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Agencia Nacional de Inteligencia

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Los aparatos de Inteligencia política y militar no se construyen de la noche a la mañana. Su institución y puesta en acción pasan por un proceso de críticas experiencias y de larga maduración.

Durante el sexenio de Vicente Fox, su secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda desacreditó las funciones del Centro Nacional de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen); lo inhabilitó sin diseñar una opción funcional.

Cuando Felipe Calderón declaró unilateralmente su guerra contra el crimen organizado, especialistas en la materia advirtieron que, sin tareas de Inteligencia previa no podía hablarse de estrategia y resultaría más caro el caldo que las albóndigas. Tuvieron toda la razón.

A hurtadillas, Enrique Peña Nieto contrató en el extranjero onerosos sistemas tecnológicos de espionaje de última generación, sólo para utilizarlos contra periodistas e investigadores y denunciantes de la corrupción público-privada.

No se sabe si hay mano negra detrás de la Policía Federal

Hace exactamente un año, el hoy secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo Montaño confirmó la desaparición del Cisen y anunció la creación de una Agencia Nacional de Inteligencia que, al menos por sus siglas en español, parecería un clon de la similar de los Estados Unidos para Seguridad Nacional.

¿Estamos en estos días ante desafíos de Seguridad Nacional acelerados por las recientes manifestaciones de mandos y agentes de la Policía Federal? La responsable de política interior prefiere no especular ni prejuzgar si hay mano negra en ese movimiento.

Hace bien la ministra en retiro doña Olga Sánchez Cordero.

Si no hay datos duros sobre ese tipo de operaciones desestabilizadoras, es hora de preguntar: ¿Qué pasó con la Agencia Nacional de Inteligencia? Es cuanto.

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