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La espectacular arquitectura de la estación científica que Brasil inaugura en la Antártida

BRASIL, 15 ene.- Diseñar una estación científica en el lugar más frío del mundo, la inhóspita Antártida, es todo un desafío arquitectónico. ¿Cómo proporcionar el confort humano necesario ante unas condiciones climáticas tan severas? ¿Qué edificio es el ideal? ¿Cómo se transportan los materiales?

Ocho años después de un incendio que devoró la antigua base brasileña y que dejó dos soldados muertos, Brasil inaugura este miércoles la nueva ‘Estación Antártica Comandante Ferraz (EACF)’.

Se trata de un complejo de color verde botella y alargado, con una superficie de 4.500 metros cuadrados y elevado a más de tres metros de altura en la playa de Bahía de Almirantazgo, en la isla de Rey Jorge, en el archipiélago de las Shetland del Sur.

Con una inversión de 99,6 millones de dólares y una capacidad para 64 personas, la nueva estación se ha construido en el mismo lugar que la antigua, que llevaba el mismo nombre y fue instalada en 1984.

“Es muy diferente a la otra, que era más improvisada, apoyada en el suelo con containers de la década de los 80, sin mucha planificación previa y en condiciones muy distintas a las que tenemos hoy”, comenta a RT Emerson Vidigal, que dirige el despacho de arquitectura Estudio 41, encargado del proyecto.

Para lograr una infraestructura que cumpliera con todos los requisitos, en 2013, el equipo conversó con las personas que vivirían en la estación: la Marina Real, encargada de la logística y manutención del lugar, y el grupo compuesto por científicos e investigadores.

“Lo más importante es que el edificio no es solo un abrigo, debe tener un confort térmico, es muy diferente a un edificio en cualquier otro lugar”, comenta Vidigal. 

Los arquitectos tuvieron en cuenta también el trabajo de campo que realizan los científicos y los materiales que trasladan hasta los laboratorios.

La nueva estación ha incrementado el número de laboratorios de cuatro a 17 –14 internos y tres externos– y están equipados para atender las múltiples necesidades de la comunidad.

El refrigerador más grande

La Antártida, recuerda el Fondo Mundial para la Naturaleza  (WWF), se ha convertido en uno los ‘laboratorios naturales’ más importantes del mundo y, por ello, unos 5.000 científicos e investigadores trabajan allí, a pesar la hostilidad del clima. 

Esta organización enfatiza en que el ‘refrigerador más grande del mundo’ no solo nos ayuda a comprender el cambio climático, sino que cuenta con un “archivo único” para saber cómo ha sido el clima del planeta durante casi un millón de años.

En 1959, con el Tratado Antártico, los países firmantes acordaron destinar el continente blanco a la investigación, aunque ya en 1904 operaban estaciones como la de Orcadas, entonces una precaria vivienda construida en 1903 por la expedición escocesa dirigida por William Speirs Bruce, en la isla Laurie.

Con el paso de los años, las construcciones han ido evolucionando en las denominadas “pequeñas embajadas”. Las primeras edificaciones fueron tipo “casas”, generalmente de madera, o “containers”, fáciles de transportar, pero con el tiempo se han ido innovando las estructuras para hacerlas más funcionales y eficientes, al tiempo que se modernizan y se presta más atención a la estética.

Estaciones como la belga Pincess Elisabeth, la inglesa Halley VI, la coreana Jang Bogo o la danesa Living Iceberg se caracterizan por unos diseños muy futuristas.

Las obras

Debido a las duras condiciones climáticas, las obras de la nueva ‘Estación Antártica Comandante Ferraz (EACF)’, que comenzaron en 2015, se realizaron en el período antártico de verano, entre octubre y abril. Las llevó a cabo la constructora china Corporación Nacional de Importaciones y Exportaciones Electrónicas de China (CEIEC), tras ganar la licitación internacional. 

Sus cimientos han sido diseñados para soportar vientos de hasta 200 kilómetros por hora, suelos congelados y terremotos, y sus estructuras de acero tienen sistemas de detención de incendios. Un tercio de la energía que consume proviene de fuentes renovables producidas por placas solares y turbinas eólicas. También cuenta con un sector de tratamiento de residuos.

La fabricación y premontaje de la estación se realizó en China, y después fue desmantelada para ser transportada en barco hasta el continente antártico.

“Intentamos hacer el edificio los más prefabricado e industrializado posible. Cuanto menos obras tuviésemos que hacer sobre el terreno, mejor”, explica Vidigal. 

Este miércoles, el vicepresidente Hamilton Mourao, el ministro de Ciencia y Tecnología, Marcos Pontes, y el de Defensa, Fernando Azevedo e Silva, entre otros, participarán en la inauguración de esta estación, que en los próximos años aspira a convertirse en una referencia arquitectónica en el continente helado. 

 

 

 

VP/CIENCIA/PG

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