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2018: ¿La última elección presidencial libre?

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Para decirlo con más propiedad: La única elección presidencial libre en México en 107 años. En abono de Enrique Peña Nieto, vale acreditarle el rechazo a la sugerencia de apoyo que le hizo telefónicamente Donald Trump, para que buscara su reelección en 2018. Existe constancia grabada.

Arrancamos por el principio: La ciencia del conocimiento humano y, sobre todo, la Ciencia Política, demuestran que las democracias, al alcanzar cierto grado de desarrollo, experimentan una transformación gradual y adoptan el espíritu aristocrático, y en muchos casos las formas aristocráticas, contra las cuales habían antes luchado antes con tanta fiereza.

Al final del día, esas democracias emergentes, después de una era de gloriosos combates y de un poder sin gloria, acaban por fusionarse con la vieja clase dominante. (Roberto Michels dixit. Lo suscribimos.)

Primero, reforma política; lo demás vendrá por añadidura

Degustado el ácido entremés, una segunda ilusión: Todavía, a mediados del siglo pasado, cierta corriente del pensamiento libertario mexicano creía que lo fundamental era lograr la reforma política. Lo demás, sostenía, vendrá por añadidura. La añadidura sería la democracia sustancial, la económica.

En 1977-1978 se dio a los mexicanos la Gran Reforma Política. Un Pacto Obrero-campesino bregó a los pocos meses por la reforma Económica Integral. Ahí se paró el reloj democrático.

Ese reloj se desquició en 1988 con la primera usurpación del poder presidencial contemporánea. De lo que seguimos con una acotación valorativa.

Características fundamentales del Protectorado

El Derecho Internacional reconoce una figura: El Protectorado. Se trata de un convenio entre dos Estados soberanos. Obviamente, uno más soberano que el otro.

El otro Estado tendría autoridades propias, pero, por ese acuerdo, cede “voluntariamente” básicas competencias en materia de diplomacia y seguridad al Estado protector.

Sobre la soberanía nacional del Estado protegido sólo quedan flotando ciertas partículas residuales de autonomía. No más.

A partir del sexenio que se inauguró en 1988, la emergente tecnocracia neoliberal empezó a ejecutar una astuta estrategia con base en concesiones poselectorales en los estados fronterizos del norte, a cambio de que los nuevos gobiernos locales consintieran en la anexión de la economía regional a la del sur de los Estados Unidos.

Esa estrategia cobró forma tangible en la firma del primer acuerdo comercial, al que el Senado mexicano le dio rango de Tratado cuando en el Congreso estadunidense aún debatía sobre esa definición conforme al Derecho Internacional.

Tratado: Moneda única y Fuerzas Armadas comunes

En El Capitolio y en los medios de comunicación estadunidenses a ese instrumento se le sigue conociendo por sus siglas NAFTA, que contienen el término agreement: Acuerdo, convenio o contrato.

No es asunto de mera semántica: Tratado impone, entre otras formas, moneda única en curso en los Estados firmantes y, ¡agárrense de las manos! Fuerzas Armadas comunes. Esto se sabía desde 1993.

Para efectos prácticos, después de que México fue puesto a remolque del acuerdo comercial vigente ya entre los Estados Unidos y Canadá, el original TLC, transformado en “Tratado” de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), significó para el Estado mexicano su inserción en una especie de Protectorado.

Dos ominosos signos fueron visibles desde entonces: El Estado mexicano ya había concedido a sus socios su vértebra económica: El sistema de banca y crédito y las primeras áreas estratégicas y prioritarias productivamente. Había legislado también la contrarreforma agraria

En el TLC, secretamente México introdujo la cláusula de los hidrocarburos. Ernesto Zedillo, en la crisis desencadenada por el maquinado error de diciembre de 1994 embargó la factura petrolera como garantía de pago del salvataje coordinado por la Casa Blanca.

No se quiso poner en la agenda el libre tránsito de mano de obra

Un clamor social de lúcidos mexicanos fue desoído deliberadamente: Libre comercio e inversión, sí, pero ¿por qué no también libre tránsito de la mano de obra?

Era, desde entonces, un imperativo categórico. Este es el punto: La aplicación de las políticas de shock, santo y seña del modelo neoliberal, ya estaban generando en México un galopante desempleo.

Hasta en defensa propia, los negociadores mexicanos del TLC debieron abogar por mínimas garantías para nuestra mano de obra emigrante. No lo hicieron. Lo han hecho mejor en favor de los trabajadores mexicanos los negociadores canadienses.

Autorizados economistas mexicanos que piensan por sí mismos, advirtieron, desde la gestación del TLC, aquello de las economías asimétricas. Tampoco se les escuchó.

A los veinte años de implantación del TLCAN, para 2017 ya era una sentencia sabida que Donald Trump retiraría a los Estados Unidos de ese instrumento.

Retorno a la economía de la depresión y la crisis actual

El tanque “pensante” de Enrique Peña Nieto permaneció montado en su macho. No sólo: Pujó por la incorporación de México al Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica, un proyecto plus diseñado a sabor por los usufructuarios reales de la globalización. No hay peor sordo que el que no quiere oír.

Veinte años, dijimos: Ya era un hecho de que la economía mexicana había resultado la más golpeada en ese periodo. México permanecía, permanece, estancado; para no decir en cada libre: La economía mexicana ha descendido en una década ocho escalones en la escala mundial.

En 2008, el estudioso estadunidense, Paul Krugman fue galardonado con el Premio Nobel de Economía. Una de sus obras especializadas, es El retorno a la Economía de la Depresión y la crisis actual.

Ha sido Krugman uno de los acusadores más pugnaces del TLCAN. Volvió a la carga en octubre de 2017: Es el sector productivo rural mexicano el que más ha pagado los costos del libre intercambio comercial en la región, porque los tecnócratas mexicanos siguen sin voltear su mirada hacia otras.

Delegados mexicanos que participaron en la negociación del TLC en 1993-1994 fueron y continuaron como negociadores en Washington en los dos recientes años. Senadores, al menos uno, que avalaron el original TLC, acaban de sancionar el T-EMC.

Los poderes legislativos de los Estados Unidos y Canadá mantienen en suspenso la sanción al nuevo instrumento. ¿Qué ocurrirá si introducen en el T-EMC cambios sustanciales? ¿Qué harán, en esa eventualidad, los triunfalistas mexicanos?

Tratado, mandato ineludible: La Seguridad Nacional

Una de las asignaturas básicas de un Protectorado, es el tema de la Seguridad Nacional. México ha aceptado operar como tercer país seguro. Ya militariza la frontera sur, como Washington ha militarizado su propia frontera con México.

La primera generación de tecnócratas mexicanos entregó la soberanía económica. Nos desmayamos ahora si las calificadoras extranjeras nos bajan o nos niegan el grado de inversión.

Los tecnócratas de hoy, que se autodenominan posneoliberales, entregan la soberanía diplomática, expresión consustancial de la política interior.

El Protectorado autoriza a que el Estado protegido se dé sus propias autoridades. Como lo consignamos en párrafos anteriores, en 2017 Trump se dijo dispuesto a facilitar la reelección de Peña Nieto. Peña Nieto desestimó la oferta.

Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal, ¿delegados plenipotenciarios?

¿Podrían hacer lo mismo el canciller Marcelo Ebrard Casauban y el presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Ricardo Monreal Ávila, primeros que se apuntan para conducir la cuarta transformación en 2024, cuando eventualmente Trump esté en ejercicio de su segundo mandato?

Repetimos con Roberto Michels: Las democracias emergentes, cuando han alcanzado cierto grado de desarrollo, se transforman y adoptan el espíritu y nos pocas veces se asimilan a las formas aristocráticas del grupo dominante al que combatieron antes con tanta fiereza. Es una suerte de contratransformación.

¿Esperaríamos así que la única elección presidencial libre en 107 años se reproduzca en 2024? Es cuanto.  

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