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La sucesión presidencial vista por Cruz Carranza

Enrique Pastor Cruz Carranza

A fuego lento

Por Enrique Pastor Cruz Carranza

Dicen los clásicos y profundos conocedores que en la vida y en la política, casi nada es fruto de la casualidad, sino parte de un proceso de acontecimientos y de sus naturales consecuencias, donde el tiempo y el momento juegan su parte vital para los efectos que se pretenden obtener, sin que a ello se anexen los también denominados factores imprevistos, de no menos importancia.

Este miércoles 22 de noviembre no fue una jornada cualquiera en la dinámica para ir dándole forma a la sucesión dentro del PRI; de nuevo en “Los Pinos” y donde el “voto de calidad” -resurgido después de tres sexenios, sin tener validez para efectos de las nominaciones- con Enrique Peña Nieto pareciera retomar su tradicional rito del dedazo a favor del MEJOR POSICIONADO EN EL ANIMO del presidente en turno.

Dos hechos causan un interesante cúmulo de muestras de fuerza, poder y debilidades, a partir de dos acontecimientos casi simultáneos y -manifestarían los expertos en las intrigas y loas palaciegas- que pueden definir el curso de la sucesión presidencial.

Fueron situaciones contrastantes. Por un lado, en la cancillería mexicana, hubo un “madruguete”,  por parte del influyente amigo del yerno de Donald Trump, el cada día menos discreto  Luis Videgaray Caso, a favor de su indiscutible prospecto, el titular de la Secretaria de Hacienda y Crédito Público,  José Antonio Meade Kuribreña, quien trae los blasones en muy alto nivel dentro de todos los niveles financieros nacionales e internacionales del modelo neoliberal y del aún no reconocido PRIAN.

Teniendo como proscenio el evento “México: perspectivas económicas”, y ante casi todo el cuerpo de diplomáticos, al presentar al ponente  Meade Kuribreña, Videgaray lo calificó de “ponente de lujo”, dando pie a que la política dentro del PRI adquiriera temperaturas de fusión y creando un ambiente casi natural de “destape”, con la premeditación, alevosía y ventaja de ser considerado el predilecto del sexenio.

Narran las crónicas de medios y redes esos treinta minutos, donde Meade presumió los logros de la administración de Peña Nieto, evadiendo todo cuestionamiento sobre aspectos como la inseguridad, violencia, corrupción, impunidad y crímenes; haciendo, también, oídos sordos sobre la sucesión inminente a su casi nominación dentro del, ahora, nuevamente fiel y disciplinado tricolor.

Osorio Chong en el Senado. Foto: Senado de la República
Osorio Chong -segundo de izquierda a derecha- en el Senado. Foto: Senado de la República

El contraste a tanta alegría y buenos augurios se vivía el mismo día en la sede del Senado, con la comparecencia del Secretario de Gobernación y también aspirante en lucha, Miguel Ángel Osorio Chong.

Los reclamos, descalificaciones y nivel se volvieron contra la administración presidencial y, para poder salir airoso de tanto petardo, el ex gobernador de Hidalgo hizo acopio de toda su capacidad política y de diálogo, mostrando una sobriedad fundamental para estos casos.

No es exótico que otrora destacados beneficiarios del sistema dictatorial perfecto, antes de la alternancia del 2000, fueran los encargados de lanzar misiles en contra del titular de la SEGOB, para reprochar el espionaje a Defensores de los Derechos Humanos y Periodistas, sin mostrar un ápice de vergüenza.

Tal fue el caso del senador Manuel Bartlett Diaz, tristemente célebre por su acto de fraude electoral en 1988, precedido de aquellos vergonzantes crímenes de los periodistas Manuel Buendía y del ex Gobernador de Yucatán, el periodista y escritor don Carlos Loret de Mola, “accidentado” después de su libro “QUE LA NACIÓN ME LO DEMANDE”, y del cual su hijo, el maestro Rafael Loret de Mola, tiene mucho que seguir reclamando al ex Secretario de Gobernación, que entregaba credenciales de la dependencia al narcotraficante  Rafael Caro Quintero y anexos.

Increíble, la mediocridad de respuesta a quien se asume como defensora de la colega Carmen Aristegui y olvida los sucesos en Campeche cuando por un editorial en el periódico “Tribuna de Campeche”, que fue fundado por padre, don Carlos Sansores Pérez, la entonces aspirante a Senadora del PRI, Layda Sansores Sanromán, abofeteó públicamente, amenazado de muerte al columnista Profr. Rafael Barrera Ortegón, solo por señalar su locuaz, histriónico y tradicional   comportamiento en su columna dominical “Expediente”.

Ningún reclamo con relación al crimen del líder maderero campechano Armando García o del rivereño Javier Aguillón, durante el sexenio de su amigo, el hoy embajador en Paraguay, Fernando Eutimio Ortega Bernés. ¿Complicidades obligan? 

Indiscutiblemente las cosas deberán quedar resueltas en muy pocos días.

Pronto sabremos si en realidad, el denominado “Primer Priista” logra nominar a su sucesor, o ha quedado rebasado por quienes antes que cante el gallo tres veces, ya lo están cafeteando

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