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La crisis del coronavirus y la crisis de Bolsonaro: ¿Quién manda en Brasil?

BRASIL, (RT), 9 de abril de 2020 .- La pandemia de coronavirus también afectó al sistema político brasileño, donde crecen las tensiones entre Jair Bolsonaro, su entorno militar y su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, además de su articulación con el Congreso Nacional. En diálogo con Sputnik, dos politólogos responden: ¿el Gobierno de Bolsonaro está en riesgo?

En su paso por Brasil, la pandemia de COVID-19 no solo multiplica infectados y suma fallecidos. También dejó un tendal de frases y comparaciones absurdas por parte del presidente del país, Jair Bolsonaro, y una tensión política que incluso pone en cuestionamiento su continuidad.

El enfrentamiento entre Bolsonaro y su ministro de Salud Luiz Henrique Mandetta, la acumulación de poder del jefe de la Casa Civil, el general Walter Braga Netto, y las gestiones paralelas de la mayoría de los gobernadores ante la pandemia dieron pie a las interrogantes sobre en qué medida Bolsonaro mantiene el poder en Brasil.

Consultada por Sputnik, la politóloga argentina Yanina Welp señaló que Bolsonaro “ya tenía un poder muy relativo” antes de la crisis del coronavirus, producto de haber llegado al Gobierno “con un partido pequeño que tampoco era propiamente dicho su partido” —el Partido Social Liberal (PSL)— del que también se distanció.

Welp sostuvo que Bolsonaro “no supo capitalizar” el poder que logró al convertirse en presidente debido a que no buscó generar acuerdos con otras formaciones políticas con representación en el Parlamento, algo clave en un sistema tradicionalmente multipartidista como el brasileño.

La politóloga, coordinadora de la plataforma de análisis político Agenda Pública, describió la estrategia de Bolsonaro a partir del concepto de ‘unilateralismo administrativo’ acuñado por la politóloga brasileña Magna Inacio: “Deja que el Parlamento apruebe leyes pero luego, por la vía del decreto y su implementación, las transforma sustancialmente”.

Esta manera de proceder es la que, según la especialista, condujo a Bolsonaro hacia un enfrentamiento con el Congreso brasileño que abonó la movilización del 15 de marzo pasado, apoyada extraoficialmente por el mandatario.

Carlos Oliveira, politólogo brasileño, compartió con Sputnik una explicación de por qué la relación entre Bolsonaro y el Parlamento aún no ha estallado: “La figura política más importante en Brasil hoy, desde del punto de vista de llevar a cabo la agenda de proyectos y la negociación política en sí, es el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia”.

Según Oliveira, Maia —pertenece al partido de centroderecha Demócratas— “ha sido muy hábil al no caer en las provocaciones de Bolsonaro, que critica constantemente al Congreso” y al llevar adelante una estrategia de evitar confrontaciones institucionales pero “contrarrestando sus discursos (de Bolsonaro) con cuidado, diplomáticamente”.

“En resumen, el Presidente de la República actúa más en respuesta a las iniciativas del Congreso y no induce la agenda. Se parece más a una figura decorativa y no lleva a cabo procesos políticos en el país”, sintetizó Oliveira.

Coronavirus en Brasil: la pandemia en el pandemonio

Para Oliveira, la crisis desatada por el coronavirus configuró un contexto político en el que “los gobernadores, los alcaldes y el Congreso son los principales protagonistas”.

El politólogo graficó el papel lateral de Bolsonaro con un dato de la agenda del mandatario: “Rara vez se lo verá reunirse con políticos o líderes importantes del país. A menudo hay reuniones con ministros alineados con él, como Abraham Weintraub (ministro de Educación) pero en raras ocasiones hay encuentros con el ministro de Salud”.

“Es un presidente que, desafortunadamente, no se muestra como un líder, no empuja al frente. Está aislado”, concluyó.

Welp advirtió que la situación se ha vuelto “muy tensa” alrededor de Bolsonaro, especialmente porque “parece claro que ha dejado de ser una figura potable para casi todo el mundo”. La analista aclaró que por el momento “la información es muy incompleta y sobre todo muy turbia” desde la interna del Gobierno pero mencionó que el vicepresidente Hamilton Mourão “se están reuniendo y están discutiendo opciones”.

Según Welp, Mourão podría ser una alternativa para asumir una presidencia provisional mientras dure el estado de excepción que amerita la pandemia y mientras no se convoque a nuevas elecciones. Eso siempre y cuando exista una salida “forzada” de Bolsonaro, puesto que “nada parece indicar que vaya a hacerlo por propia decisión”.

Oliveira apuntó que Mourão aparece en la política brasileña de hoy como “una voz más reflexiva” que Bolsonaro, logrando calmar las aguas tras los exabruptos del presidente que “actúa mucho pensando en sus ‘fanáticos'”. La polémica por la utilidad del ‘aislamiento social’ —que según Bolsonaro debía ser solo para los pacientes de riesgo—, es un ejemplo claro de eso.

“Bolsonaro salió a la calle, habló con gente popular, participó, incluso, en una protesta convocada por sus partidarios, exactamente al comienzo de la campaña ‘quedarse en casa’. El vicepresidente, inmediatamente después, habló públicamente de que la recomendación del gobierno será mantener el aislamiento social. Entonces, me parece que Mourão cumple un rol de racionalidad, mientras el presidente continúa hablando con sus fanáticos”, explicó.

Otra figura de importancia es la del jefe de la Casa Civil (una especie de jefe de Gabinete) Braga Netto, aunque la versión que lo colocaba como un “presidente operacional” que desplazaría a Bolsonaro en las decisiones sobre la crisis sanitaria no se comprobó. Oliveira lo definió “una especie de bombero, para calmar los espíritus” que, indicó, tuvo un papel clave en el diferendo entre el presidente y el ministro de Salud Mandetta.

Mandetta, ¿nuevo líder político en Brasil?

Es precisamente el ministro Mandetta el que está teniendo “un ascenso meteórico por su acción frente a la pandemia de coronavirus”, analizó el politólogo brasileño. Según Oliveira, la crisis sanitaria puso en primera plana las condiciones políticas que Mandetta demostraba desde que era un diputado poco conocido. Oliveira destacó que, en este contexto, el ministro ha recibido reconocimientos desde el periodismo, la academia e incluso desde partidos de oposición como el PSOL (Partido Socialismo y Libertad).

“Ha crecido mucho y, hoy en día, es el personaje político y técnico más destacado para enfrentar la crisis de salud. Eso debe haber enredado con el ego del presidente Bolsonaro. Él, en mi opinión, perdió la oportunidad de poner a Mandetta, liderar, estar en la primera línea. Sin embargo, con sus conjeturas en la cabeza, no pudo entender completamente lo que debía hacer y, en cambio, comenzó a rivalizar con su propio ministro, cuya credibilidad y confianza está en aumento en la mayoría de la población”, interpretó.

Bolsonaro finalmente no concretó su intención de despedir a Mandetta. Además de la influencia de su entorno militar para mantener al ministro en el cargo, puede haber pesado que solo un tercio de la población “más bolsonarista” hubiera apoyado esa decisión. Un electorado que “no es suficiente para garantizarle la reelección o la fuerza política para enfrentar problemas más serios como, por ejemplo, un proceso de destitución, ahora poco probable”.

Mientras tanto, y aún con la incertidumbre rondando su puesto, el analista destacó que Mandetta “se convirtió en uno de los grandes nombres de la política brasileña actual”. En ese marco, consideró que “cualquier final para él parece bueno: si lo despiden, sale como un héroe; si no, también continúa bien porque muestra que el presidente no puede despedirlo”.

¿Bolsonaro puede caer?

Welp remarcó que Brasil es un caso destacado de un proceso —caracterizado por la politóloga argentina Rut Diamint— de ‘remilitarización’ de los sistemas políticos de América Latina , donde “ya no tenemos que temer tanto un golpe tradicional porque los militares ya están en puestos clave del Gobierno”.

El contexto de pandemia hace que los militares estén “ganando prestigio” en algunos sectores medios de la población. En contrapartida, las fuerzas armadas pierden aceptación en los sectores más vulnerables que “son objetos de la represión que estas cuarentenas habilitan”.Welp aclaró que, de acuerdo a los indicadores que tradicionalmente utilizan los politólogos, “Brasil continúa siendo una democracia”. Sin embargo, advirtió que “el declive es muy marcado y en este contexto podría ser peor”. En ese sentido, apuntó que “la calidad de la democracia sí está en riesgo”, lo que debería “aumentar las señales de alarma”.

Para Oliveira, lo mejor para Brasil es que Bolsonaro pueda cumplir su mandato porque una salida anticipada del mandatario “sería como echar gasolina al fuego”. De todos modos, reconoció la imprevisibilidad del futuro cercano, en el que, sin mayoría en el Congreso y con una popularidad en caída, el presidente se encuentra más expuesto.

VP/INTERNACIONAL/AA

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