Voces del Periodista Diario
Opinión Pablo Moctezuma Barragán

A 500 AÑOS DE LA INVASIÓN ESPAÑOLA

Por Pablo Moctezuma Barragán

A 500 años la defensa del Imperio Español y de su narrativa subsiste para exculparlo de la Invasión del Anáhuac. Hoy se dice que no hubo tal, ni siquiera “Conquista Española”, que fue una guerra interna de los aliados de Cortés contra los mexicas. Los hechos hablan. Se impuso la Corona Española, se nombró al territorio Nueva España, gobernada por virreyes españoles, imponiendo el idioma español y su religión. 

Aquí había un sistema de alianzas y Confederaciones y conflictos entre diferentes naciones originarias que Cortés aprovecho introduciendo la división, amenaza, engaño y traición para hacer prevalecer el dominio español. Sus aliados lo hicieron en la lógica del Anáhuac, jamás pensaron que serían traicionados y se impondría el colonialismo español, esclavitud, violaciones, acaparamiento de tierras, saqueo de las riquezas para España.  

A 500 años prevalece la narrativa española, que se basa en las Cartas de Relación de Hernán Cortés. Para entender los dichos de Cortés hay que tomar en cuenta que, dado que él huyó de Cuba sin autorización ni del Rey ni del Virrey para Conquistar, él tendría que narrar que el recibió el Reyno voluntariamente por parte de Moctezuma, que éste colaboró con él y fue asesinado por su propio pueblo quien lo tachó de cobarde.  

Por otro lado tenía que probar que aplicó las normas de Guerra Justa. Mandato medieval que se caracteriza por defender el que algunas contiendas bélicas tienen justificación y son morales. Su normativa dicta que la guerra de conquista se legítima si se da en defensa del bien público, de la paz, de la seguridad de los habitantes, contra la injusticia, la opresión y la tiranía. Si se desataba una guerra injusta era el Rey el responsable en última instancia. La guerra justa les permitía adueñarse de lo ajeno como reparación y además castigar las injurias y vengar los crímenes. Además que tenían que ajustarse a las Leyes de Burgos de 1512 y las Leyes de Valladolid de 1513 que reglamentaban las guerras de conquista. 

De modo que tenían necesariamente que pintar a los mexicas como tiranos, déspotas, que despojaban a los demás y cometían toda clase de crímenes. Habrían de afirmar lo demoniaco de los tenochcas para así tener carta abierta para la invasión, el saqueo y las matanzas que practicaron. Además, que la denuncia de sacrificios humanos y sodomía les daba carta abierta para apoderarse de pueblos y tierras.  

Otro elemento a considerar es que los europeos, nacidos en el siglo XV en pleno medievo europeo, aunque quisiesen no podían entender una sociedad totalmente ajena, diferente y hasta opuesta de la suya, La mentalidad de las sociedades del Anahuac les era incomprensible. Sin omitir que tampoco les interesaba entenderla, lo suyo era acumular oro, poder y fama.  

La narrativa de Hernán Cortés fue recuperada y difundida  por la Corona, porque le abría la puerta para recibir grandes riquezas en oro y plata, ampliar su imperio, explotar el trabajo indígena y al mismo tiempo presentarse como defensores de la cristiandad. Posteriormente todos los cronistas militares fueron repetidores de Hernán Cortés como cómplices que eran de sus acciones atravilarias. 

En esos tiempos, en 1521 Carlos V emitió un edicto que oficializaba la censura en España. A partir de entonces el Consejo de Indias sometía todos los escritos a revisión y censura. Nadie se libraba de la vigilancia. La represión a quienes no se ajustaban al sistema oficial era brutal. Inventaron todo un refinado sistema de tortura, que ha sido exhibido en Tacuba 15, y se especializaron en causar sufrimiento de las formas más sofisticadas, que podían llegar hasta la muerte. Recordemos como en 1528, el Inquisidor Juan Zumárraga, obispo de México ordeno quemar vivo a Don Carlos Ometochtli, descendiente de Nezahualcoyotl por seguir con sus costumbres tradicionales. También condenaban a sus víctimas a la vergüenza publica o sambenito, al destierro, multas, trabajos forzados y a la incautación de bienes, además de estigmatizar a su familia por generaciones. Todas las crónicas fueron escritas bajo el dominio español y los códices tutelados y redactados en lo general por religiosos a mediados del siglo XVI y principios del XVII y se redactaban con destino a la Corona y al Virrey de quienes querían obtener prebendas y privilegos. Eso mismo podemos decir de los Lienzos de Tlaxcala, de la obra de Díaz Camargo y los Anales de Tlatelolco que se redactaron para defender sus méritos frente a las autoridades. Supuestamente reflejan el sentir indígena, pero obligadamente tienen que respetar, aunque con matices, la narrativa oficial. Y es bajo esa óptica que en los siglos posteriores se ha estudiado la sociedad del Anáhuac. 

En realidad aquí teníamos una cultura originaria con su propio sistema político, económico, cultural, espiritual. Vivian decenas de naciones y se configuraban alianzas y confederaciones para defenderse, prevalecer y hegemonizar. Los pueblos dominantes no imponían gobierno, religión, economía, lengua, buscaban extender su red de alianzas y cobraban un tributo. Los enfrentamientos y conflictos se resolvían bajo reglas estrictas y equitativas, se peleaba en buena ley. Desde luego que existían conflictos, contradicciones y divergencias entre tantas naciones originarias y el deseo de prevalecer. Con la llegada de los españoles muchas de ellas vieron la posibilidad de construir una Confederación para imponerse a la triple alianza Mexico, Texcoco y Tacuba. Esa situación fue aprovechada por los invasores europeos que traían la bendición de sus reyes y del vaticano, ya que el papa Alejandro VI con sus bulas les repartió la mitad de las tierras a España y la mitad a Portugal. Así con engaños, amedrentamientos, promesas  y amenazas, los aliados se unieron a los europeos, para luego ser traicionados. El papa y el Rey les habían dado la tierra y sus gentes a los españoles, no a ningún aliado. 

La guerra de invasión española, introdujo no solo el virus de la viruela, también el de la división, disolución social, la ambición, y el afán de destruir toda civilización preexistente, para imponer la suya. Introdujeron el racismo, la corrupción, la esclavitud y desde luego provocaron 500 años de resistencia indígena, negra y popular. 

A lo largo de 500 años hemos sufrido el colonialismo y hoy el neocolonialismo que continúa el proceso de despojo de los pueblos de sus tierras, el agua, de sus recursos, la división de las comunidades, los asesinatos, ruptura generalizada de las formas de vida tradicionales, hoy como ayer las corporaciones y gobiernos extranjeros se llevan nuestra plata, oro y minerales, sigue la esclavitud por deudas tanto personales como la deuda pública, el dominio de extranjeros, la sujeción a un Imperio. Esas son las cadenas a romper hoy por hoy. 

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