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Tormenta empeoró situación en márgenes de la Presa Tacubaya

Por Jacqueline Ramos Rodríguez

CIUDAD DE MÉXICO (Notimex) 02 de septiembre de 2018.- Tras la tormenta más fuerte de la temporada que se registró hace tres días, empeoró la situación de las familias que viven en los márgenes de la Presa Tacubaya, en la delegación Álvaro Obregón, de esta capital.

Y es que la tormenta trajo una gran cantidad de basura de todo tipo, montones grandes y pequeños se apreciaban por todos lados, mientras que un olor fétido rápidamente se introducía a los humildes hogares que fueron construidos con ladrillo o adobe y techos de cartón, lámina y asbesto.

A las afueras de una pequeña casa color verde, decorada con una corona navideña, se apreciaba un colchón tendido al sol para secar el agua que se filtró tras el pasó de la tormenta.

Entre los vecinos, a los que nos les gustan los extraños, estaba Susana Huerta, quien desde hace un año vive en los márgenes de la presa. “Ví cómo empezó a subir poco a poco el agua, hasta tronó la barda (enfrente hay instalaciones del Estado Mayor)”, recuerda.

Dice que en su casa llegó el agua casi hasta la mitad. No obstante, los cinco adultos y mismo número de niños que ahí viven se acostaron a dormir a la espera de que en la madrugada bajara; ya en la mañana, mencionó, antes de salir a trabajar “había puro lodo”.

Alrededor, montones de botellas, plástico, aluminio, un sillón arrumbado formaban parte de la basura que ahí prolifera y que aumentó con la tormenta, que para Huerta ha sido única: “nunca había visto una lluvia así en mi vida”.

Sinaí, su vecina de 10 años, está temerosa de una nueva tromba. El viernes otra vez hubo lluvia y granizo, dice, pero ya no volvió a subir el nivel de la presa.

El agua se dejaba correr por el río Tacubaya y algunas maderas soportaban partes de barda que podía caer justo enfrente de sus casas, separadas una de la otra por enormes montañas de tierra que son parte de las excavaciones que se hacen para el Tren Interurbano México-Toluca.

A pesar de la suciedad que trajo la lluvia a este lugar, la devoción que hay hacia distintos credos sorprende pues de una manera modesta se ha dispuesto de un pedazo de tierra para colocar cruces católicas de distintos tamaños.

El olor empuja a salir e invita a hacerlo rápido, atrás se quedan los tendederos con ropa, las cortinas de pedazos de telas diferentes, los juguetes que adornan fachadas.

Una escalera larga y maltrecha es la entrada y salida de este lugar. Al subir, justo en el escalón más alto, José Torres, vecino del lugar, comparte: “el día de la lluvia el agua casi me tumba. Me agarró justo aquí. Alcancé a llegar a mi casa.

No soy damnificado. Sólo me mojé mis piecitos y mis pantaloncitos. Me fue bien afortunadamente. La presa se llenó en serio. Estuvo feito. Hace mucho que no pasaba esto.

“Luego supe que un amigo que vive en el sur tardó tres horas y media para llegar a su casa desde el trabajo. Aquí el agua hasta tiró la barda de los soldados y esa no creo que la hayan hecho de papel. Esas personas cuentan con todos los elementos necesarios”, narra sobre ese día en que el cielo parecía que caía.

VP/Metropolitana/EZ

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