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Abogando por las “lavadoras de dos patas”

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Solía decir el maestro don Miguel Ordorica en sus ácidos editoriales, epigramas y aforismos que, cuando se “piensa” con las patas, las “ideas” apestan a calcetines.

Es una aproximación a la anatomía humana, que clasifica las vísceras: Unas están en las cavidades de la panza, otras en el cerebro.

Aplicación: De los más recientes presidentes mexicanos, nos parece que los más cerebrales son Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León. (Para efecto de este tema, su gestión es harina de otro costal)

A ellos sucedieron los más intestinales, empezando por Vicente Fox, quien no abandona su vocación de bufón.

¡Quiero rating! ¡Denme rating!

 El celebre guanajuatense -que en las cabinas de radio en Los Pinos  acostumbraba exigir a los operadores: ¡Quiero rating, denme rating!- trataba a su primera esposa como sota (de “sotaca”, por su diminuta estatura) y durante su presidencia se refería a las mujeres como lavadora de dos patas.

Al iniciar su sexenio, Fox proclamó su gobierno como uno de los empresarios, por los empresarios y para los empresarios.

En horas recientes, escuchamos al vociferante -ya nos sorprende- dictar su agenda de política laboral al gobierno que se inaugurará el próximo de diciembre.

Si mal no entendimos sus tartajeos, hace una apasionada defensa de las mujeres trabajadores, para quienes demanda justicia laboral.

Obviamente, hasta la fecha, Fox recuerda, nostálgico, que despachó en Los Pinos. Lo que no recuerda es que, en eso de la justicia laboral, fue un consumado remiso.

Para el primer tramo del sexenio, Fox incorporó a su “gabinetazo” (en Trabajo) al ex presidente de la Confederación Patronal de la República, Carlos María Abascal Carranza, mejor conocido como Monseñor, por su brega para vivir y morir en estado de gracia. Para el segundo trienio, lo colocó en Gobernación.

Protección a un sátiro sindical

En aquella temporada, el detentador de un membrete que identificaba como central sindical, Ramón Salvador Gámez Martínez, se paseaba como “Pedro por su casa” en los despachos de la Secretaria de Trabajo y Previsión Social. No gratuitamente, por cierto. Lo haría después en la Casona de Covián.

En abril de 2005, Gámez Martínez fue capturado por la Judicial en la Ciudad de México. Para diciembre, en plenas vacaciones navideñas, el secretario de juzgado, titular del mismo por ministerio de Ley, Miguel Ángel Pérez, en lo oscurito lo liberó, exonerado de las imputaciones que motivaron su arresto.

Gámez Martínez desapareció y fue boletinado por la Interpol. Un abogado acusador, sostuvo la versión de que se había refugiado en Orlando, Florida, a donde huyó en su propio avión. Según esa especie, habitaba en un fraccionamiento residencial donde tenía su mansión Sylvester Rambo Stalllone.

Al tiempo, la primera sala del Tribunal de Justicia del Distrito Federal confirmó la condena a Gámez Martínez, a 16 años de prisión.

¿Cuál es la Litis de ese proceso? El líder “sindical” fue acusado de perversión de menores. Gámez Martínez controlaba al personal de tiendas de autoservicio. Las mayordomas lo surtían de carne fresca: Niñas solicitantes de empleo.

La restitución de las tiendas de raya porfirianas

Eso ocurrió en el sexenio de Fox. Pero en ese mismo sexenio, en el estado de Chihuahua se abrió otra causa más escandalizante, que llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En el centro del caso estuvo la trasnacional Wal-Mart, que para entonces tenía a su servicio de más de 150 mexicanos.

En Chihuahua, el empleado Raúl Ávila Andujo denunció el Plan de Prevención “Social” que la trasnacional obliga a los solicitantes de plaza.

En las cláusulas del contrato laboral, los empleados aceptaban recibir parte de su salario en vales de consumo, descontados sólo en las mismas tiendas del patrón.

La ministra ponente en el recurso de amparo, Margarita Luna Ramos, equiparó dicho plan con las tiendas de raya en las haciendas porfiristas; atentatorio, el plan, contra los derechos consagrados en el artículo 123 de la Constitución y la Ley Federal del Trabajo.

El amparo fue individual. Eran entonces 150 mil mexicanos sometidos a ese expolio. Tiempos de Fox.

A Abascal Carranza lo sustituyó en Trabajo Javier Lozano Alarcón, en 2018 reputado como hijo pródigo del PRI.

La tragedia impune de Pasta de Conchos

En febrero de 2006, con Fox todavía en Los Pinos, se registró la tragedia en las minas de Pasta de Conchos, Coahuila, propiedad del Grupo México, del magnate Germán Larrea Mota-Velasco, ahora conocido como  homicida industrial.

La tragedia fue provocada por la falta de seguridad industrial en aquellas minas de carbón. En los túneles quedaron atrapados 65 obreros, intoxicados por los gases o aplastados por los derrumbes.

Desde la Secretaría del Trabajo se culpó a las víctimas, por llegar a laborar drogados o borrachos. Es hora de que, doce años después, todavía no se permite a viudas y huérfanos  rescatar los cadáveres.

Botones, nomás, de la Justicia Laboral en tiempos de Fox. La memoria radica en el cerebro, no en el aparato digestivo. Es cuanto.

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