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40 mil sicarios protegen al líder productor de opio

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

El trasiego del opio crudo desde un ejido de Guerrero, México, o de desde una granja de Afganistán hasta el consumidor final, una vez refinada la goma, según cuentas de los que conocen el mercado, genera una plusvalía superior al 4000 mil por ciento.

Las zonas rurales donde se siembra y se cosecha la amapola, como las de nuestro país, ponen los muertos: Las metrópolis donde se lava el dinero al través de empresas fantasma, sistemas bancarios, casas de cambio y bolsas de valores, etcétera -que circulan los valores por los paraísos fiscales– se embuchacan la renta derivada de 800 mil millones dólares anuales que mueven los cárteles de la droga, ya internacionalizados.

Si a México se le siegan las fuentes de ingreso de divisas, producto de aquella actividad, se le debilita su economía y queda más expuesto al control de las agencias financieras multinacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, así como del Departamento del Tesoro y la Reserva Federal de los Estados Unidos.

Los “guardianes de la libertad” cuidan el rentable tesorito

Pasados por las cortes norteamericanas, los capos mexicanos más afamados están confinados en cárceles de alta seguridad de los Estados Unidos: Es una tendencia lineal al menos desde el gobierno de George W. Bush, exacerbada durante la administración de Donald Trump.

¿Qué explica esa política de represión selectiva? Que el gobierno de los Estados Unidos –gobierno de empresarios, por empresarios y para empresarios– tiene que proteger su nicho más rentable después de los energéticos-industria bélica-poder bancario-bursátil.

Ese nicho está blindado por 14 mil tropas de El Pentágono armados hasta los dientes y una manga de 26 mil contratistas que comparten gobiernos parte de la Alianza del Atlántico (OTAN). Los datos corresponden a 2017.

Crecimiento exponencial de producción y tráfico

El enclave ha ampliado la superficie de cultivo de amapola de 200 mil a 328 mil hectáreas en el periodo de 2001 a 2017, después de que el Talibán ha sido desplazado y sustituido por un gobierno pelele.

Ese enclave ha incrementado su producción en casi 200 por ciento y controla 90 por ciento del mercadeo mundial de materia cruda y sus derivados: Morfina y heroína.

El Producto Interno Bruto del Estado huésped de esos creativos mercaderes de la muerte registra -según el comportamiento las estaciones climáticas que condicionan la productividad- hasta un 27 por ciento de participación anual de la mítica empresa narca.

Hablamos de Afganistán, corazón de La Media Luna que ilumina también a Irán y Pakistán.

El modelo acaparador viene desde la Guerra de Vietnam

Para 1999-2000 el Talibán hecho gobierno había dictado severas penalizaciones para contener la siembra de amapola y la producción de goma en Afganistán.

El ejercicio memorioso obligado: Durante la guerra contra Vietnam, unidades de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos fueron empleadas por sus tripulaciones para el transporte de opio al vecino país, desde el Triángulo dorado de la droga: Birmania, Laos y Tailandia.

Las operaciones fueron dirigidas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos. Después se sabría que otras agencias norteamericanas para el interior, el FBI, para ponerle nombre a una, se encargarían de colocar la droga en los campus universitarios y los barrios negros, para neutralizar la juvenil revolución de las conciencias, una cuyas expresiones fue, precisamente, contra la guerra contra Vietnam.

Poco más de una década después, el republicano Ronald Reagan le dio estatuto de Estado a ese negocio con la Operación Irán-Contra, en la que la CIA requirió los servicios de los cárteles de Medellín y Cali, Colombia. Pero esta es otra historia.

Primero fueron financiados los muyahidines

Entra el republicano George W. Bush al salón oval de la Casa Blanca, acompañado por Dick Cheney. Casualmente, se pone en escena el 11 de septiembre de 2001.

No se dispersaban el polvo y el humo de las Torres Gemelas de Nueva York, cuando El Pentágono ya estaba de nuevo en Kabul.

No era una presencia extraña ni nueva la de los Estados Unidos y la OTAN a territorio afgano: Desde 1973-1975 habían financiados a los muyahidines en operaciones militares para expulsar las tropas soviéticas de la zona.

Ahora Bush-Cheney irían por los beatos talibanes que intentaron echar a perder el gran negocio.

Desde 2001 a 2017, según lo consigamos párrafos antes, el próspero negocio del opio fue relanzado en Afganistán. Para resguardarlo, Trump ha mandado tropas de refresco.

Todo antes que matar la gallina de los huevos de oro

El demócrata Barack Obama, particularmente en su segundo mandato, había prometido a su pueblo el retorno de los soldados a su patria. Hasta anunció el cronograma.

El gorila anaranjado le dio reversa a ese propósito: No sólo no ha disminuido la presencia militar en Afganistán; la ha incrementado, sin sugerir siquiera un plazo de retirada.

Trump prefiere echarle pleito a Irán (la otra pieza de La Media Luna del opio) para distraer la atención sobre territorio afgano.

Es que Trump es hombre de empresa. ¿Cómo matar a la gallina de los huevos de oro? Mejor armarle camorra a México: Produce poquito opio respecto de Afganistán. No es tan rentable en el mercado gomero como se cree. Hablamos de macroeconomía. Es cuanto.

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