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¿Qué perderían México y el mundo con el maíz transgénico?

CIUDAD DE MÉXICO, 1 de mayo de 2018.- Las corporaciones biotecnológicas pretenden expropiar y transformar el maíz porque pretenden convertirlo en una mercancía que les garantice ganancias en los mercados agroalimentarios globales, exponen las investigadoras Adelita San Vicente Tello y Areli Carreón García.

En el artículo titulado “La disputa por el maíz”, publicado en el libro Haciendo Milpa¹, argumentan que mediante la inserción de genes y el uso de técnicas patentadas, se adquieren derechos privados que transforman al maíz en una propiedad.

Cuando comprendemos la dimensión del objeto en pugna  empezamos a entender las razones de esta guerra. En la actualidad, el maíz es el grano que mayor producción tiene en el mundo; es el producto que -después del petróleo- está presente en el mayor número de onjetos: alimentos, pañales, medicamentos, etc.; es el cereal más utilizado para llevar a cabo experimentos con transgénicos; por su gran  adaptabilidad, es el cultivo ideal para el cambio climático; además, es la base  de la alimentación de millones de latinoamericanos y africanos. Incluso recientemente se utiliza para expresar fármacos y sustancias industriales.

Agregan que las semillas tienen la capacidad de resumir la vida, la historia y el conocimiento. Afirman, también, que el maíz es codiciado por la industria biotecnológica no sólo por sus características botánicas y sus ventajas en el uso y  potencial de producción, sino que es el eslabón estratégico para apropiarse de toda la cadena productiva del maíz y, en última instancia, de todo el sistema alimentario global.

San Vicente Tello y Carreón García alertan en el sentido de que las empresas que trabajan con organismos genéticamente modificados, como Monsanto, se han relacionado con organizaciones como la Confederación Nacional Campesina (CNC), del PRI, y que han tenido el apoyo de personajes como Enrique de la Madrid Cordero (actual Secretario de Turismo) y de ex legisladores sin ética, como Ulises Adame.

Frente a la voracidad corporativa, es importante ocupar todos los espacios y resquicios legales para la defensa de la alimentación como bien común. La experiencia nos ha demostrado que ningún esfuerzo ciudadano, por pequeño que parezca, es deleznable.

Por ello, apuntaron, es necesario mantener, fortalecer e incrementar el cultivo de maíz en manos mexicanas. “La forma más sencilla de contribuir a este esfuerzo es comprando y consumiendo maíces nativos producidos por indígenas y campesinos.

Agregaron que será labor de las organizaciones y los ciudadanos interesados en defender al maíz frente a las políticas neoliberales de agrocidio.

Nota:

¹Álvarez Buylla Roces, et al. Haciendo Milpa. La protección de las semillas y la agricultura campesina. México: UNAM y Semillas de Vida. 2011. Páginas 17 a 21.

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