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Autonomía a cambio de un plato de lentejas

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Por lo que percibimos, no se logra aún encontrar la cuadratura al círculo a la nueva Reforma Educativa para nivel básico y se observa ya la mecha corta de una bomba que se cierne sobre la Educación Media y Superior, que tiene su principal detonante la huelga en la Universidad Autónoma Metropolitana de la Ciudad de México, después de más de dos meses en punto ciego y luego de 25 mesas de negociación fallidas.

El factor de intransigencia radica en la exigencia sindical de 20 por ciento de incremento salarial.

El contrapunto lo representa, a escasos 40 kilómetros de distancia, el Sindicato Independiente de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma del Estado de México, que ha renunciado al 3.35 por ciento de alza salarial, en consideración a la crisis financiera por la que cruza la institución.

Un tercer ingrediente de conflicto se localiza en el campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde el pasado fin de semana la Asamblea de Profesores anunció un movimiento para arrebatar la titularidad del contrato colectivo de trabajo a la Asociación Autónoma del Personal Académico.

En sólo esos párrafos se registra cuatro veces el principio de autonomía que caracteriza el régimen de la universidad pública mexicana.

De la universidad pueblo a la universidad patrón

Ese es el punto: Desde hace por lo menos tres sexenios -a partir del panista de Vicente Fox– se observa la exacerbación del viejo movimiento que pretende proscribr la autonomía de las instituciones universitarias.

Hemos escrito por nuestra parte que, a la pugnacidad de los agentes externos que abogan por la educación gerencial privada, se ha agregado el desmesurado apetito sindical, privilegiando, contra la insuficiencia económica de esos planteles, prebendas económicas y sociales.

Acaso las pretensiones sindicales sean legítimas, no así los métodos para satisfacerlas de cara a la capacidad presupuestal de la mayoría de esas universidades llevadas, literalmente, a la quiebra.

En ese hostil proceso, hemos visto una especie de parábola: Hace poco más de cuatro décadas, los jóvenes estudiantes y algunos de sus mentores denunciaban la universidad empresa y postulaban la universidad pueblo. Casi los mismos, ya adultos, ven ahora una universidad-patrón.

Iniciativa para tumbar al rector y al consejo universitario

Tenemos a la vista un cartel-consigna: Mi Universidad es y seguirá siendo autónoma. ¡No a la iniciativa! que quita la autonomía a la UAEM.

La comunidad de la Universidad Autónoma del Estado de México reacciona así a la iniciativa introducida al Congreso local por la que pretende reformar la Ley Orgánica de esa institución.

De aprobarse el decreto, para empezar en un término de 60 días se removerían al rector y al consejo universitario. Después de la defenestración, lo demás vendría por añadidura.

El rector Alfredo Barrera ha lanzado una alerta a la comunidad mexiquense para que actué con serenidad e inteligencia, pero a la vez con unidad y firmeza, antes de que el despropósito legislativo se consume.

Una amenaza similar está latente contra la Universidad Autónoma de Baja California Sur. En solidaridad con ambos establecimientos se ha pronunciado la Universidad Autónoma de Aguascalientes, previniendo el efecto dominó a nivel nacional.

Desde aquellos inquietos enclaves, se ha demandado a la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (Anuies) pase de la posición meramente declarativa a la fase activa de una defensa auténtica de la autonomía.

Desde su “independencia”, clama la intervención del Estado

Por lo menos desde el pasado 9 de febrero, el sindicato independiente a la UAM ha tomado calles y avenidas de la Ciudad de México, sacando el conflicto de sus campus y llevándolos hasta Palacio Nacional, donde pide la intervención del Estado para que se cumplan sus demandas. Repetimos: La irreductible exigencia de 20 por ciento de incremento salarial.

Como que no cuadra que una organización que blasona su independencia, la ponga voluntariamente bajo el arbitraje y a expensas del gobierno en turno.

¿Y qué tal si el Estado se decide a intervenir en cada conflicto laboral interno de cada una de las casi 200 instituciones autónomas de enseñanza media y superior del país? No se requieren dotes de brujo para adivinar qué vendrá después. Es cuanto.

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