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Aún creemos que La Patria es Primero

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Cuando se visitan las moradas del poder en la Ciudad de México, siempre es cívicamente gratificante leer en sus frontispicios la leyenda-mandato: La Patria es Primero.

La leemos en uno de los recintos en los que se forman las leyes mexicanas, el Senado; y en otro donde se custodia, se protege y se observa la Constitución, la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

En tratándose del ejercicio de la división de poderes, y de defender la autonomía de cada uno respecto de los otros, en un ensayo de Alan Wolfe Actos privados, consecuencias públicas– encontramos esta observación: El hecho de tratar de imponer el respeto por medio de la coacción no es sólo una mala política, sino también una ingenuidad desde el punto de vista de la sicología.

Este tema lo abordamos desde una perspectiva abierta en 2004 con la encuesta nacional referida a la Cultura de la Constitución en México.

La Carta se cumple poco (68%); no se cumple nada (19%)

Del resultado de aquel ejercicio rescatamos dos datos: 68 por ciento de las personas consultadas respondió que la Constitución se cumple poco; 19 por ciento, no se cumple nada. Solo 5.2 por ciento contestó que “se cumple mucho”. Los tribunales judiciales merecen 6.33 de calificación a una escala de diez puntos.

A otra pregunta sobre qué tipo de acciones tendrían que emprenderse para el fortalecimiento de la democracia, 23.7 por ciento de opinó, que el gobierno sea honesto.

Más de una década después, esas percepciones, lejos de revertirse, se han profundizado.

Del Código de Ética Judicial: Sencillez y sobriedad

En 2004 también, se planteó esta consideración: En el marco de las innovaciones transformadoras de la sociedad, es natural que los juzgadores, en su interrelación cotidiana con otros sectores, se involucren en esa dinámica dando ocasión a la generación de ligas que podrían afectar su libre conciencia, el papel esencial en la impartición de justicia y los valores y principios relativos a su función.

Atendiendo a esos riesgos, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Consejo de la Judicatura Federal y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación advirtieron sobre la pérdida de confianza y abogaron por la preservación de la autoridad moral de sus miembros.

A tal efecto emitieron un Código de Ética, del que retomamos dos preceptos: 1) Sencillez: Evitar actitudes que demuestren alarde de poder y 2) Sobriedad: Guardar el justo medio entre los extremos y evitar actos de ostentación que vayan en demérito de la respetabilidad de su cargo.

Por la primera sala de la Corte suscribió el código la ministra Olga Sánchez Cordero, hoy titular de la Secretaría de Gobernación y, por la segunda sala, la ministra Margarita Luna Ramos, activa aún en el pleno.

Aun si los códigos de ética fueran optativos, en cuanto corresponde a jueces, magistrados y ministros lo que no es optativo es el requisito de gozar de buena reputación.

Velar por el bien y la prosperidad de la Unión

Más importante es el juramento en la toma de posesión de su encargo: Desempeñarlo leal y patrióticamente y guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen, mirando en todo tiempo por el bien y la prosperidad de la Unión.

La Patria es primero es el mandato que preside en salón de plenos del Tribunal Constitucional.

Todo el arsenal retórico citado nos viene a tema ahora que en toda la República cientos de funcionarios del Poder Judicial de la Federación se han alzado en resistencia contra la Ley de Remuneraciones de los Servidores Públicos que prohíbe que ninguno ha de ganar más que el Presidente.

En las arengas de esos sublevados hemos visto muy escazas sobriedad y sencillez.

Como sea, el asunto ya está en la Corte. Los ministros se fueron de vacaciones decembrinas sin fijar la agenda para discernir sobre el fondo de la cuestión.

En vías de mientras nos quedamos con Alan Wolfe: Tratar de imponer el respeto por medio de la coacción no es sólo una mala política, sino también una ingenuidad desde el punto de vista de la sicología.

En la sicología del mexicano está tatuada la percepción de que la Constitución se cumple poco (siete de cada diez compatriotas).

De la encuesta de la que tomamos ese dato, rescatamos una conclusión: Subsiste la estructura jurídica del poder autoritario, de suerte que la conducta del poder está más vinculada al talante “democrático” de los gobernantes que a las garantías constitucionales de los gobernados. Es cuanto.

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