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Qué verde era mi milpa

Qué verde era mi milpa

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

 

Al corte de 1994, en sus tres etapas denominativas, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) tenía en el haber de su balance, desde 1929: 12 elecciones presidenciales, 24 elecciones de legisladores federales, 360 elecciones de gobernador y 54 mil 600 elecciones municipales, ganadas todas.

El santo y seña del PRI, era El invencible. En 2000 fue echado de Los Pinos. Resucitó en el poder presidencial en 2012. A 2017, controla menos de la mitad de los gobiernos de 32 entidades federativas; en las cámaras del Congreso federal no logra mayoría calificada para una reforma constitucional.

Catastrófica política de alianzas

En 2000, el PRI fue solo en la pugna por la presidencia de la República. En 2006 ya necesitó vejigas para nadar: La encontró en el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Volvió a perder Los Pinos.

En este sexenio, el renacido PRI amplió su nómina de bules para nadar: Contrató, además del Verde, a Nueva Alianza (Panal), cuya franquicia fue otorgada por el Instituto Federal Electoral (IFE) a la lideresa del SNTE y ex secretaria general del CEN tricolor, Elba Esther Gordillo Morales. Para 2017, logró la adherencia del indescifrable Partido Encuentro Social (PES).

Antes del próximo 1 de septiembre, en que el presidente Enrique Peña Nieto rinda su quinto informe “del estado que guarda la nación” (¡!), el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) habrá sentenciado ya sobre los resultados del pasado 4 de junio.

Se sabrá entonces si el PRI acertó o no en su política de alianzas electorales, aunque hay avances analíticos que indican que nadie le arrienda las ganancias.

Los partidos políticos también mueren por suicidio

Uno podría suponer que, previo al informe presidencial, en agosto, en su asamblea nacional, el PRI procederá a un profiláctico ajuste de cuentas con su propio e inmediato pasado, para trazar su carta de navegación para 2018.

Esa suposición se basa en un presupuesto político a partir de lo que hacen los partidos históricos que han pasado por el poder y empiezan a sentir la repulsa de los votantes, y aun de sus propias bases sociales. Algunos sobreviven, aunque sea como chatarra.

Desde las elecciones federales intermedias de 2015 y las devastadoras de 2916 en 14 entidades federales, corrientes internas tricolores habían venido demandando la asamblea nacional para corregir el rumbo. No se les atendió.

Esas corrientes replantearon su exigencia cuando apareció en la dirigencia nacional Enrique Ochoa Reza. No se les atendió: El 4 de junio, el PRI y sus aliados mordieron el polvo.

¿Rectificar estrategias? De aquí a agosto parece imposible. Ochoa Reza actúa como si el 4 de junio el PRI hubiera logrado carro completo.

Lo que el clásico advierte para los Estados, vale para los partidos políticos: Cuando mueren, no se requiere la autopsia; mueren por suicidio. Suele ocurrir.


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