Voces del Periodista Diario
Editorial Juan José Agustin Reyes Rodriguez Opinión Voces del Periodista Edición 404

Tierra, naturaleza y humanidad

Festejos, conmemoraciones, protestas y reflexiones, expresadas con motivo del Día Mundial de la Madre Tierra, establecido por la Naciones Unidas el 22 de abril desde hace 50 años.

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Juan José Agustín Reyes Rodríguez

En prácticamente todo el planeta se realizaron expresiones y loas por la Madre Tierra. A 50 años de instituida esta celebración nos encontramos con situaciones dramáticas e impactantes de la tierra.

LA INTENCIÓN DE INSTITUIR días mundiales, no sólo de la Madre Tierra, la Pacha Mama, sino también de los bosques, del agua, del ambiente y prácticamente de todos los elementos de la naturaleza, han quedado como buenos deseos y en celebraciones fastuosas, excepto este año por la pandemia del Corona Virus o COVID-19, con derroches de buenas intenciones, algunas acciones a nivel comunitario y personal y desde luego, de publicidad.

EN TORNOde los temas ambientales, de la tierra y de la naturaleza, se han firmado Convenciones internacionales, Congresos mundiales, Comisiones y comités intersecretariales, así como legislación nacional y local y organismos internacionales como el Programa de las Naciones Unidas (PNUD) y el Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente (PNUMA), como los más representativos. Además, se han creado innumerables organizaciones no gubernamentales (ONG), con programas serios y objetivos claros, que son contadas, así como una gran mayoría de ONG dedicadas a lucrar con estos temas ambientales.

Violación de derechos de los pobladores

Por otro lado, hay una creciente manifestación de pueblos originarios y no, colectivos sociales y comunitarios, académicos, investigadores y simples ciudadanos, que están organizándose para luchar por sus territorios, su agua, sus bosques y en general por sus recursos naturales. Esto ocurre por el despojo de esos recursos que se han dado con los megaproyectos de pseudo desarrollo, que si bien traen beneficios al país en su conjunto, más beneficios reciben los dueños de esos mega proyectos que devastan tierras y bosques, desaparecen pueblos tradicionales y ha habido una clara violación de los derechos humanos de los pobladores que habitaban esos territorios, con secuestros, amenazas y asesinatos de los líderes que denuncian y tratan de impedir esos despojos.

Hemos visto como se construyen presas hidroeléctricas, devastación de selvas para la ganadería, pérdida de bosques por el crecimiento anárquico del aguacate, millones de hectáreas concesionadas para la minería a tajo abierto, crecimiento urbano a costa de tierras agrícolas altamente productivas, industrias cerveceras y embotelladoras altamente consumidoras de agua, vertimiento de aguas residuales, tóxicos, plásticos y basura a los arroyos, ríos, cuerpos de agua y océanos, que en estos últimos hasta islas de plástico se han formado en el Atlántico.

A 50 años de la instauración de este Día Mundial de la Madre Tierra, encontramos una tierra herida, contaminada, con la naturaleza devastada, con megaproyectos que siguen en proceso a costa de la destrucción de la naturaleza.

Entre el desarrollo y la destrucción

¿Qué es un Megaproyecto? Un amigo me comentó que habría que definir que es un Megaproyecto y por eso lo hago en este paréntesis. Mega es un prefijo del sistema internacional de unidades que significa un millón. Viene del griego que significa grande. Proyecto es idea de una cosa que se piensa hacer y para lo cual se establece un modo determinado y un conjunto de medios necesarios (Wikipedia).

Los megaproyectos que se han hecho en el mundo y en México, normalmente son atentados contra la naturaleza, en nombre del progreso. Si bien es cierto que la humanidad ha requerido de beneficios del desarrollo, vemos que los beneficiarios han sido los que tienen la capacidad económica de pagar los servicios que se han generado con ese desarrollo, mientras que el grueso de la población mundial no alcanza los mínimos de bienestar humano.

Los megaproyectos normalmente ocupan miles de hectáreas para su instalación y muchos miles más para su distribución, como son, por sólo dar un ejemplo, los megaproyectos hidroeléctricos que además de la superficie que ocupan en las áreas inundadas, también está la destrucción de vegetación forestal de miles de hectáreas más que ocupan sus líneas de trasmisión.

Además de la devastación que hacen los diversos megaproyectos, que suman millones de hectáreas, hay inversiones o gastos de miles de millones de dólares de cada uno, por lo que se les conoce como los megaproyectos. En realidad, deberían llamarse Gigaproyectos o Teraproyectos, en términos digitales.

La Madre Tierra se ha manifestado en contra sobre el trato que la humanidad le ha estado dando. Terremotos, huracanes, tsunamis, volcanes y otros, son manifestaciones naturales, pero que seguimos sin entender los mensajes claros que nos está dando. Los terremotos que ha habido, que se miden en escala Richter desde 0 al 10, ha habido algunos que han llegado a 9.5, como el que destruyó parte de Chile en 1960 y queda registrado como el más grave, es uno de los miles o millones que se han presentado en la tierra. México está en una zona altamente sísmica, que registra miles de microsismos diariamente y cada cierto tiempo se manifiesta con intensidades superiores a los 6 o 7 y más puntos, como los ocurridos en la capital del país y la costa del pacífico en 1985 y 2017.

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Covid-19 y el cielo claro

Estos mensajes de la naturaleza, no los hemos querido entender con claridad. Se han destruido ciudades y pueblos enteros que irresponsablemente se han construido en zonas de alta sismicidad y lejos de evitar construir sobre las ruinas, insistimos en volver a retar a la naturaleza, construyendo con “técnicas antisísmicas” desarrolladas por los brillantes ingenieros, sin considerar que no es suficiente, porque la condición sísmica sigue latente.

Otra manifestación de la inconformidad de la naturaleza, son los ciclones, huracanes, tifones y tsunamis, que son cada vez más frecuentes, intensos y devastadores. Desde luego que también otra manifestación son los volcanes activos y los que se están despertando, que con sus impactos por cenizas, lavas y temblores, causan alarma en las poblaciones, teniendo que ser evacuadas en numeroso casos.

Pero no son las únicas manifestaciones físicas de la tierra; por ciclos se ha manifestado biológicamente, con las bacterias, hongos, insectos y viruses, como el que agobia actualmente a la humanidad: el Corona Virus, COVID-19 aparecido en China a finales del año pasado y esparcido por el mundo.

Lo que la humanidad actual está testificando es algo impensable como cielos claros, mares con menos basura, animales silvestres en las calles de ciudades importantes y jardines de las casas.

La naturaleza nos da nuevamente una señal muy clara. Si la humanidad se encierra en su casa, baja el volumen de tránsito en las calles, vacía las playas de turistas, elimina los contaminantes a la atmósfera, a los ríos, a los océanos y al suelo, reduce y elimina los incendios forestales, detiene la devastación de bosques, selvas, humedales, semidesiertos, reduce la explotación industrial y agropecuaria de los acuíferos, reduce o elimina los agro tóxicos, entonces la Madre Tierra nos vuelve a sonreír.

Ha habido declaraciones sobre el origen del COVID-19, si fue implantado en China por Estados Unidos, o se creó artificialmente en laboratorios americanos o italianos; si el origen fue por la zoonosis transmitida por el Pangolín, los murciélagos o víboras que son alimento para mucha de la población china. Hay muchos estudios previos que señalan que ese virus lo crearon desde 2015 en laboratorios americanos y patrocinado por la industria farmacéutica, así tener los ingresos por la venta de vacunas que elaboren próximamente y los medicamentos necesarios que sean utilizados para la cura de la enfermedad que está causando este virus.

Capoteando el Corona Virus

Ya sea que el COVID-19 fue creado artificialmente o una manifestación de la naturaleza, lo que hemos visto es ese poder de resiliencia que tiene la tierra, para reponerse de los impactos de las fuerzas naturales y la mano del hombre. Hay varias investigaciones que demuestran que el hecho de estar devastando la vegetación forestal, obviamente el primer impacto es sobre el hábitat de la fauna silvestre, que por siglos ha convivido con bacterias, insectos, hongos, viruses y otros microrganismos que están en equilibrio, cuando esa fauna silvestre tiene sus fuentes de alimentación, reproducción y abrigo. Los bichos que tienen los animales silvestres son parte de su vida cotidiana.

Cuando se elimina el hábitat de la fauna, áreas forestales, se rompen las cadenas tróficas, se empiezan a perder los equilibrios de la fauna con la micro fauna y empiezan la enfermedades trasmisibles de los animales al hombre, o sea las zoonosis. Esta ha sido la historia no aprendida de las pandemias que han azotado a la humanidad y seguimos cayendo en los mismos errores fatales. Ahora estamos capoteando al Corona Virus. ¿Mañana que otra pandemia tendremos?

No se ha querido reconocer en las políticas públicas de México y de muchos países la importancia que tienen los bosques, selvas manglares, semidesiertos y demás vegetación forestal, para mantener el equilibrio ecológico del planeta. Se hacen las celebraciones, como esta del Día Mundial de la Madre Tierra, del Bosque, de la Áreas Naturales Protegidas, del Agua y demás, con grandes pompas, discursos, conferencias, pronunciamientos políticos y al día siguiente todo sigue igual. No hay compromisos de políticas públicas que estén asociadas a programas, proyectos y presupuestos que aterricen acciones concretas de restaurar a la naturaleza y sobre todo evitar que se siga destruyendo con esos megaproyectos, más que ser de desarrollo son de devastación de recursos naturales y despojo de territorios a los pueblos originarios y los mestizos. Hay que reconocer que a nivel local, especialmente en las áreas urbanas, hay mucha conciencia para evitar más daños a nuestro entorno inmediato, lo cual es loable pero no es suficiente.

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Desarrollo vs equilibrio

Esta destrucción de la naturaleza, de seguir como vamos, nos llevará a verdaderas pandemias sociales, ambientales y económicas. En México vemos lamentablemente como se resguardan recursos presupuestales para seguir con megaproyectos, algunos de los cuales pueden ser necesarios, pero otros atentan directamente contra la naturaleza, sin ser indispensables, como son el Parque Ecológico Lago de Texcoco, El Corredor Transístmico de Tehuantepec, que impactará unas de las selvas más importantes de América Latina y el Tren Maya, entre otros. Otra vez se cae en que los costos ambientales y económicos son para la sociedad y las utilidades son privadas.

Es necesario replantear aquellos megaproyectos que son un atentado directo contra la naturaleza y contra la población. El desarrollo no debe ser destrucción, sino el equilibrio entre los aspectos sociales, económicos y ambientales, que respeten la naturaleza.

Es fundamental hacer cambios en la Constitución y a las leyes Forestal, de Aguas Nacionales, General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, Minera, Reforma Agraria, Energía, Petrolera y otras entretejidas de tal manera que han permitido de manera estratégica y ordenada la entrega de los recursos naturales y servicios estratégicos, a la iniciativa privada nacional y extranjera, para revertir esas reformas antipatriotas hechas desde 1992 y que siguen vigentes hasta la fecha.

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Redacción Voces del Periodista

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