantos países. No lo son, porque esas opciones permanecieron inexploradas, manteniendo el intercambio comercial con el exterior atado al mercado de los Estados Unidos.

En estos mismos espacios, desde que en mayo se anunciaron las negociaciones sobre el TLCAN, quedó constancia de la advertencia de que Canadá buscaría su mundo aparte. Esta semana, el primer ministro Justin Trudeau, lo confirmó.

A México, el destino lo alcanzó. Ya pueden los tecnócratas neoliberales seguir cantando himnos al triunfalismo inane. El que paga los platos rotos por su arrogancia desde 1994, es el pueblo mexicano. Y esto sí calienta. Es cuanto.



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