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Anglosajones velarán por el bien de indígenas de CA

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Avistado el siglo XIX, desde 1799 los gringos habían exhibido ya la avidez de saqueo territorial expresado por el presidente John Adams sobre México.

Despojado nuestro país de más de la mitad del territorio en la guerra de 1846-1847, meses después el presidente James Buchanan prometía a sus paisanos: Pronto, Centroamérica contendrá una población angloamericana que velará por el bien de los indígenas.

Hacia 1882, el chalán de Porfirio Díaz, Manuel González, firmaba un humillante tratado con Washington por el cual el Ejército estadunidense tendría vía libre para operar en todo territorio de la República mexicana, restaurada años antes por Juárez.

(La siguiente no es una mera alegoría editorial, es Historia: En 1965 La Prensa editó una obra de Rafael Trujillo Herrera: Olvídate de El Álamo. En el capítulo III comenta el libro póstumo de John F. Kennedy, Una Nación de Inmigrantes. En ese apartado, el autor hace una recapitulación censal de las inmigraciones que poblaron el territorio estadunidense.

Solo retomamos cuatro líneas: Estados Unidos es el único país de América donde no hay americanos, excepto los que viven confinados en reservaciones, y los residentes mestizos procedentes de países hispanoamericanos)

Si hubiera parque, no estaría usted aquí  

Gente de a pie, nuestro medio de transporte es el Metro. En agosto de cada año nos conmueve abordar la ruta Taxqueña-Cuatro Caminos en la estación Anaya en el barrio de Churubusco, Coyoacán.

La estación conserva la memoria del general mexicano Pedro María Anaya quien, acosado por un comandante invasor gringo, cuando éste lo emplaza a entregar del arsenal, el defensor de la Ciudad de México lo encara: Si hubiera parque, no estaría usted aquí.

Héroes sin patria, se tituló en español una producción cinematográfica estadunidense sobre un capítulo de la Guerra de despojo (agosto de 1847) del que el protagonista es John O’Reley.

El capitán, inmigrante irlandés hacia los Estados Unidos, desertó del ejército norteamericano por el trato vejatorio que sufrían sus connacionales en las Fuerzas Armadas. Con otros expatriados, formó el Batallón San Patricio, santo patrono de la Irlanda católica, atacada todavía ahora por la Inglaterra protestante.

Vencidos, fusilados, estigmatizados y esclavizados

Desde la década de los treinta del siglo XIX, ese destacamento se unió a la causa mexicana en el conflicto de Texas, separado por colonos anglosajones y cómplices “mexicanos” del territorio nacional, con la pretensión de constituirse en República independiente, luego una estrella más en la bandera estadunidense.

En los cuarenta, el Batallón San Patricio ya combatía en el norte de México, en el estado de Nuevo León, ya articulado con tropas nacionales, con las cuales arriba a la Ciudad de México. Aquí participan en las batallas de Churubusco.

Para decirlo pronto, los soldados componentes de ese cuerpo, en cuyo estandarte portaba el grito de guerra ¡Irlanda por siempre!, derrotados, unos fueron fusilados en caliente; los prisioneros fueron torturados en cárceles de San Ángel y Mixcoac, estigmatizados a fuego ardiente con la letra D (desertores) grabada en las mejillas y condenados a trabajos forzados, sin siquiera a pan y agua.

El 20 de agosto próximo se recuerda el 172 aniversario del sacrificio de aquellos patriotas irlandeses, que lo son de México: Como otros años, ahí estaremos en el ex convento de Santa María, en Churubusco.

Más de dos siglos, y la avidez de saqueo de los gringos no cesa. ¿Qué dijo, James Buchanan hace siglo y medio? Los anglosajones velarán por el bien de los indígenas de Centroamérica. El orate anaranjado, Donald Trump, si sabe leer, lee al revés aquellas palabras. Es cuanto.

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