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2018: Una elección marcada por el enigma

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

El gran enigma que mantendrá “en el filo de la butaca” al respetable -entre la noche del 1 de julio y posiblemente hasta la última semana de agosto-, no será quién ganó la elección para presidente, ni a quien querrá Enrique Peña Nieto heredarle la banda presidencial.

La gran incógnita -operación algoritmo aparte- radica en las forma en que, primero los consejeros electorales federales, y más tarde los magistrados, sacarán al buey de la barranca.

Los expedientes hablan

En 2000, los consejeros presididos por José Woldenberg facilitaron la tarea al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. En 2006, encabezados por Luis Carlos Ugalde Ramírez, pusieron “bola franca” que bateó la insospechable autoridad jurisdiccional. En 2012, Leonardo Valdés Zurita  hizo lo propio, sin siquiera despeinarse.

En las dos últimas fechas, los probos magistrados actuaron por unanimidad, actitud que se prestó a que algunas investigaciones académicas sostuvieran que, sobre la razón jurídica, primó la sinrazón política.

En los entremeses de las campañas presidenciales de 2018, consejeros y magistrados se liaron en un round de sombra. Los primeros se pronunciaron por dar al público tendencias de la votación la misma noche del 2 de julio con base en algunos sondeos preliminares.

Los magistrados objetaron tal decisión. Los consejeros matizaron el procedimiento.

Las definiciones en las tres sucesiones anteriores

En 2000, en el cuerpo a cuerpo entre Vicente Fox y Francisco Buenaventura Labastida Ochoa, el  pacto en el corredor de la pugna, con terminal en Los Pinos, estaba cantado en favor del guanajuatense.

El propio Labastida declaró recientemente que a él no le ganó Fox, sino el ex presidente Ernesto Zedillo Ponce de León.

En 2006, entre Felipe Calderón, Roberto Madrazo Pintado y Andrés Manuel López Obrador, el desenlace se perfiló desde que el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Mariano Azuela Güitrón desayunó en privado en Los Pinos para maquinar el desafuero del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Después de conocida la sentencia definitiva e inatacable del Tribunal Electoral federal en favor del michoacano, Fox proclamó su segunda campaña presidencial triunfante consecutiva.

En 2012, desde los días de primavera, Josefina Vázquez Mota se dijo víctima de fuego amigo desde Los Pinos. Para efectos prácticos, daba por descontada su derrota. La magistrada María del Carmen  Alanís Figueroa, desde un año antes tenía comprometido su voto por ya saben quien.

En 2000, la apuesta estaba dada entre el PAN y el PRI. Seis años después, entre estos dos partidos y el PRD. Los mismos actores se enfrentaron en  2012.

Nueve partidos, tres frentes y una candidata independiente

El enigma de estos días consiste en que en la lid aparecen nueve partidos nacionales diluidos en tres frentes, algunos de ellos  con  adhesión de partidos locales; y la independiente ex panista Margarita Zavala Gómez del Campo.

Es del dominio público que, tanto en el Instituto Nacional Electoral como en el Tribunal Electoral, el PRI, al través de sus bancadas en ambas cámaras del Congreso de la Unión, colocó con anticipación visibles y leales caballos de Troya.

La cuestión es que, según ejercicios concentrados de resultados de encuestas sobre la intención del voto, el candidato de Todos por México, a remolque el PRI, José Antonio Meade Kuribreña aparece rezagado en un hasta ahora inamovible tercer lugar y los tres partidos de su frente después del sexto lugar, respecto de los partidos de las otras opciones frentistas.

Meade fue destapado por el PRI, pero habla como panista

Para complicar el ya de por si complejo intríngulis, el ex secretario de Hacienda ha adoptado un discurso que tiene tres ingredientes: 2) Su presentación como candidato ciudadano; 2) Entre sus ejes de campaña, se compromete a combatir la corrupción, que tiene entre sus perpetradores a ex gobernadores priistas y algunos ex funcionarios nacionales del propio partido.

El tercer elemento es más desconcertante: El candidato surgido del actual equipo de gobierno priista, que logró su postulación original por el PRI, ha retomado banderas que fueron antaño del PAN en contra del PRI-Gobierno, imputado por los viejos azules de autoritarismo y corrupción.

Ahora dice Meade, el candidato originalmente del PRI,  que su eventual gobierno será formado por gente decente. Así se identificaba el viejo PAN, de lo que se colige, por simple lógica, que no alcanzaría derecho de admisión  la gente indecente.

Es el caso que el candidato de Por México al Frente, Ricardo Anaya Cortés, surgido del PAN, también en nombre de la “gente decente”, tiene como muletilla de su discurso el combate contra los corruptos.

El eclecticismo de los candidatos; un factor de confusión

Dado que el eclecticismo de todos los candidatos presidenciales -que tienen como modus operandi el pragmatismo- le deja al electorado pocos argumentos para escoger al destinatario de sus votos, no es fácil predecir por cuál de los menos malos cruzará la boleta electoral.´

Es cierto que los consejeros y magistrados electorales son más cerebrales, de lo que resulta obvio que, como lo han insinuado en actuaciones previas, ya tienen criterio predeterminado sobre la solución final.

El reto de esos árbitros, sin embargo, es cómo convencerán a la sociedad que su actuación el 1 de julio y días posteriores, se ceñirá al imperativo de unas elecciones libres, pero, sobre todo, pacíficas y creíbles.

Desde nuestra óptica, aquí es donde anida el huevo de la incógnita. Es cuanto.

VP/Opinión/EZ

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