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Opinión

Agricultores de exportación en la indefensión

Ruta México

Por Álvaro Aragón Ayala

Otra vez, el reloj infernal de los 60 días empezó a correr en regresiva contra los intereses comerciales soberanos de los productores mexicanos. Aquél, es el plazo fatal que Donald Trump aplica a México en materia de intercambio comercial bajo la Espada de Damocles del nuevo T-MEC. De acuerdo con ese método, ya corrieron los primeros seis días.

Para decirlo pronto, la agricultura de exportación -legumbres, hortalizas y frutas frescas; perecederas- genera el 40 por ciento de valor de esas operaciones. Estamos hablando de 12 mil millones de dólares al año.

El 29 de enero pasado, en acto con bombos y platillos y 400 empresarios invitados, el inquilino de la Casa Blanca estampó su firma en la ley complementaria del T-CEM, evento al que concurrió el canciller mexicano Marcelo Ebrard.

Sin escudos, contra la política arancelaria de Washington

Sobre ese instrumento, hay que decir tres cosas: 1) De nuevo, los negociadores mexicanos dejaron de lado el interés de los mexicanos migrantes, al no defender el libre tránsito de mano de obra; 2) No intentaron lograr escudos contra la política arancelaria de Washington, y 3) Desde que se dio el primer acuerdo bilateral sustitutivo del TLCAN, Trump declaró exultante que el gobierno mexicano aceptó incrementar sustancialmente las importaciones de productos agropecuarios estadunidenses, amparados por abundantes subsidios fiscales.

Salta el reptil que devela el sentido de las letras chiquitas de ese documento: Antes de la firma de Trump, el plenipotenciario comercial estadunidense, Robert Lightizer, en comunicación a legisladores republicanos en El Capitolio, se comprometió a proteger el interés de los productores norteamericanos en lo que se denomina importaciones agrícolas estacionales. En este rubro entran los productos mexicanos listados en el segundo párrafo de esta entrega.

Ganancias comerciales para cosechar votos electorales

Específicamente, el funcionario citado aludió los estados de Florida y Georgia, fuente de votos electorales republicanos, que impugnan cada ciclo agrícola los productos mexicanos, específicamente el tomate, argumentando costos de dumping.

Atento al proceso negociador, aún antes de que el Senado norteamericano votara la ley complementaria, el presidente del Consejo Nacional Agropecuario (que representa a los agricultores exportadores), Bosco de la Vega, se dirigió a la Secretaría de Economía (SE) para que intercediera en su defensa, advertido de las cláusulas que tratan asuntos que afectan al sector.

Sorpresivamente, la subsecretaria de Comercio de la SE, Luz María de la Mora respondió a Bosco de la Vega que México, ante aquella coyuntura, está preparado para aplicar medidas similares a cuotas arancelarias o eventuales embargos por parte de los Estados Unidos.

La cuestión es que, en esa materia, quien ha llevado la voz cantante, es el subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte, Jesús Seade, negociador del T-MEC desde el periodo de transición presidencial en 2018. Seade es un verdadero e incondicional exégeta del nuevo acuerdo.

Los productores mexicanos, a rascarse con sus propia uñas

El papel de Luz María de la Mora ha sido, en los hechos, una presencia testimonial en la negociación; lo que queda, sin embargo, como constancia de que la cuarta transformación tiene garbanzos de a libra.

En última lectura, las ominosas señales indican que, para el campo mexicano, los productores nacionales tendrán que seguirse rascando con sus propias uñas.

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